A LOS EDUCADORES Y EDUCADORAS DE LAS ESCUELAS PÍAS
A CUANTOS HACEN POSIBLE LA MISIÓN ESCOLAPIA.

 
“Si desde la infancia el niño es imbuido diligentemente en la piedad y en las letras, puede preverse, con fundamento, un feliz transcurso de toda su vida” (San José de Calasanz).
“El crédito de las escuelas está en tener buenos maestros” (San José de Calasanz).

 
Desde la Casa General de las Escuelas Pías, en la que San José de Calasanz fue dando poco a poco forma a su sueño de una educación integral para todos los niños y jóvenes, me dirijo a todos ustedes, los educadores y educadoras del conjunto de las Escuelas Pías, de todas nuestras Instituciones Educativas y de todas las plataformas desde las que la Orden ejerce, con ustedes, su misión de evangelizar educando.

Les escribo esta carta sobre todo para AGRADECER. Desde hace semanas que vivimos en medio de una difícil pandemia que ha puesto a prueba, y de modo muy exigente, nuestro compromiso con la educación y con la misión escolapia. Puedo decir, con profunda convicción, no exenta de orgullo, que la respuesta escolapia que entre todos estamos dando es digna del fundador de las Escuelas Pías. ¡Gracias a todos!

Todos ustedes han dado un bello ejemplo de lo que significa creer en el proyecto por el que trabajan y al que dedican su vida. Y me refiero a los maestros y maestras, al personal de administración y servicios, a los catequistas, a los directivos, a los responsables de las diversas áreas educativas y pastorales, a todos. Todos han dado lo mejor de sí mismos, y lo continúan haciendo.

Esto es la identidad, y se expresa de modo especialmente significativo cuando las circunstancias exigen respuestas novedosas y comprometidas. Muchas horas metidas en el trabajo online, mucho tiempo de escucha y acompañamiento de alumnos y familias a través de diversos medios, reuniones y planificaciones para responder a los retos del momento, mucho trabajo para preparar las escuelas para el retorno de la actividad. Muchos de ustedes han tenido que combinar su trabajo profesional como educadores con el cuidado de sus propios hijos y sus trabajos escolares. Sería interminable la lista de razones para agradecer todo lo que han hecho y siguen haciendo.

Me gustaría acompañar este agradecimiento con un sencillo compartir, con todos ustedes, de algunas convicciones que han ido emergiendo con claridad, entre nosotros, en medio de esta pandemia. Las iré nombrando de manera breve, pensando en ustedes.

VOCACIÓN. Nuestra misión educativa es profundamente vocacional. Se basa en convicciones profundas y en comunión con un proyecto en el que creemos. Pienso que estas semanas nos han ayudado a fortalecer estas convicciones, porque hemos tenido la oportunidad de hacer todo lo posible por seguir adelante con aquello a lo que nos sentimos llamados. Renovemos nuestra convicción vocacional.

RESPUESTA. La misión escolapia nace como respuesta a un reto: el derecho a la educación integral y de calidad de todos los niños, niñas y jóvenes. Estos días se nos ha puesto de manifiesto con renovada claridad este componente “desafiante” de nuestra misión. Y pienso que hemos sabido, estamos sabiendo, responder. Mantengamos siempre la conciencia de que los niños y jóvenes nos desafían.

CORRESPONSABILIDAD. Todos sabemos que nuestras escuelas son responsabilidad de todos, y que cada uno de nosotros tiene una misión que cumplir. Pero cuando las circunstancias son como la que hemos vivido, aparece con mayor nitidez ese componente de “corresponsabilidad” en el ánimo de cada uno de nosotros. Esto también es identidad: sentir y saber que la escuela en la que trabajo también depende de mí. Hagamos crecer, día a día, la convicción de que la escuela también depende de nosotros.

VINCULACIÓN. La imposibilidad de vernos y de encontrarnos nos ha movido a establecer nuevos modos de vinculación. Para muestra, un botón: hemos visto cómo la vinculación entre la escuela y la familia ha cambiado de paradigma, porque los padres han asumido una mayor cercanía con el día a día de la educación de sus hijos, porque el aula se ha trasladado a sus casas. Crezcamos en la convicción de la Misión Compartida con las familias.

INCLUSIÓN. Desde Roma hemos seguido el funcionamiento de todas nuestras escuelas. Hemos visto los grandes esfuerzos que todos han hecho, pero hemos visto también las formidables dificultades que vivimos en aquellos lugares en los que no hay internet, o no hay ordenador o tablet en las familias. Hemos visto escuelas que han funcionado por whatsapp, por teléfono o por radio. Y hemos visto escuelas que han tenido que cerrar y niños que se han quedado sin clase. Esta pandemia nos ha puesto delante, de modo cruel, el desafío que movió a Calasanz. El derecho a la educación integral, de calidad y para todos, sigue pendiente. Y en algunos lugares hemos retrocedido. Renovemos nuestro compromiso con esta lucha permanente.

TESTIMONIO. Nuestra propuesta educativa se sostiene y se hace creíble a través del testimonio y autenticidad de los educadores. Esta pandemia nos tiene que ayudar a todos a renovar nuestra apuesta por llegar a ser los educadores que los niños necesitan. Hemos aprendido que tenemos que seguir aprendiendo, que nunca estamos del todo preparados, que los alumnos piden y necesitan más de nosotros. Apostemos por seguir creciendo como personas y como educadores.

LIDERAZGO. Quiero dedicar unas palabras a las personas que han asumido el liderazgo de nuestras instituciones. El liderazgo que necesitamos se verifica más claramente cuando el momento es adverso, cuando el viento sopla en contra. Quiero agradecer públicamente a las personas y equipos que asumen la responsabilidad de que todo funcione. Todos les debemos mucho. Les invito a expresar ese agradecimiento y valoración.

FE. Nuestra misión, que desarrollamos en nuestras escuelas y en tantas plataformas diversas, procede directamente del Evangelio de Jesús. Por eso es un carisma. Un carisma es un aspecto nuclear del Evangelio, que se convierte en proyecto, compromiso y comunidad. Por eso quiero invitarles a renovar su fe, a seguir confiando en el amor de Dios, que es preferencial por los niños y por los pobres. La fe nos recuerda que, a pesar de que somos pequeños, hay un Dios que es Padre. Recordarlo y vivirlo nos hace mucho bien. Y educar a los niños y jóvenes en esa experiencia les da lo que más necesitan para su vida, es una misión extraordinaria. Les invito a renovar su deseo de crecer en su fe.

SEGUIMOS ADELANTE. Termino esta carta con esta propuesta: hay que seguir adelante con nuestro trabajo y con nuestra misión. Pero hagámoslo siendo conscientes de los nuevos desafíos que emergen entre nosotros.

a) Hay cosas que nunca cambiarán en las Escuelas Pías. No hay virus que pueda con ellas. Estoy hablando de la pasión por la misión, de la cercanía a los alumnos, del anuncio del Evangelio, de la apuesta por la calidad en todo lo que hacemos, del Movimiento Calasanz, de la Misión Compartida, del crecimiento en identidad. Creemos en una educación sostenida por una relación educativa que no se conforma con ser virtual, sino auténtica. Para seguir adelante, es momento de renovar nuestra convicción y nuestra apuesta por lo que define nuestra propuesta educativa.

b) Pero hay otras que sí van a cambiar, o que aparecen como retos de novedad. Cito algunas: el pacto educativo global que propone el Papa Francisco y que supone una apuesta por la alianza entre todas las personas e instituciones que creen en la educación para cambiar esta sociedad; la llamada a la educación en el cuidado de la casa común; la educación en los valores de un tipo de vida humanamente sostenible; los ejes vertebradores de la paz, la solidaridad, la ecología y el derecho a la educación; el valor y las oportunidades de la educación y la pastoral en red y en la red; la verificación del valor de la calidad en su capacidad de respuesta a la pobreza y a la situación de exclusión, etc.

c) Y hay retos que tendremos que tratar de superar. Entre ellos, la crisis económica que ya estamos experimentando, y que va a dificultar de modos diversos nuestra vida y nuestra misión; el aprender a vivir de otra manera, con otro tipo de relaciones y de cuidado de la salud; el reto de acompañar a las personas, porque el desgaste sufrido no ha sido pequeño; el reto de ayudar a nuestros niños y jóvenes a expresar lo vivido y lo aprendido, etc.

d) Y hay un referente central: Calasanz. Él engendró una escuela nueva,centrada en el alumno, integral, popular, buscadora de innovación, inspirada en el Evangelio, basada en educadores identificados, con un proyecto claro, con vocación de transformación personal y social, y buscadora de ofrecer a los alumnos el tesoro que fue su centro y su eje: hay una vida nueva, un hombre y una mujer nuevos, que podemos y debemos construir, porque es el deseo y la voluntad de Dios para con nosotros. Éste fue Calasanz.

No quiero dejar de citar el testimonio valioso de las comunidades religiosas escolapias, que han estado bien presentes en todo este proceso, al igual que la Fraternidad. Se ha celebrado la fe y la Eucaristía online; se han tenido oraciones y celebraciones; ha habido muchísimas horas de escucha y acompañamiento; el Movimiento Calasanz se ha seguido reuniendo semanalmente; se han tenido numerosas experiencias de catequesis a través de internet; hemos seguido y sufrido la situación de cada uno de nuestros educadores y familias, etc. De modo especial, hemos orado y oramos por quienes nos han dejado: escolapios, educadores, familiares de nuestros educadores, personas conocidas y queridas. Nos sentimos cerca de quienes están enfermos o en situación de dificultad.

GRACIAS por todo lo que hacen y viven. Les deseo todo bien a ustedes y a sus familias, y renuevo el compromiso de las Escuelas Pías por seguir adelante con todas nuestras escuelas, con todas nuestras plataformas de misión, con todas nuestras convicciones, en la seguridad de que ustedes las comparten y las sostienen.

Reciban un abrazo fraterno. Les deseo las bendiciones de Dios, nuestro Padre.

P. Francesc Mulet Sch. P. (Secretario General)    –     P. Pedro Aguado Sch. P. (Padre General)

Roma, 22 de mayo de 2020

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