Donde hay vida

Queridos hermanos y hermanas en las Escuelas Pías,

Acabamos de concluir en Bratislava, Eslovaquia, el Consejo de Superiores Mayores de nuestra Orden. Durante varios días nos hemos reunido los hermanos[1] a quienes se ha confiado el servicio de animar y acompañar a las distintas Demarcaciones de las Escuelas Pías. Hemos compartido oración, reflexión, diálogo y discernimiento. Hemos escuchado la realidad de nuestras presencias, sus desafíos y preocupaciones, pero también sus sueños, búsquedas y esperanzas.

Antes de continuar, deseo expresar mi agradecimiento a la Provincia de Eslovaquia. Al P. Stanislav, Provincial, al hermano Martin, que nos han acogido con una generosidad extraordinaria. También a toda la comunidad de Nitra, a los otros juniores, Michal y Marek, y al novicio, Peter, que nos permitieron experimentar la alegría de una Demarcación que sigue creciendo. Culminamos nuestro encuentro celebrando juntos Pentecostés en una hermosa liturgia, que fue también acción de gracias por todo lo vivido.

El lema que acompañó nuestro encuentro fue precisamente: Donde hay vida. No se trataba de un eslogan ni de una frase inspiradora. Ha sido una invitación a mirar la realidad con ojos nuevos. En un momento importante para la Orden, marcado por el camino capitular que acabamos de iniciar, quisimos preguntarnos juntos dónde reconocemos hoy la vida que el Espíritu está generando en las Escuelas Pías, qué signos de esperanza merecen ser cuidados y qué cultura estamos llamados a cultivar para que el carisma de Calasanz siga siendo fuente de vida también mañana.

No escribo estas líneas como una simple crónica de un encuentro. Deseo compartir con todos vosotros una experiencia espiritual que pertenece a todas las Escuelas Pías, porque, aunque algunos hemos estado físicamente reunidos en Bratislava, el verdadero protagonista de nuestros diálogos ha sido la vida que el Espíritu sigue generando entre todos nosotros.

La Providencia ha querido además que nuestro encuentro coincidiera con la celebración de Pentecostés. Quizá no exista mejor momento para recordar una certeza humilde y esencial: donde está el Espíritu, hay vida. Y donde encontramos vida verdadera, allí está actuando el Espíritu de Dios.

Durante los primeros días nos acompañó la hermana Nathalie Becquart[2], que nos ayudó a profundizar en el discernimiento espiritual y en la llamada de la Iglesia a la sinodalidad.

Nos invitó, sobre todo, a disponer el corazón para que sea el Espíritu quien conduzca nuestros pasos. También a este Consejo, y, a través de él, la vida de las Escuelas Pías en este momento de su historia. Porque antes que organizar, decidir o programar, estamos llamados a escuchar. El discernimiento comienza cuando aprendemos a escuchar, y a mirar la realidad con los ojos de Dios.

A veces corremos el riesgo de fijar nuestra mirada únicamente en las dificultades, que ciertamente existen. Vivimos tiempos complejos. En algunos lugares disminuyen las vocaciones. En otros afrontamos desafíos económicos, educativos o pastorales. El mundo cambia rápidamente y muchas de nuestras seguridades se tambalean.

Sin embargo, el discernimiento cristiano no consiste únicamente en identificar los problemas. Consiste también en reconocer dónde está naciendo la vida.

En el Consejo hemos contemplado muchos signos de esa vida: la entrega discreta de tantos escolapios; la generosidad de miles de laicos y laicas comprometidos con nuestra misión; los jóvenes que participan en nuestros procesos pastorales; las nuevas presencias que surgen en las periferias; las comunidades que siguen rezando, acompañando y sirviendo; las vocaciones que continúan apareciendo; las iniciativas educativas que responden creativamente a los desafíos actuales; los gestos de fraternidad que construyen comunión entre personas, culturas y provincias. Todo ello constituye un patrimonioinmenso que a veces corremos el riesgo de dar por supuesto.

También hemos reconocido algunas fuentes de vida que generan una especial vitalidad para las Escuelas Pías: la autenticidad de nuestra identidad escolapia; la centralidad de Jesucristo; la comunión entre las Demarcaciones y con toda la Orden; la pastoral juvenil y vocacional; la misión compartida con los laicos; unas Escuelas Pías en salida, capaces de abrir caminos nuevos allí donde más se las necesita; la apertura a las periferias; la sostenibilidad integral; la salvaguarda y el cuidado de los menores y de las personas vulnerables. No los presentamos como un catálogo definido de prioridades, sino como lugares donde el Espíritu parece estar suscitando hoy nueva vida para nuestra Orden.

La pregunta decisiva no es solamente qué problemas tenemos, sino dónde reconocemos que Dios está generando vida entre nosotros.

El Papa León XIV, en su reciente encíclica Magnifica Humanitas, afirma que la humanidad se encuentra ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar una ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos[3]. El Papa Léon nos recuerda que la gran cuestión de nuestro tiempo no es únicamente qué tecnologías desarrollamos o qué estructuras construimos, sino qué humanidad estamos ayudando a generar. Como escolapios, reconocemos en esta pregunta una profunda resonancia con el carisma de Calasanz. Educar es colaborar humildemente para que los niños, niñas y jóvenes crezcan como personas libres, fraternas y abiertas a Dios; es participar en esa paciente construcción de una humanidad reconciliada que el Papa contrapone al síndrome de Babel.

También nosotros debemos cuestionarnos recurrentemente qué estamos cultivando. Hay modos de vivir que generan fragmentación, repliegue y cansancio, y hay modos de vivir que generan comunión, confianza, creatividad y esperanza. Porque la vida no se conserva encerrándola. La vida crece cuando es compartida.

Tal vez una de las experiencias más hermosas de estos días ha sido precisamente reconocer que el Espíritu sigue actuando en contextos muy diferentes. Las situaciones son diversas. Los desafíos no son los mismos. Las culturas son distintas. Pero hemos percibido una misma corriente de fondo: el carisma de Calasanz continúa siendo fuente de vida para muchas personas.

Todo eso es obra del Espíritu. La voz de Dios es voz de espíritu que va y viene, toca el corazón y pasa; no se sabe de dónde venga o cuándo sople; por lo que importa mucho estar siempre vigilante para que no venga improvisamente y pase sin fruto[4].

Por eso quisiera animaros a una pregunta sencilla: ¿dónde reconoces hoy la vida que el Espíritu está generando a tu alrededor? Os invito a responderla en vuestra oración, en vuestras comunidades y en vuestras obras. Si queréis, hacédmela llegar. Me gustaría que esta conversación iniciada en Bratislava continuara en toda la Orden.

Reconocer esa vida es el primer paso para cuidarla; y cuidarla es una de las tareas más importantes que tenemos por delante.

Padre bueno,

Te damos gracias porque sigues haciendo de las Escuelas Pías, buena noticia.

Ayúdanos a reconocer tu presencia allí donde el Espíritu genera vida.

Concédenos la sabiduría para cuidar aquello que la hace crecer, la valentía para acompañarla y la humildad para colaborar contigo en la construcción de un mundo más justo y más evangélico.

Que nunca dejemos de confiar en que sigues actuando en medio de nuestra historia.

Amén.

P. Carles Sch.P.
Padre General

Bratislava, 29 de mayo de 2026, san Pablo VI.

Tomado de: scolopi.org


[1] Sergio, Mateusz, Viktor, Jesús, Jordi, Zsolt, Iván, Stanislav, Sergio, Paco, Sergio Fernando, Javier, Oswaldo, Juan Alfonso, Daniel, Miguel, Moses, Samson, Pierre, Miguel, Stalin, József, Félicien, Julio Alberto, Jacek, Alex, János, Emmanuel, Javier, Daniel, Roland, Stefano (y Ferran, algunos días).
[2] Sor Nathalie Becquart, XMCJ, religiosa francesa de la Congregación de las Xavières y, desde marzo de 2021, Subsecretaria de la Secretaría del Sínodo de los Obispos.
[3] Léon XIV, Carta Encíclica Magnifica Humanitas. Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, Ciudad del Vaticano, 2026, n. 1.
[4] San José Calasanz, Opera Omnia, Vol. 1, P. 169.