Ser un nuevo Calasanz

La Congregación General, en su “HOJA DE RUTA” del sexenio, ha elegido cuatro “claves de inspiración” que ayuden a explicar y comprender el mensaje central del 48º Capítulo General de las Escuelas Pías. Lo que buscamos es que estas cuatro claves, que expresan la lectura que la propia Congregación General hace del Capítulo y del sexenio del que es responsable, inspiren -como su nombre indica- todas y cada una de las actividades y proyectos que llevemos adelante.

Estas son las cuatro claves: “Sinodalidad”, “En Salida”, “Identidad y Autenticidad” y “Sostenibilidad Integral”. Ya he dedicado alguna salutatio a varias de ellas, y quisiera referirme en ésta a la tercera de las claves: autenticidad e identidad. Cuando hablo a nuestros jóvenes religiosos de lo que esto significa, especialmente en los contextos de las profesiones solemnes, me refiero a estas dos palabras con esta expresión: “Ser un nuevo Calasanz”.

Escribo esta carta en la tarde del domingo de Pascua de Resurrección. Normalmente, es un día sereno y tranquilo en la comunidad de San Pantaleo. Celebramos la Eucaristía, participamos de la bendición Urbi et Orbi del Papa y luego, antes de la comida festiva, renovamos nuestros votos, según nuestra tradición[1]. La tarde queda muy tranquila, y la aproveché para escribir esta carta fraterna que llegará a nuestras comunidades nada más terminar el Tiempo de Pascua, después de Pentecostés. Pero está escrita en contexto pascual, y eso me ha ayudado a comprender -y tratar de compartir- dónde está el secreto del camino de la autenticidad e identidad escolapias.

Creo firmemente que ese secreto nos es revelado por Calasanz, y nos es propuesto como una apasionante tarea espiritual: “El religioso fiel que desea obtener de nuestro Instituto el más sazonado fruto, manténgase unido a Cristo el Señor, deseoso de vivir sólo para Él y de agradarle sólo a Él[2]”. Calasanz expresa con nitidez la misma convicción que nuestro Capítulo General, que nos propone “caminar con Cristo, desde el centro de nuestra vocación[3]”. Este es el secreto de la autenticidad e identidad escolapia: ser un nuevo Calasanz desde una creciente identificación con Cristo Jesús, el Señor.

Quiero partir del texto evangélico, que leemos en todas las Eucaristías en las que celebramos a Calasanz: el que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí[4]. Este es, sin duda, el centro de la vida de Calasanz: identificarse con Cristo, a través de la entrega a aquellos con quienes el mismo Cristo se identifica.

¿Con quiénes se identifica el Señor? La respuesta a esta pregunta es muy ilustrativa. Quiero destacar tres textos evangélicos en los que Jesús expresa con claridad con quién se identifica. Uno de ellos es el que acabo de citar: con el niño. Hay un segundo texto formidable, Mateo 25, 40, que el propio Calasanz cita específicamente en el Proemio de las Constituciones[5]. En este texto, Jesús se identifica con el pobre (tuve hambre, tuve sed, estuve desnudo, estuve en la cárcel, etc.). Y el tercero es Mateo 10, 40, propio del discurso apostólico, en el que dice claramente: “el que os recibe a vosotros, me recibe a mí”. Es muy bello ver estas tres identificaciones de Jesús: con el testigo auténtico, con el pobre y con el niño.

Yo siempre he pensado que Calasanz (y más tarde Paula Montal o Faustino Míguez o Celestina Donati), descubrió con claridad estas identificaciones, las encarnó, las transformó en proyecto de vida, y las regalo a la Iglesia y a la sociedad en forma de Escuelas Pías, en lo que nosotros llamamos, con humilde orgullo, la vida y la misión escolapias, nuestra vocación.

Por eso creo que nuestro reto, la autenticidad y la identidad, tienen un nombre muy conceto: Calasanz. Cada uno de nosotros asume el apasionante reto de ser un nuevo Calasanz. A cada joven que profesa le digo siempre esto: con tu pequeñez, con tu necesidad de crecer, con todo lo que eres, éste es el horizonte de tu vida: ser un nuevo Calasanz.

A la luz de estos textos evangélicos, quisiera proponer tres caminos certeros para caminar en autenticidad e identidad.

DÍA A DÍA. Es el primer camino. No se llega a esta experiencia central de Calasanz que consiste en su identificación con Jesús, y con quienes Él se identifica, en poco tiempo. Es un proceso vital. Es un desafío para toda la vida. De hecho, Calasanz tardó en descubrir a los niños. Le llevó un tiempo ser consciente, espiritualmente consciente, de la afirmación de Jesús que él terminó colocando en sus Constituciones: los pobres. Algunos hablan de un proceso de conversión, y tal vez ésta sea una palabra válida para expresar la experiencia de Calasanz.

A mí me gustaría invitaros a contemplar el proceso de Calasanz como un camino honesto, sincero, de progresivo descubrimiento de Jesucristo, realizado por alguien que nunca creyó que su vida estaba cerrada y que ya había hecho todo lo que debía hacer en su deseo de seguir a Jesús. Este es el secreto de Calasanz. Él fue un hombre abierto al Espíritu, que habla a través de la realidad, y fue un hombre fiel a su vocación y a su ministerio. Pertenece al concepto de fidelidad la apertura para convertir esa fidelidad en creación de algo nuevo. La primera propuesta, por lo tanto, es ésta: caminar día a día. Siempre que participemos en una profesión solemne debemos decir a nuestros jóvenes que la profesión solemne no es ninguna meta; es, más bien, un compromiso sincero de caminar siempre hacia ella.

No hay más que un modo de ser escolapio: día a día. Viviendo con autenticidad cada momento, cada oración, cada encuentro educativo, cada grupo del Movimiento Calasanz, cada reunión de comunidad, cada Eucaristía, cada joven al que escuchas y acompañas, cada clase en la escuela. Día a día, en fidelidad cotidiana. Calasanz nos invita a una vida de autenticidad. Oremos para que la nuestra se acerque a la suya.

VIVIR DESDE EL CENTRO. Sólo hay un centro en la vida de Calasanz. Todos nosotros somos llamados a vivir desde un único centro. Y ese centro es Cristo. Hay un texto del libro de los Proverbios que todos nosotros recordamos cuando hacemos memoria de Calasanz: “El temor del Señor es la escuela de la sabiduría; delante de la gloria, va la humildad[6]”. Los escolapios recordamos muchas veces esta frase, y muchas de las referencias que la Sagrada Escritura dedica al temor del Señor[7], porque para Calasanz era muy significativa. Sólo a modo de ejemplo, cito el consejo que pide que el Provincial dé a un joven que se prepara para el sacerdocio: “Procure hacerse idóneo para el sacerdocio, creciendo todos los días en el santo temor de Dios, y con particular diligencia para para adquirir la humildad, la cual le exaltará grandemente en la presencia de Dios[8]

La vida consagrada siempre ha tenido, tiene y tendrá un plus, que está en su raíz: dar toda la vida sin reservarme nada para mí; amar totalmente a Cristo y la misión, sin otros amores maravillosos, buenos y santos; confiar plenamente, sin buscar ser el dueño de tu propia vida; buscar vivir libre para la misión, sin más ataduras que tu propia vocación y sus consecuencias. La autenticidad de la Vida Consagrada Escolapia es el resultado de una experiencia honesta de búsqueda del querer de Dios para la propia vida, sin miedo a encontrar en el fondo de nuestra alma que Dios te está pidiendo “todo”. Por eso nos consagramos.

Necesitamos cuidar siempre ese centro. Y esto es una tarea para toda la vida. Y es una tarea que tiene muchas áreas en las que trabajar. No quiero dejar de dar nombre a las más importantes, aunque sea simplemente citándolas: luchar para no centraros en otras cosas que no son importantes, pero que a veces, de modo inconsciente, nos atrapan; cuidar la oración personal, ese espacio privilegiado de encuentro honesto con Dios desde la verdad de tu alma; vivir con equilibrio creciente la oración, la comunidad y la misión; ganar en transparencia para contigo mismo, con los hermanos y con Dios; amar profundamente la misión escolapia, dando lo mejor de ti mismo por los niños y jóvenes; amar generosamente la Orden, haciendo el necesario trabajo espiritual para estar siempre disponibles a las Escuelas Pías… Nos va a ayudar mucho contemplar a Calasanz y aprender de él a vivir desde el centro.

Hay una pista especialmente significativa que, como queda dicho, es muy querida y vivida por Calasanz: la humildad. Este es el camino, hermanos, el camino de Calasanz, desde el que construyó sus Escuelas Pías y configuró nuestra vocación. Calasanz propone el abajamiento. Abajarse a dar luz a los niños, sobre todo a los más desamparados. En un mundo como el nuestro, en el que la tentación de “subir” está a la orden del día, Calasanz propone “bajar”. Es un dinamismo espiritual, no lo dudéis. Probablemente esta es una de las enseñanzas más profundas de Calasanz: para crecer en nuestra identidad con Cristo y en nuestra identificación con el Señor, el mejor camino es la humildad. Por eso, vivir desde el centro es una tarea espiritual apasionante. ¡Ánimos!

CONSTRUIR ESCUELAS PÍAS. Esta es la tercera pista que quiero ofreceros, y quiero destacarla porque conecta directamente con lo que propone nuestro Capítulo General, que definió la “construcción de las Escuelas Pías” como uno de los núcleos centrales de nuestro caminar escolapio.

Las Escuelas Pías, la Familia Calasancia, la Fraternidad Escolapia, son esencialmente instrumentos al servicio del Reino de Dios. Construirlas, trabajar por unas Escuelas Pías y una Familia Calasancia más capaz de Vida y de Misión es una tarea formidable. Por eso estamos aquí.

Hay dos claves vocacionales que Calasanz vivió con mucha fuerza: la entrega a la misión y la construcción de las Escuelas Pías. Según mi parecer, todos hemos aprendido bien la primera, pero no tanto la segunda. Trabajamos mucho, dedicamos toda nuestra vida, nuestro tiempo, a la misión, pero a veces se nos olvida que también tenemos que preocuparnos de construir las Escuelas Pías, de consolidar el proyecto que Calasanz engendró. Si Calasanz sólo hubiera dedicado su vida a dar clase a los niños, o a crear una escuela en la que los niños de Roma pudieran estudiar, no estaríamos aquí. No. Calasanz construyó una Orden religiosa, que es esencialmente un instrumento del Reino.

Por eso, una vez más, os invito a renovar nuestro compromiso por seguir construyendo las Escuelas Pías, la Familia Calasancia y la Fraternidad, a través de todas las dinámicas que lo hacen posible. Y una de las más importantes es el amor comprometido por las Escuelas Pías, que nos lleva a dar lo mejor de nosotros por hacer que nuestra Orden, la Fraternidad y la Familia Calasancia, sean cada vez unos mejores y más consolidados instrumentos al servicio del Reino.

Acabamos de cerrar el tiempo capitular, y la Congregación General ha publicado ya su “Hoja de Ruta” para el sexenio. Os invito a leerla y reflexionarla, tanto a nivel personal como comunitario, buscando extraer de ella aquellas pistas que más nos pueden ayudar para crecer en nuestra identificación con Calasanz.

Recibid un abrazo fraterno.

P. Pedro Aguado Sch. P.

Padre General


[1] Constituciones de las Escuelas Pías 24

[2] San José de CALASANZ. Constituciones de la Congregación Paulina 33-34.

[3]CONGREGACIÓN GENERAL DE LAS ESCUELAS PÍAS. 48º Capítulo General. Documento Capitular. Núcleo 1. Ediciones Calasancias. Coilección CUADERNOS, pág. 13. Madrid, 2022.

[4] Mt 18, 5

[5] San José de CALASANZ. Constituciones de la Congregación Paulina 4.

[6] Proverbios 15, 33

[7] Especialmente en el libro del Eclesiástico

[8] San José de CALASANZ. Opera Omnia. Volumen VII, página 263.