¿Qué habita en el corazón del joven Glicerio?

Esta es la pregunta que se hace Calasanz al conocer al joven Glicerio Landriani, que llama a las puertas de las nacientes Escuelas Pías deseando consagrar su vida como escolapio. Es una pregunta profunda, certera. Es la pregunta que todos hemos de hacernos siempre, y que debe orientar el proceso formativo de todos los jóvenes que desean ser religiosos escolapios.

Quisiera dedicar esta Salutatio a la figura del Venerable Glicerio de Cristo Landriani. A finales del pasado mes de mayo, la Congregación General organizó en Roma un acto institucional sobre Glicerio, buscando relanzar y potenciar su causa de beatificación y canonización. Fue un bello acto, vivido en Familia Calasancia, en el que se presentó también un nuevo cuadro de Glicerio, el nuevo relicario que custodia su corazón, y un sencillo libro sobre su vida y testimonio escolapio.

Creo que es bueno para todos acercarnos a la figura de este joven escolapio, al que hemos situado como referente del Movimiento Calasanz y que, desde siempre, ha sido profundamente amado por el conjunto de las Escuelas Pías. Me gustaría acercarme a su figura desde un texto inspirador y desde tres ámbitos de reflexión.

Quiero partir de una breve parábola evangélica (Mt 13, 44). El Señor dice que “con el Reino de los cielos sucede lo mismo que con un tesoro escondido en el campo; el que lo encuentra, lo deja oculto y, lleno de alegría, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo”.

Creo que esta parábola nos puede ayudar a comprender el punto central desde el que Glicerio comprendió su vida y desde el que cada uno de nosotros somos llamados a comprender la nuestra. Glicerio descubrió el tesoro, el carisma de Calasanz. Lo descubrió con profunda alegría, escondido en el terreno de las nacientes Escuelas Pías. Ahí estaba el tesoro, ese era el terreno que tenía que comprar.

¿Qué hacemos nosotros con el terreno? Me hago esta pregunta porque podemos tener muchos despistes a la hora de trabajar en el terreno que esconde el tesoro. Podemos dedicar el terreno a “cultivar las verduras para la ensalada” en lugar de a excavar en profundidad para encontrar el tesoro. Para cultivar las verduras nos basta con un trabajo superficial. O podemos construir un gran edifico en el terreno, que oculta el tesoro. O podemos asfaltarlo, para que no haya brotes incontrolados o no nos tropecemos al caminar. O podemos circunvalarlo con un buen muro, para protegerlo y hacerlo inexpugnable.

Podemos hacer muchas cosas. Pero lo que tenemos que hacer es lo que hizo Glicerio: profundizar, día a día, en la búsqueda y vivencia del tesoro, que es el carisma. Sólo así podremos realizar el deseo profundo que todos tenemos, que es el de “reavivar el don de Dios que se nos ha concedido(IITim 1, 6), y que es nuestra vocación, el don carismático de Calasanz que inspira y sostiene nuestra vida y misión, y la vida y misión de las Escuelas Pías.

Me gustaría plantear tres ámbitos desde los que dejarnos interpelar por la figura de Glicerio. ¿Qué ofrece Glicerio a las Escuelas Pías de hoy? ¿Qué mensaje tiene para cada escolapio? ¿Qué propone a los jóvenes del Movimiento Calasanz, que lo tienen como referencia? Intentaremos entrar en cada uno de los tres ámbitos, ofreciendo algunas pistas de reflexión para cada uno de ellos.

1-Para las Escuelas Pías.

La Congregación General está decidida a impulsar la causa de canonización de Glicerio de Cristo. Tenemos muchas razones para ello, no siendo la más pequeña el hecho de que el propio Calasanz fue el impulsor de esta causa, en junio de 1620. Conservamos los documentos de la declaración realizada por Calasanz al inicio del proceso. Dice muchas cosas de Glicerio, pero las podemos sintetizar en esta bella afirmación: “Llegó a ser tan ejemplar en esta gran ciudad de Roma que merecidamente se le puede proponer a cada uno como ejemplo y regla de vida para bien vivir en el servicio de Dios, conforme pide la perfección evangélica[1]”. Destaco tres enseñanzas que podemos y debemos aprovechar.

El reto de la santidad. Todos sabemos que la santidad es un don, siempre inmerecido. Pero también sabemos que la santidad es un proceso que consiste en tratar de vivir según la voluntad de Dios. Cuando el Papa Francisco nos habla de los “santos de la puerta de al lado” nos está invitando a vivir cotidianamente la santidad: “En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad»[2]”.

Creo que el impulso de la causa de canonización de Glicerio es una posibilidad para la Orden para recordar que nuestra vocación, como la de cualquier cristiano, es una oportunidad de santidad. Conocer y valorar el camino recorrido por Glicerio -que nos recuerda que lo fundamental no es la duración de la vida sino el sentido profundo desde el que la vivimos- nos puede ayudar a que este reto, este “horizonte de santidad” recupere su lugar en la vida de las Escuelas Pías e inspire nuestros proyectos, nuestra vida y nuestras prioridades: “Para un cristiano no es posible pensar en la propia misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad, porque «esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1 Ts 4,3)[3]”.

La centralidad de Cristo. En todas las Provincias estamos hablando mucho de este objetivo escolapio, marcado y propuesto por el 48º Capítulo General con absoluta nitidez. Creo que estamos ante una oportunidad de seguir descubriendo lo que significa “ser de Cristo”. La manera en la que Glicerio de Cristo lo vivió y lo testimonió es también una ayuda especialmente significativa para la Orden.

Cuando nos planteamos lo que significa “vivir centrados en Cristo”, hay un camino que es certero para explicarlo y comprenderlo: pensar en los escolapios que hemos conocido y que son un ejemplo, humilde y transparente, de lo que significa la consagración. Una reflexión nueva y consistente sobre el concepto de consagración se me antoja como una buena oportunidad para avanzar en este camino. Una reflexión que ayude a comprender a Quién nos consagramos y también, aunque no sea algo que suene muy bien, a qué renunciamos y qué dinamismos de autorreferencialidad, de narcisismo o de autosuficiencia debemos estar dispuestos a superar.

La cercanía a Calasanz. Glicerio tuvo un “privilegio”: estuvo muy cerca de Calasanz. Habló mucho con él, compartió muchas de sus inquietudes y búsquedas, colaboró decididamente con él en la fundación de las Escuelas Pías. Pienso que la reactivación del proceso de Glicerio nos puede ayudar a comprender mejor la importancia de conocer y amar a Calasanz. Es nuestro camino de santidad. El conocimiento de Calasanz, el creciente y consistente estudio del fundador, la promoción del amor por él, son constantes en las Escuelas Pías. Y, además, lo hemos sabido transmitir a muchas personas, que han descubierto en Calasanz su camino de vida cristiana. Sigamos adelante.

2-Para cada escolapio.

Pienso que además de las aportaciones institucionales que Glicerio hace a la Orden, hay otras muchas que nos puede hacer a cada uno de nosotros, de modo personal, para la vivencia de nuestra vocación. Yo quiero proponer tres aportaciones de Glicerio especialmente significativas para los escolapios que viven sus primeros años de vida consagrada, en la formación inicial. Tres pistas para nuestros juniores:

Un buscador que encuentra su vocación. Esto es lo que vivió Glicerio. Era un joven buscador, deseoso de dar respuesta a lo que Dios sembró en su corazón. Así son los jóvenes escolapios: buscadores deseosos de poder consolidar su respuesta vocacional en las Escuelas Pías. Este es un momento central del proceso formativo. En las primeras fases de la Formación Inicial, también después de la profesión religiosa, permanece la pregunta de si “esta es mi vocación”. Hasta que llega un momento en el que la búsqueda se convierte en respuesta y, consecuentemente, en progresivo crecimiento y consolidación. Glicerio lo expresó así en una carta dirigida al cardenal Borromeo. “Estoy más que seguro de que se trata de la vocación de Dios nuestro Señor para mí, y espero, deseándolo, que quiera el Señor servirse de mí para esta obra suya, que es tan importante que me hace maravillarme de que estos muchachos pobres, que solían vagar por las plazas sin ningún freno de Temor de Dios Nuestro Señor, abandonándose a toda palabra deshonesta y a las malas acciones, en las Escuelas Pías se apartan del odio y del mal, ocupándose en ejercicios del Espíritu y aprenden la Doctrina Cristiana[4]”.

Es realmente profunda esta confesión de Landriani, en la que expresa su honda experiencia vocacional: seguridad, deseo, sorpresa, amor por los pobres… Encontró su vocación. Esta es la experiencia de todo joven escolapio.

Un joven deseoso de construir Escuelas Pías. En su corta vida escolapia, Glicerio vivió dos experiencias de “construcción de Escuelas Pías” que considero simbólicas. En marzo de 1617, Calasanz le encomienda recibir el Breve fundacional de las Escuelas Pías. Glicerio lo recibe, regresa “bailando de alegría” y entrega el Breve fundacional a Calasanz. Es todo un símbolo: él es quien entrega al fundador el documento “Ad ea per quae” por el que el Papa Paulo V erige la Congregación Paulina de los Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías.

Hay un segundo hecho igual de simbólico. En compañía de Calasanz y Dragonetti, Glicerio va a Frascati a dar comienzo a la fundación de la escuela, la segunda escuela escolapia. Todavía permanece abierta. La presencia de Glicerio en la fundación de esta escuela nos muestra con significativa claridad su pasión por los niños y jóvenes, pasión que expresó y vivió siempre desde una vida de servicio a los necesitados y desde un profundo deseo de acercar a los niños a la amistad con Dios[5].

La “construcción de Escuelas Pías”, el compromiso con la Orden y con la misión, es algo que está en el fondo del corazón de cada joven escolapio. Y es algo que debe ser cuidado, trabajado y orado hasta que llegue a formar parte del eje vocacional desde el que cada uno configura su identidad escolapia. Este es el joven escolapio que necesitamos. Necesitamos más “glicerios”.

Vivir cada día con pasión. Esta es una clave preciosa que Glicerio ofrece a nuestros jóvenes. Quizá la brevedad de su vida escolapia nos ayuda a comprender la importancia que tiene vivir cada momento como si fuera el último, con pasión vocacional.  Creo que una de las cosas que podemos y debemos transmitir a nuestros jóvenes, y que debemos acompañar, es esta convicción: para ser un nuevo Calasanz, el secreto está en el día a día. Hay una expresión muy bonita de Calasanz, hablando de Glicerio. Dice de él que “nunca perdió ni tiempo ni ocasión en la que pudiera aumentar la gloria de Dios y la utilidad del prójimo[6]”. No encuentro mejor manera de expresar este secreto de la vida escolapia, que consiste en vivir con autenticidad cada día, cada momento de nuestra vida. Esta es la mejor propuesta formativa para nuestros jóvenes.

3-Para los jóvenes y los catequistas del Movimiento Calasanz.

El Movimiento Calasanz es uno de los tesoros de la Orden. Desde su fundación, la Congregación General puso a Glicerio como su referente, en espera de poder nombrarlo su “patrono”. En el seno del Movimiento Calasanz caminan y crecen centenares de niños, adolescentes y jóvenes, acompañados por sus catequistas y por los escolapios. Es un camino de vida y de fe, inspirado por Calasanz y fortalecido por el ejemplo de vida de Glicerio. Me gustaría sugerir tres pistas que Glicerio ofrece a los jóvenes miembros del Movimiento Calasanz, y a sus responsables.

Vivir con ánimo las claves del Movimiento Calasanz. La vida de Glicerio encarna de modo apasionado los valores y opciones que ofrecemos a nuestros niños y jóvenes en el Movimiento Calasanz. Estoy hablando de cosas como éstas: el cuidado de la experiencia de Dios y de la oración; la vida comunitaria, explicitada en el valor del grupo en el que crece cada joven; el amor por los pobres, planteado en una creciente educación en el compromiso; la formación, trabajada en tantos temas y experiencias de crecimiento; las decisiones vocacionales, que inspiran un Movimiento Calasanz que busca acompañar a cada joven a descubrir el querer de Dios para su vida; la identificación con Calasanz, presentado a cada miembros del Movimiento como una pista certera para su propio caminar; el trabajo interior, consolidado en un acompañamiento educativo que se ofrece a cada joven a lo largo de su experiencia en el proceso, etc. Por todo ello, Glicerio es un buen referente de nuestra propuesta pastoral.

Formar auténticos educadores del Movimiento Calasanz. El equipo coordinador del Movimiento Calasanz se ha propuesto cinco proyectos de trabajo. Uno de ellos consiste en “implementar el plan de formación de educadores del Movimiento Calasanz a nivel de Orden, Demarcaciones y Presencias[7]”. Glicerio es un buen maestro de catequistas. Su actividad incansable como catequista de niños, jóvenes y adultos, así como sus dotes para coordinar la actividad de la evangelización le acreditaron en Frascati y en Roma como un excelente educador en la piedad. De la mano de Calasanz, estructuró la catequización de los alumnos de las Escuelas Pías y se inició en la práctica de la Oración Continua[8]. Es decir, encarnó en su vida dos de los grandes tesoros de la Orden, el Movimiento Calasanz y la Oración Continua. Tal vez una de las mejores pistas que ofrece a los responsables del Movimiento Calasanz es esta: entendió su servicio a los niños y jóvenes desde el punto de vista vocacional. Por eso lo vivió can tanta y creciente plenitud.

Ofrecer a los niños y jóvenes una creciente sensibilidad por las causas que integran el proyecto de Calasanz. El Movimiento Calasanz es, y debe ser, una oportunidad para que nuestros niños y jóvenes crezcan en sintonía con aquellas causas que configuraron el proyecto carismático de Calasanz.  Esta debe ser la dirección desde la que debemos caminar. Y Glicerio nos puede acompañar en este caminar. Calasanz configuró su vocación desde su amor por Cristo y María, por los niños y jóvenes, especialmente los más pobres, y por las Escuelas Pías. Ofrecer a nuestros niños y jóvenes estas prioridades, ayudarles a identificarse con ellas, cada uno según su vocación, es una de las mejores aportaciones que les podemos ofrecer. Si lo descuben y lo viven, sabrán encontrar el camino para que estas convicciones conformen su vocación. Así como Calasanz esperaba un feliz transcurso de la vida de los niños[9] si eran adecuadamente educados en Piedad y Letras, todos nosotros esperamos lo mismo del Movimiento Calasanz, porque es un proceso profundamente escolapio, de educación integral desde las claves del Evangelio.

Termino esta carta fraterna invitándoos a orar: “Señor, que has dado a la Iglesia en Glicerio Landriani, escolapio, un modelo de oración y de amor a los niños y jóvenes en el anuncio del Evangelio, concédenos buscar siempre tu Gloria y la utilidad del prójimo; dígnate glorificar a tu Siervo y concédenos por su intercesión la gracia que te pedimos. Amén”.

Recibid un abrazo fraterno.

P. Pedro Aguado Sch. P.

Padre General


 

[1] San José de CALASANZ. Opera Omnia, volumen X, página 59

[2] Papa FRANCISCO. Exhortación apostólica “Gaudete et exultate” 7.

[3] Papa FRANCISCO. Exhortación apostólica “Gaudete et exultate” 19.

[4] Glicerio de Cristo LANDRIANI. Carta al cardenal Federico Borromeo de 29 de septiembre de 1612.

[5] Ángel AYALA. Ponencia en el Acto Institucional de promoción de la causa de beatificación y canonización del venerable Glicerio de Cristo Landriani, celebrado en la Casa General de Roma el 25 de mayo de 2023.

[6] San José de CALASANZ. Opera Omnia, volumen X, página 59.

[7] CONGREGACIÓN GENERAL. Hoja de Ruta del sexenio 2022-2028, página 40.

[8] Ángel AYALA. Ponencia en el Acto Institucional de promoción de la causa de beatificación y canonización del venerable Glicerio de Cristo Landriani, celebrado en la Casa General de Roma el 25 de mayo de 2023.

[9] San José de CALASANZ. Constituciones de la Congregación Paulina de los Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, n. 2