Entre el 1 y el 5 de abril , los colegios escolapios de Bogotá y los colegios de las madres escolapias se unieron en una vibrante celebración de la Pascua Juvenil. El objetivo central de este encuentro fue fortalecer los lazos de comunidad y vivir profundamente el misterio pascual.
La actividad contó con la entusiasta participación de jóvenes pertenecientes al Movimiento Juvenil Calasanz de las siguientes instituciones:
- IED Buenavista
- Calasanz Suba
- Colegio Calasanz Bogotá
- Calasanz Chía
- Colegio Calasanz La Esmeralda
- Colegio Calasanz San Rafael
Para llevar a cabo esta experiencia, se rotó por diferentes escenarios que facilitaron el encuentro y la oración: el Seminario Calasanz, el colegio Calasanz Chía, el IED Buenavista y el colegio Calasanz Suba.
Cronografía de una Experiencia Transformadora
- Miércoles de Preparación: Iniciamos en el Seminario El Paraíso con una jornada penitencial. Los jóvenes participaron en el sacramento de la reconciliación y definieron, a través de la oración, su disposición para vivir el Triduo Pascual.
- Jueves Santo: En la sede de Chía, nos enfocamos en la adoración de la Santa Cruz y en actividades de contacto profundo con la liturgia del día. Cerramos la jornada con la celebración formal y la adoración al Santísimo en el monumento eucarístico.
- Viernes Santo: En el IED Buenavista, realizamos una procesión reflexiva sobre las realidades actuales que nos alejan de Dios. Posteriormente, el P. Jaime Caraguay presidió la adoración a la Santa Cruz en un clima de íntima oración.
- Sábado de Gloria y Vigilia: En Calasanz Suba, recorrimos estaciones para reconocer el paso de Dios en nuestras vidas y compartimos videos sobre el significado de la Pascua. La noche culminó con la Vigilia Pascual, celebrando la resurrección con júbilo, eucaristía y un compartir fraterno con bailes.
- Domingo de Resurrección: Tras pernoctar en el colegio, iniciamos el día con la eucaristía de resurrección antes de regresar a nuestros hogares.
Jesús resucitado no es solo un evento histórico; es la raíz que nutre y da sentido a nuestras vidas. Aunque a veces invisible, es Él quien nos sostiene y permite que la vida florezca incluso en la dificultad.
La Pascua nos enseña que en Cristo el dolor se transforma en esperanza. Vivir enraizados en el Resucitado es permitir que Su vida renueve nuestras decisiones y nuestra capacidad de amar, convirtiéndonos en signos de vida nueva para el mundo.
Por: Jr. Brayan Asto
