Tu Raíz

Queridos hermanos y hermanas escolapios,

Comenzamos este Adviento todavía llenos de la alegría que nos ha dejado la reciente celebración del patrocinio de san José Calasanz en nuestras obras y comunidades. Ha sido una semana radiante, vivida junto a nuestros alumnos y también en el Movimiento Calasanz, que este año nos ofrece un lema tan sencillo como decisivo: Tu raíz.

Es una palabra sencilla pero decisiva, porque invita a mirar hacia dentro. Una palabra dirigida a los jóvenes, pero que toca la vida entera de la Orden. Una palabra simple, pero con una fuerza espiritual enorme.

Porque la raíz alimenta y sostiene. Y estas son también, para cada escolapio, para cada presencia, para cada Demarcación, las dos tareas que nunca podemos descuidar: alimentar lo que nos da vida y sostener lo que nos hace permanecer fieles.

La raíz como lugar de verdad.

A menudo vivimos en la superficie: actividades, urgencias, viajes, decisiones, tareas.
La raíz nos invita a ir al fondo, a recuperar el sentido, las razones, las prioridades y las orientaciones. La vida espiritual funciona como un árbol. Crece hacia arriba solo si crece hacia abajo.

En la carta que escribí para el Movimiento Calasanz les compartí esta anécdota: visitando una de nuestras granjas escuela, en Karang (Senegal), aprendí algo que luego se convirtió para mí en una intuición espiritual. Un profesor me dijo: No se riega un árbol pegado al tronco. Se riega bajo la corona exterior de la copa de ramas, donde realmente las raíces más nuevas absorben el agua. Y pensé: ¡Cuántas veces intentamos nutrirnos donde no debemos! Regamos donde creemos… pero no donde hace falta.

La raíz es discreta, silenciosa e invisible; y, sin embargo, ahí sucede todo. Es el lugar donde Dios habla; donde la vocación (aquello que no cambia, incluso cuando todo cambia) se depura; y donde la misión que nos anima vuelve a encenderse.

Adviento es tiempo de sed. A veces atravesamos sequía interior, cansancio o dispersión. No es señal de distancia respecto a Dios; es, muchas veces, el reconocimiento humilde de que necesitamos volver a la fuente. La sed espiritual es un don, porque orienta el corazón hacia el agua viva. La raíz sabe siempre dónde está la fuente; la superficie, no. La tierra buena da a la raíz la hondura donde la Palabra encuentra espacio para germinar.

¿Qué parte de mi vida corre el riesgo de volverse superficial porque no la dejo tocar la tierra de lo esencial?

La prioridad de lo invisible.

En un mundo fascinado por lo visible, lo rápido, lo eficaz y lo espectacular, Dios trabaja siempre en lo invisible.

También Calasanz lo sabía. Su obra nació en lo desapercibido, en la discreción de una vida laboriosa, en la oración silenciosa y en una confianza radical en Dios. Quizás el ruido vino después, cuando sus alumnos y exalumnos comenzaron a transformar la sociedad, alterando el orden establecido: ese fue el verdadero fruto de la escuela calasancia.

Las Escuelas Pías nacieron de una raíz pobre y escondida… pero hondísima. Nuestra tentación hoy es crecer en volumen, presencia o actividad, y, sin darnos cuenta, encogernos en interioridad.

La vida escolapia solo se sostiene si la raíz sigue profundizando en la oración que nos despoja, en la fraternidad que nos humaniza, en la pobreza que nos dignifica, en la misión compartida que enriquece nuestro carisma, y en el contacto con los pequeños que nos evangeliza.

El Salmo 36[1] nos advierte con un lenguaje sorprendente y realista: Los malvados serán desarraigados, pero quien espera en el Señor poseerá la tierra. No habla de castigos, sino de realidades: quien pierde la raíz termina desapareciendo. Pierde contacto con la tierra, con la verdad, con los otros. Pierde consistencia. Los justos (los que viven arraigados en Dios, en la misericordia, en la justicia) poseerán la tierra. No una tierra geográfica, siempre vale la pena recordarlo en este mundo lleno de conflictos, sino la tierra del Reino, que es la Tierra-para-todos, donde reinan la paz, la fraternidad, la justicia para todos, humanidad reconciliada, y la alegría.

¿Qué decisión importante debo tomar desde la raíz y no desde la prisa, el cálculo o la presión?

Frutos para otros.

La raíz no existe para sí misma, existe para dar fruto, y los frutos nunca se los come el árbol, alimentan a otros.

Este es nuestro compromiso escolapio: dar fruto que sea oportunidad, consuelo, liberación y esperanza… cuando una escuela diseña nuevas estrategias de aprendizaje para los alumnos con mayores dificultades; cuando un proyecto de educación no formal ofrece entornos seguros y significativos para adolescentes en riesgo; cuando la acción social acompaña a familias vulnerables, a migrantes y a otros tantos colectivos sin horizonte; cuando el Movimiento Calasanz genera experiencias que fortalecen la fe, la comunidad (grupo) y el servicio; cuando nuestras redes (de parroquias, de educación no formal y acción social, de Alumni) colaboran para multiplicar la creatividad y llegar allí donde solos no llegaríamos; y cuando religiosos y laicos trabajan juntos con la misma pasión, compartiendo misión y carisma; cuando un antiguo alumno, formado en nuestras escuelas, lleva a su profesión la honestidad y la sensibilidad social que un día recibió. Cada uno de estos frutos tiene un nombre concreto, un rostro concreto, una historia concreta. Porque el verdadero fruto escolapio nunca es abstracto, siempre es alguien.

La raíz y los pobres siempre se buscan. Solo quien está bien arraigado puede inclinarse hacia los pequeños. Solo quien tiene fundamento puede ser casa para los vulnerables.

Cuando Muhammad Yunus habla de los hombres bonsái[2], no lo hace para elogiar su apariencia, sino para denunciar una injusticia: el pobre es como un bonsái porque alguien ha reducido artificialmente el espacio donde su raíz podía crecer. Si la tierra fuese suficiente, crecería tanto como cualquier otro. Esta imagen ilumina bien nuestra misión: las Escuelas Pías existen para crear un espacio educativo, espiritual y comunitario a quienes lo tienen restringido, para que sus raíces puedan profundizar y sus vidas desarrollarse con libertad.

Los niños y jóvenes pobres fueron la raíz elegida por Calasanz para entregar su vida.

Ahí encontró la tierra buena donde Dios le pedía plantar sus obras, las Escuelas Pías. Volver a los pobres es siempre volver a la raíz.

¿Qué pobreza real, personal, comunitaria o social, me está pidiendo abrir más espacio para que la raíz de la justicia pueda crecer en mí?

Raíces que se entrelazan.

Con permiso de los lectores aficionados a la botánica: no es solo una raíz la que sostiene al árbol, sino todo un entramado diverso. Eso es para nosotros la comunidad. La vida escolapia crece cuando estamos juntos, cuando compartimos la misma tierra, cuando atravesamos estrecheces y aun así permanecemos, cuando aceptamos las incomodidades propias de la convivencia, cuando la tarea es invisible y poco reconocida, pero seguimos en pie apuntalándola. La comunidad se fortalece así: cuando nos conocemos de verdad, cuando oramos unos por otros, cuando compartimos luces y sombras, cuando acompañamos la misión de los hermanos, cuando una generación sostiene a otra, cuando entendemos que nuestra misión empieza en la comunidad.

¿Qué rostros concretos están hoy ampliando mi raíz más de lo que yo mismo esperaba?

La raíz como origen: Calasanz

Quienes habéis visitado la Casa General de San Pantaleo seguramente habréis pasado por la habitación de nuestro querido José de la Madre de Dios. Quienes vivimos aquí tenemos la gracia de verla cada vez que rezamos en la capilla. Siempre me impresiona precisamente lo poco que llama la atención. Una cama sencilla, una mesa pequeña y unos pocos objetos más. Nada superfluo, nada que pretenda destacar. Calasanz no vivía desde la apariencia, sino desde el interior. No buscó visibilidad, sino fidelidad; no buscó primero la estructura, sino la confianza; no buscó seguridad, sino misión. Su raíz era nítida: Cristo, los niños y los pobres.

Si regresamos ahí, todo se regenera. Esa es también nuestra raíz común hoy: la fe, la vocación educativa, la preferencia por los pobres, la comunidad, la pastoral y la espiritualidad, y evangelizar educando. De esta raíz humilde y firme nació un árbol que hoy abraza al mundo.

Aprovecho para agradecer al Movimiento Calasanz no solo el lema que nos han regalado, sino todo el trabajo que realizan en tantas presencias escolapias: un trabajo tan discreto y a la vez con tan frutos bonitos que vemos cada semana en los encuentros de los grupos, y también en los grandes eventos, como el reciente Jubileo de los jóvenes. Que cada vez que contemplemos el lema y el logo Tu raíz, nos detengamos un instante a meditar sobre aquello que realmente nos alimenta y nos sostiene.

Que el Adviento nos recuerde que solo crece hacia fuera quien antes crece hacia dentro, y que no hay misión fecunda sin una interioridad bien enraizada.

Jesús,
raíz viva de nuestra vocación,
despierta en nosotros el amor primero,
fortalece lo que está débil,
alimenta lo que está sediento
y haz que nuestras vidas den fruto abundante
para tus pequeños.

Amén.

Con afecto y en comunión,

P. Carles, Sch. P.
Padre General de las Escuelas Pías.

30 de noviembre de 2025, San Andrés, primer domingo de Adviento.

Tomado de: Scolopi.org

[1] 37 (36), 9. La versión francesa dice déracinés. Les méchants seront déracinés, mais qui espère le Seigneur possédera la terre.
[2] Los pobres son personas bonsái. No hay nada malo en sus semillas. Simplemente, la sociedad nunca les dio una base para crecer. Todo lo que se necesita para sacar a los pobres de la pobreza es que nosotros creemos un entorno propicio para ellos. Una vez que a los pobres se les permita liberar su energía y creatividad, la pobreza desaparecerá muy rápidamente.

Yunus, Muhammad. Banker to the Poor: Micro-Lending and the Battle Against World Poverty. Public Affairs, 1999.

Escolapios Nazaret
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