El P. General se encuentra celebrando la Fiesta de San José de Calasanz en la nueva fundación de la Provincia Nazaret en Perú.

En la comunidad viven los padres Carles Such y Julio César Martínez. Los acompaña también estos días el P. Oswaldo Espinoza, Asistente Provincial de Nazaret. En estos 400 años sigue creciendo la presencia viva de Calasanz en medio de los más pobres.

El día 24 se reunió con los docentes de los dos turnos, mañana y tarde. También tuvieron reunión de comunidad y diálogo con cada uno de los religiosos. Se entrevistó con los representantes de los estudiantes. Participó en la celebración del aniversario del colegio y de la fiesta de Calasanz con todos los estudiantes de secundaria a quienes les habló en nombre de Calasanz invitándoles a luchar por sus sueños, a aprovechar todo lo que la escuela les ofrece para crecer y contribuir a la transformación de la sociedad, y les pidió confiar en Dios, en su amor y su compañía.

El día 25 está programada la bendición del oratorio que la Provincia Nazaret ha regalado al colegio para tener un espacio adecuado para iniciar la oración continúa. Luego, con los niños de primaria, la celebración de Calasanz. Después la misa de la solemnidad. Con los profesores el almuerzo y en la tarde será la visita al Sr. Obispo de Chosica.

El día 26 en la mañana dará una conferencia a los maestros de la diócesis sobre la educación católica. Y con esto terminará su visita a Perú.

Y ya son seis meses desde que se concretó una fundación en Lima, Ñaña La Era (Perú). Crónica de Carles Such Hernández "Historia de una Fundación, parte 3"

Nunca un día es, hasta que acaba, o quizá hasta que queda seducido por alguno de los días que lo circundan. ‘Buen día’, ‘mal día, ‘día horrible’, ‘fantástico día, ‘día para olvidar’… Pero lo que hace que un día ‘sea’, es la colección de momentos de esa jornada enfatizada por su pasado inmediato y su futuro esperado. Los días nunca son en sí mismos, sino en la relación con los otros. Y la suma final siempre es contribución a la ternura de los días y la vida. >>>Ver crónica completa.

El testimonio de… Pedro Aguado, P. General de los escolapios: “Ser escolapio es dar la vida para algo más grande que uno mismo”

Yo soy escolapio porque desde niño he conocido a los escolapios; estudié en el colegio de los escolapios en Bilbao; experimenté la dedicación formidable que los escolapios de aquel colegio tenían por nosotros, por los alumnos.

Pude soñar mi vida y compartirla con otros jóvenes como yo, que también teníamos y compartíamos los mismos sueños. Pude experimentar lo que es el trabajo por la gente, por los niños, por los pobres, en las actividades que hacíamos… Y, sobre todo, tuve una gran oportunidad, pude vivir mi fe en aquel colegio; pude crecer en esa fe y pude hacerme preguntas; y lo más genial es que pude también compartir las respuestas y las búsquedas con mucha gente, entre otros los escolapios que me ayudaron.

Recuerdo con mucho cariño al padre Pedro Lasheras, que ya murió, que era entonces; el encargado de la pastoral del colegio con el que yo hablaba y fue el que me animó a entrar a la Orden. Recuerdo con mucho cariño al Provincial, con el que hablé antes de ir al Noviciado, el P. Ciaurriz, que aún vive, en Pamplona. Mis primeros formadores: el P. Miguel Ángel Asiain, el P. Antonio Lezaun. Una historia compartida con los escolapios. Yo estoy seguro de que entré escolapio porque Dios me llamó, porque Dios, de alguna manera, sin yo merecerlo, se fijó en mí, y porque mis escolapios, mis hermanos y mis padres escolapios me acompañaron me ayudaron a pensar y me ayudaron a tener, no sé, la capacidad de decir que sí. Yo recuerdo muy bien el esquema mental desde el cual decidí. Yo pensé que si soñando, como yo soñaba, con dar toda mi vida por algo más grande que yo, como significa ser sacerdote escolapio si yo me echaba atrás en ese momento y posponía la decisión, toda mi vida iría posponiendo mis decisiones, y decidí fiarme, fiarme de la llamada, fiarme de mi gente, de mis hermanos y fiarme de Dios; y opté por esta vocación desde la convicción que siempre digo, cuando me la preguntan; que Pablo en sus cartas, refleja muy bien. San Pablo cuando dice yo sé bien en quien he puesto mi confianza. Y sé que tiene poder para llevarme hasta el final el encargo que me da.

Tenía entonces 17 años. Me acerco ahora a 60. Nunca he dudado de esta decisión; y todos los días doy gracias a Dios por haberla vivido así. Y quiero decir por qué, porque me he encontrado en mi vida que lo que Dios promete, es cierto. Que estos años yo he vivido con alegría, con amor, con pasión, con descubrimientos, con entrega, con mucha gente que me ha ayudado mucho y a la que también quizá yo humildemente he podido ayudar.

Por eso creo que vale la pena ser escolapio, porque cuando uno siente ese sueño, siente que puede dar la vida para algo más grande que uno mismo, siente que puede entregar su forma de vida y sus convicciones a los niños y a los jóvenes, cuando uno lo siente, no se puede decir que no porque está Dios ahí, llamando y decir a Dios que no, no tiene mucho sentido.

Por esto soy escolapio y por esto creo que vale la pena serlo.

Gracias y ánimo a todos.

 

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