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	<title>Salutatio | Escolapios Nazaret</title>
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	<description>Orden Religiosa de las Escuelas Pías</description>
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	<title>Salutatio | Escolapios Nazaret</title>
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	<item>
		<title>CARTA A LOS HERMANOS JUNIO 2026</title>
		<link>https://www.escolapios.org.co/carta-a-los-hermanos-junio-2026/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[César Pinzon]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Jun 2026 20:26:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[ACTUALIDAD]]></category>
		<category><![CDATA[Salutatio]]></category>
		<category><![CDATA[Casa Generalizia]]></category>
		<category><![CDATA[Colegios Calasanz]]></category>
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					<description><![CDATA[Donde hay vida Queridos hermanos y hermanas en las Escuelas Pías, Acabamos de concluir en Bratislava, Eslovaquia, el Consejo de Superiores Mayores de nuestra Orden. Durante varios días nos hemos [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h1 class="entry-title">Donde hay vida</h1>
<p>Queridos hermanos y hermanas en las Escuelas Pías,</p>
<p>Acabamos de concluir en Bratislava, Eslovaquia, el <strong>Consejo de Superiores Mayores de nuestra Orden</strong>. Durante varios días nos hemos reunido los hermanos<a href="applewebdata://4A857E32-8882-4AA7-8FDB-17127A522E80#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> a quienes se ha confiado el servicio de animar y acompañar a las distintas Demarcaciones de las Escuelas Pías. Hemos compartido oración, reflexión, diálogo y discernimiento. Hemos escuchado la realidad de nuestras presencias, sus desafíos y preocupaciones, pero también sus sueños, búsquedas y esperanzas.</p>
<p>Antes de continuar, deseo expresar mi <strong>agradecimiento a la Provincia de Eslovaquia</strong>. Al P. Stanislav, Provincial, al hermano Martin, que nos han acogido con una generosidad extraordinaria. También a toda la comunidad de Nitra, a los otros juniores, Michal y Marek, y al novicio, Peter, que nos permitieron experimentar la alegría de una Demarcación que sigue creciendo. Culminamos nuestro encuentro celebrando juntos Pentecostés en una hermosa liturgia, que fue también acción de gracias por todo lo vivido.</p>
<p>El <strong>lema</strong> que acompañó nuestro encuentro fue precisamente: <strong><em>Donde hay vida</em></strong>. No se trataba de un eslogan ni de una frase inspiradora. Ha sido una invitación a mirar la realidad con ojos nuevos. En un momento importante para la Orden, marcado por el <strong>camino capitular</strong> que acabamos de iniciar, quisimos preguntarnos juntos dónde reconocemos hoy la vida que el Espíritu está generando en las Escuelas Pías, qué signos de esperanza merecen ser cuidados y qué cultura estamos llamados a cultivar para que el carisma de Calasanz siga siendo fuente de vida también mañana.</p>
<p>No escribo estas líneas como una simple crónica de un encuentro. Deseo compartir con todos vosotros una <strong>experiencia espiritual</strong> que pertenece a todas las Escuelas Pías, porque, aunque algunos hemos estado físicamente reunidos en Bratislava, el verdadero protagonista de nuestros diálogos ha sido la vida que el Espíritu sigue generando entre todos nosotros.</p>
<p>La Providencia ha querido además que nuestro encuentro coincidiera con la celebración de <strong>Pentecostés</strong>. Quizá no exista mejor momento para recordar una certeza humilde y esencial: <strong>donde está el Espíritu, hay vida. Y donde encontramos vida verdadera, allí está actuando el Espíritu de Dios</strong>.</p>
<p>Durante los primeros días nos acompañó la hermana <strong>Nathalie Becquart<a href="applewebdata://4A857E32-8882-4AA7-8FDB-17127A522E80#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a></strong>, que nos ayudó a profundizar en el discernimiento espiritual y en la llamada de la Iglesia a la sinodalidad.</p>
<p>Nos invitó, sobre todo, a disponer el corazón para que sea el Espíritu quien conduzca nuestros pasos. También a este Consejo, y, a través de él, la vida de las Escuelas Pías en este momento de su historia. Porque antes que organizar, decidir o programar, estamos llamados a escuchar. El discernimiento comienza cuando <strong>aprendemos a escuchar</strong>, y a <strong>mirar la realidad con los ojos de Dios</strong>.</p>
<p>A veces corremos el riesgo de fijar nuestra mirada únicamente en las dificultades, que ciertamente existen. Vivimos tiempos complejos. En algunos lugares disminuyen las vocaciones. En otros afrontamos desafíos económicos, educativos o pastorales. El mundo cambia rápidamente y muchas de nuestras seguridades se tambalean.</p>
<p>Sin embargo, el discernimiento cristiano no consiste únicamente en identificar los problemas. Consiste también en <strong>reconocer dónde está naciendo la vida</strong>.</p>
<p>En el Consejo hemos contemplado muchos <strong>signos de esa vida</strong>: la entrega discreta de tantos escolapios; la generosidad de miles de laicos y laicas comprometidos con nuestra misión; los jóvenes que participan en nuestros procesos pastorales; las nuevas presencias que surgen en las periferias; las comunidades que siguen rezando, acompañando y sirviendo; las vocaciones que continúan apareciendo; las iniciativas educativas que responden creativamente a los desafíos actuales; los gestos de fraternidad que construyen comunión entre personas, culturas y provincias. Todo ello constituye un <strong><em>patrimonio</em></strong>inmenso que a veces corremos el riesgo de dar por supuesto.</p>
<p>También hemos reconocido algunas fuentes de vida que generan una <strong>especial vitalidad para las Escuelas Pías</strong>: la autenticidad de nuestra identidad escolapia; la centralidad de Jesucristo; la comunión entre las Demarcaciones y con toda la Orden; la pastoral juvenil y vocacional; la misión compartida con los laicos; unas Escuelas Pías en salida, capaces de abrir caminos nuevos allí donde más se las necesita; la apertura a las periferias; la sostenibilidad integral; la salvaguarda y el cuidado de los menores y de las personas vulnerables. No los presentamos como un catálogo definido de prioridades, sino como lugares donde <strong>el Espíritu parece estar suscitando hoy nueva vida para nuestra Orden</strong>.</p>
<p>La pregunta decisiva no es solamente qué problemas tenemos, sino <strong>dónde reconocemos que Dios está generando vida entre nosotros</strong>.</p>
<p>El <strong>Papa León XIV</strong>, en su reciente encíclica <em>Magnifica Humanitas</em>, afirma que <em>la humanidad se encuentra ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o <strong>edificar una ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos</strong></em><a href="applewebdata://4A857E32-8882-4AA7-8FDB-17127A522E80#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. El Papa Léon nos recuerda que la gran cuestión de nuestro tiempo no es únicamente qué tecnologías desarrollamos o qué estructuras construimos, sino <strong>qué humanidad estamos ayudando a generar</strong>. Como escolapios, reconocemos en esta pregunta una profunda resonancia con el carisma de Calasanz. Educar es colaborar humildemente para que los niños, niñas y jóvenes crezcan como personas libres, fraternas y abiertas a Dios; es participar en esa paciente construcción de una humanidad reconciliada que el Papa contrapone al <em>síndrome de Babel</em>.</p>
<p>También nosotros debemos cuestionarnos recurrentemente <strong>qué estamos <em>cultivando</em></strong>. Hay modos de vivir que generan fragmentación, repliegue y cansancio, y hay modos de vivir que generan comunión, confianza, creatividad y esperanza. Porque la vida no se conserva encerrándola. <strong>La vida crece cuando es compartida</strong>.</p>
<p>Tal vez una de las experiencias más hermosas de estos días ha sido precisamente reconocer que el Espíritu sigue actuando en contextos muy diferentes. Las situaciones son diversas. Los desafíos no son los mismos. Las culturas son distintas. Pero hemos percibido una misma corriente de fondo: <strong>el carisma de Calasanz continúa siendo fuente de vida para muchas personas</strong>.</p>
<p>Todo eso es obra del Espíritu. <em>La voz de Dios es voz de espíritu que va y viene, toca el corazón y pasa; no se sabe de dónde venga o cuándo sople; por lo que importa mucho estar siempre vigilante para que no venga improvisamente y pase sin fruto<a href="applewebdata://4A857E32-8882-4AA7-8FDB-17127A522E80#_ftn4" name="_ftnref4"><strong>[4]</strong></a>.</em></p>
<p>Por eso quisiera animaros a una pregunta sencilla: ¿dónde reconoces hoy la vida que el Espíritu está generando a tu alrededor? Os invito a responderla en vuestra oración, en vuestras comunidades y en vuestras obras. Si queréis, hacédmela llegar. Me gustaría que esta conversación iniciada en Bratislava continuara en toda la Orden.</p>
<p>Reconocer esa vida es el primer paso para cuidarla; y cuidarla es una de las tareas más importantes que tenemos por delante.</p>
<p>Padre bueno,</p>
<p>Te damos gracias porque sigues haciendo de las Escuelas Pías, buena noticia.</p>
<p>Ayúdanos a reconocer tu presencia allí donde el Espíritu genera vida.</p>
<p>Concédenos la sabiduría para cuidar aquello que la hace crecer, la valentía para acompañarla y la humildad para colaborar contigo en la construcción de un mundo más justo y más evangélico.</p>
<p>Que nunca dejemos de confiar en que sigues actuando en medio de nuestra historia.</p>
<p>Amén.</p>
<p>P. Carles Sch.P.<br />
Padre General</p>
<p>Bratislava, 29 de mayo de 2026, san Pablo VI.</p>
<p>Tomado de: <a href="https://scolopi.org/donde-hay-vida/" target="_blank" rel="noopener">scolopi.org</a></p>
<hr />
<p><a href="applewebdata://4A857E32-8882-4AA7-8FDB-17127A522E80#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sergio, Mateusz, Viktor, Jesús, Jordi, Zsolt, Iván, Stanislav, Sergio, Paco, Sergio Fernando, Javier, Oswaldo, Juan Alfonso, Daniel, Miguel, Moses, Samson, Pierre, Miguel, Stalin, József, Félicien, Julio Alberto, Jacek, Alex, János, Emmanuel, Javier, Daniel, Roland, Stefano (y Ferran, algunos días).<br />
<a href="applewebdata://4A857E32-8882-4AA7-8FDB-17127A522E80#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Sor Nathalie Becquart, XMCJ, religiosa francesa de la Congregación de las Xavières y, desde marzo de 2021, Subsecretaria de la Secretaría del Sínodo de los Obispos.<br />
<a href="applewebdata://4A857E32-8882-4AA7-8FDB-17127A522E80#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Léon XIV, Carta Encíclica <em>Magnifica Humanitas. Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial</em>, Ciudad del Vaticano, 2026, n. 1.<br />
<a href="applewebdata://4A857E32-8882-4AA7-8FDB-17127A522E80#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> San José Calasanz, <em>Opera Omnia</em>, Vol. 1, P. 169.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>CARTA A LOS HERMANOS ABRIL 2026</title>
		<link>https://www.escolapios.org.co/carta-a-los-hermanos-abril-2026/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[César Pinzon]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Apr 2026 16:39:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[ACTUALIDAD]]></category>
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					<description><![CDATA[¿Y si nos fuéramos al desierto? Queridos hermanos y hermanas en las Escuelas Pías, no haría falta ir muy lejos: bastaría con atrevernos a dejar, por un momento, el ruido [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h1 class="entry-title"><strong>¿Y si nos fuéramos al desierto?</strong></h1>
<p>Queridos hermanos y hermanas en las Escuelas Pías, no haría falta ir muy lejos: bastaría con atrevernos a dejar, por un momento, el ruido que nos rodea, también el que llevamos dentro, para entrar en ese espacio donde lo accesorio desaparece y lo fundamental reaparece.</p>
<p>La <strong>Cuaresma</strong>, en el fondo, es eso: <strong>una invitación al desierto</strong>.</p>
<p>Pero el desierto no es solo un espacio, <strong>es también una llamada que puede ser escuchada</strong>. A veces nace como una necesidad interior, casi imperceptible: el cansancio del ruido, la intuición de que necesitamos detenernos… Otras veces viene mediada: una palabra, el Evangelio, una moción en la oración, o una persona que nos invita…</p>
<p>La vida espiritual madura quizá en ese punto, cuando dejamos de resistirnos al desierto y empezamos a desearlo. Cuando ya no entramos en él solo porque no tenemos alternativa, sino porque reconocemos en él un espacio y un tiempo necesarios. Entonces <strong>el desierto deja de ser imposición y se convierte en elección</strong>.</p>
<p>Un desierto que no es ausencia, sino presencia; no es esterilidad, sino esencialidad; no es huida, sino camino; no es vacío, sino encuentro.</p>
<p>El Evangelio lo recuerda con fuerza: Jesús no elige el desierto como un refugio cómodo, sino que es <em>conducido</em> a él<a href="applewebdata://380A0AE6-3510-449C-94E5-2A509D9C7406#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>(Mc 1, 12). Hay momentos en la vida en los que no somos nosotros quienes decidimos entrar en el desierto, sino que es la propia vida, o Dios mismo, quien nos lleva allí.</p>
<h3 id="el-desierto-lugar-donde-dios-habla-al-corazon"><strong>El desierto: lugar donde Dios habla al corazón.</strong></h3>
<p>En la tradición bíblica, el desierto no es simplemente un lugar geográfico, es un espacio espiritual: lugar de la alianza, el de la brisa suave, también de la prueba.</p>
<p>El <strong>profeta Oseas</strong> lo expresa con una belleza extraordinaria: <em>La llevaré al desierto y le hablaré al corazón</em> (Os 2, 16).</p>
<p>La palabra hebrea para desierto es <em><strong>midbar</strong></em>. Aquí aparece una intuición preciosa: <em>midbar</em> comparte raíz<a href="applewebdata://380A0AE6-3510-449C-94E5-2A509D9C7406#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> con <em>dabar</em>, que significa <em>palabra</em>, <em>hablar</em>. El desierto, por tanto, no es el lugar donde no hay nada, sino el lugar donde todo puede convertirse en <em>palabra</em>.</p>
<p>Cuando desaparecen las distracciones, las prisas, las voces que nos saturan por fuera, comienza a emerger una voz más discreta, pero también más verdadera. En el desierto, lo que antes pasaba desapercibido empieza a hablar: una inquietud, una pregunta no resuelta, un deseo auténtico, incluso una herida. Y, poco a poco, también Dios. No porque antes no estuviera, sino porque ahora ya no tiene que competir con nada. Entonces la realidad entera se vuelve significativa; lo que vivimos, lo que sentimos, lo que nos acontece… todo puede ser <em>Palabra</em>, es decir, lugar de encuentro, de llamada, de sentido. El desierto no crea esa voz, pero la hace audible. Y por eso es un lugar de gracia, porque <strong>nos devuelve la capacidad de escuchar</strong>.</p>
<h3 id="las-virtudes-del-desierto-una-teofania"><strong>Las virtudes del desierto: una teofanía.</strong></h3>
<p>El desierto educa con sus propias virtudes.</p>
<p>El <strong>silencio</strong>: no como ausencia de sonido, sino como espacio de escucha.<br />
La <strong>verdad</strong>: sin máscaras que sostener: aparece lo que hay tal como es.<br />
La <strong>esencialidad</strong>: que enseña a distinguir (como principio básico de sabiduría) lo necesario de lo superfluo.<br />
La <strong>paciencia</strong>: el desierto no tiene prisa, obliga a otro ritmo y a aceptar procesos.<br />
El <strong>asombro</strong> por lo pequeño: una sombra, una gota de agua, un brote de hierba… En el desierto, lo pequeño deja de ser insignificante y se convierte en signo de vida.</p>
<p>Quizá esta sea la virtud más importante: <strong>la teofanía, Dios vuelve a ser Dios.</strong> En el desierto, Dios no se confunde con nuestras ideas, ni con nuestros proyectos, ni con nuestras seguridades. Dios es Dios. Como le ocurrió a Elías, que lo buscaba en lo espectacular, y lo encontró en una <em>brisa suave</em>(1Re 19, 12). El desierto purifica también nuestra imagen de Dios.</p>
<h3 id="el-desierto-hoy"><strong>El desierto, hoy.</strong></h3>
<p>No todos podemos viajar al desierto, pero todos podemos entrar en el desierto, que es, muchas veces, una <strong>conquista interior</strong>.</p>
<p><strong>Para los más jóvenes</strong>, el desierto puede ser algo tan sencillo (y ¡tan difícil!) como desconectar el móvil durante un rato, caminar sin música, estar sin estímulos constantes, aprender a estar consigo mismo, sin dependencias. En un mundo que no deja de ofrecer ruido, distracción y comparación, el silencio puede dar incluso un poco de vértigo. Porque en él aparecen sentimientos que no siempre sabemos nombrar. Pero precisamente ahí empieza algo verdadero, cuando uno se atreve, poco a poco, a habitar su propio interior.</p>
<p><strong>Para un escolapio</strong>, el desierto puede ser volver a cuidar tiempos reales de oración, no solo funcionales o apresurados; hacer silencio más allá de la intensa actividad apostólica; reservar espacios de retiro, aunque sean breves; y no llenar todos los vacíos con tareas. Existe el riesgo, muy real, de vivir volcados hacia fuera, entregados generosamente, pero sin espacio para dejar que Dios nos hable por dentro. Sin embargo, la misión se sostiene desde ahí. El desierto no nos aparta de la entrega, sino que la enraíza y la hace más sincera y robusta.</p>
<p><strong>Para una comunidad</strong>, el desierto puede significar crear espacios de silencio compartido, no temer momentos sin palabras, discernir sin prisas ni ruido. Cuando una comunidad se atreve a entrar en el silencio, a esperar juntos… algo cambia. El desierto compartido puede convertirse en un lugar de comunión más profunda.</p>
<p>¿Qué ruido te está impidiendo hoy escuchar lo esencial?</p>
<p>No hace falta decir, aunque quizá conviene recordarlo, que nada de esto tiene que ver con la <strong>pereza</strong> ni con una forma cómoda de evadir la responsabilidad. El desierto no es refugio para quien no quiere implicarse, ni excusa para vaciar la vida de compromiso; no es retirada superficial, ni tiempo muerto. Es, más bien, un espacio exigente, donde uno se encuentra consigo mismo, con Dios y con la verdad de la propia misión. Por eso no debe confundirse con la dejadez o la inercia. El desierto auténtico no nos aleja de la vida, sino que nos prepara para vivirla con mayor hondura, fidelidad y entrega.</p>
<h3 id="desierto-y-mision"><strong>Desierto y misión.</strong></h3>
<p><strong>Blaise Pascal</strong>, siempre tan lúcido, nos recuerda que <em>toda la desgracia de los hombres proviene de una sola cosa: no saber permanecer en reposo en una habitación<a href="applewebdata://380A0AE6-3510-449C-94E5-2A509D9C7406#_ftn3" name="_ftnref3"><strong>[3]</strong></a>. </em>Quizá hoy podríamos decirlo de otro modo: <em>no sabemos morar en el desierto</em>. Nos cuesta el silencio y nos incomoda el vacío.</p>
<p>En este mismo horizonte, vale la pena acercarse a algunos ensayos contemporáneos, como <em>Sobre Dios. Pensar con Simone Weil</em> de <strong>Byung-Chul Han</strong><a href="applewebdata://380A0AE6-3510-449C-94E5-2A509D9C7406#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>, donde, en diálogo con la gran pensadora francesa, se nos invita a redescubrir el valor del silencio, del vacío y de la atención como caminos para recuperar el sentido en medio de una vida saturada de murmullos y de estímulos.</p>
<p>Pero es en san <strong>José Calasanz</strong> donde esta intuición alcanza una profundidad particularmente luminosa para nosotros. En una de sus cartas escribe: <em>Alabo mucho que se retire, con uno o dos acompañantes, a hacer ejercicios espirituales en un lugar alejado de la conversación de los hombres, para tratar sólo con Dios, y que estén juntas Marta y María<a href="applewebdata://380A0AE6-3510-449C-94E5-2A509D9C7406#_ftn5" name="_ftnref5"><strong>[5]</strong></a>. </em>No se trata simplemente de alternar contemplación y acción, como si fueran dos tiempos separados, sino de aprender a vivirlas unidas. En el trato con Dios, en ese desierto buscado y habitado, se va gestando una forma de estar en la misión que no nace ni de la eficacia, ni de las urgencias, sino de un corazón recogido y orientado. Este <em>trato</em> con <em>Marta y María</em> crea la unidad interior que sostiene la vida y la misión. El desierto no es, por tanto, un paréntesis en la entrega, sino su fuente más honda, el lugar donde aprendemos a estar con Dios para poder estar verdaderamente con los demás.</p>
<p>El desierto no es el final del camino. Jesús vuelve de él para comenzar su misión. Este <em>erēmos</em> que encontramos en el Evangelio significa <em>solitario, deshabitado</em>, aparentemente desolado y, sin embargo, en la experiencia bíblica se convierte en espacio de encuentro con Dios. Por eso, no nos aleja del mundo, sino que <strong>nos prepara para habitarlo mejor</strong>. Jesús se retira para orar y regresa dispuesto a darse, a entregarse. Aquí se revela la paradoja cristiana: lo que parece vacío se convierte en plenitud.</p>
<p>Quizá, como Escolapios, podamos redescubrir hoy que esta tarea tiene un nombre muy concreto, <strong><em>evangelización</em></strong>, y que pasa por <strong>aprender y ayudar a entrar en el desierto</strong>. Sabemos, por experiencia, que estos espacios y tiempos son profundamente necesarios, tanto para los niños, niñas y jóvenes como para nosotros mismos; por eso, se trata de educar en la interioridad, de acompañar a alumnos y jóvenes para que no vivan permanentemente en el ruido, de ofrecerles, y ofrecernos, momentos de silencio, de sentido y de búsqueda. Crear estas pequeñas experiencias puede ser una forma sencilla y concreta de cuidarnos y de sostener lo que estamos llamados a vivir. Porque, siguiendo el camino de Jesús, el movimiento no se detiene ahí, sino que va del <em>erēmos</em> al mundo; un corazón <em>convertido</em> que vuelve y habita la realidad de otro modo.</p>
<p>Padre Bueno, llévanos al desierto y habla a nuestro corazón.<br />
Aparta el ruido que nos dispersa,<br />
enséñanos a escuchar Tu voz en el silencio,<br />
y haz que volvamos a nuestra vida con un corazón atento.</p>
<p>Amén.</p>
<p>P. Carles Sch.P.<br />
San Pantaleo, 1 de abril de 2026.</p>
<p>Tomado de: <a href="https://scolopi.org/y-si-nos-fueramos-al-desierto/" target="_blank" rel="noopener">scolopi.org</a></p>
<hr />
<p><a href="applewebdata://380A0AE6-3510-449C-94E5-2A509D9C7406#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Mc 1, 12: A continuación, el Espíritu lo empujó al desierto<br />
<a href="applewebdata://380A0AE6-3510-449C-94E5-2A509D9C7406#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Midbar, término hebreo para <em>desierto</em>, comparte la misma raíz que Dabar, término que significa <em>palabra</em>. Con el prefijo <em>Mi-</em>, qué frecuentemente se usa para indicar un lugar, el desierto se convierte en <em>lugar de la palabra</em>.<br />
<a href="applewebdata://380A0AE6-3510-449C-94E5-2A509D9C7406#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Pascal, Pensamientos, <em>Pensées</em>, fragmento 139 (edición Brunschvicg). <em>Tout le malheur des hommes vient d’une seule chose, qui est de ne pas savoir demeurer en repos dans une chambre</em><br />
<a href="applewebdata://380A0AE6-3510-449C-94E5-2A509D9C7406#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Han, Byung-Chul. <em>Sobre Dios. Pensar con Simone Weil</em>. Barcelona: Herder, 2023.<br />
<a href="applewebdata://380A0AE6-3510-449C-94E5-2A509D9C7406#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Opera Omnia, vol 5, p. 301, carta de 15 de noviembre de 1635.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>CARTA A LOS HERMANOS ENE 2026</title>
		<link>https://www.escolapios.org.co/carta-a-los-hermanos-ene-2026/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[César Pinzon]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Jan 2026 13:07:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salutatio]]></category>
		<category><![CDATA[ACTUALIDAD]]></category>
		<category><![CDATA[Casa Generalizia]]></category>
		<category><![CDATA[Colegios Calasanz]]></category>
		<category><![CDATA[Orden de las Escuelas Pías]]></category>
		<category><![CDATA[Padres Escolapios]]></category>
		<category><![CDATA[Provincia Nazaret]]></category>
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					<description><![CDATA[La paz que se nos confía Queridos hermanos y hermanas escolapios, Una palabra tan deseada como frágil: Paz. Una de las palabras más pronunciadas y, sin embargo, más heridas de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h1 class="entry-title"><strong>La paz que se nos confía</strong></h1>
<p>Queridos hermanos y hermanas escolapios,</p>
<p><strong>Una palabra tan deseada como frágil:</strong></p>
<p>Paz.</p>
<p>Una de las palabras más pronunciadas y, sin embargo, más heridas de nuestro tiempo. La invocamos en Navidad, la deseamos en los discursos, la reclaman quienes sufren… pero con demasiada frecuencia sigue ausente de nuestras vidas y de nuestra convivencia.</p>
<p>La paz resuena hoy con insistencia, pero con escasa fuerza conciliadora, en <strong>un mundo atravesado por múltiples conflictos</strong>, por tensiones sociales persistentes, por polarizaciones que desgastan la convivencia y por violencias, a veces silenciosas, que se infiltran en la vida cotidiana. El Papa Francisco hablaba con lucidez de una <em>tercera guerra mundial a pedazos<a href="applewebdata://991CCE4E-40B6-45B8-83EB-B87AFC6CCAF7#_ftn1" name="_ftnref1"><strong>[1]</strong></a></em>, y esa expresión sigue describiendo con crudeza nuestro tiempo. Ni siquiera la Navidad logra ya hacer respetar los armisticios. Vivimos así, rodeados de conflictos que nos acostumbran al ruido, a la desconfianza, a una inquietud de fondo que termina instalándose también en el corazón, y puede transformarse en miedo, un pésimo compañero, especialmente cuando se nos pide discernir y tomar decisiones comunes, también a la hora de votar.</p>
<p>Frente a este panorama, no es casual que <strong>para el Papa León XIV la paz sea central en su pontificado</strong>, desde la tarde misma de su elección como Obispo de Roma. Él nos recuerda que el saludo pascual de Jesús <em>«¡La paz esté con ustedes!» que no sólo desea, sino que realiza un cambio definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad</em><a href="applewebdata://991CCE4E-40B6-45B8-83EB-B87AFC6CCAF7#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Por eso habla de la <em>más silenciosa de las revoluciones</em>, repetida cada día por la Iglesia en todo el mundo.</p>
<p>La paz <em>verdadera</em> no nace de fórmulas teóricas, sino de <strong>la experiencia de quienes la habitan en contextos reales,</strong>heridos, y la sostienen con humilde esperanza.</p>
<p>¿En qué momentos hemos experimentado que, aun hablando de paz, el corazón permanece inquieto y la convivencia se resiente?</p>
<p><strong>En Navidad, Jesús, el Príncipe de la paz.</strong></p>
<p>La Navidad nos introduce en una paradoja: se nos anuncia el cumplimiento de la profecía de Isaías, dónde Jesús es presentado como el <em>Príncipe de la paz</em> (<em>Sar Shalom</em>) y, sin embargo, el contraste es evidente. No nace en un mundo pacificado ni trae una paz impuesta o un triunfo aparente. Nace en la fragilidad, en la periferia, en la intemperie.</p>
<p>La paz cristiana no comienza eliminando el conflicto; comienza <strong>habitándolo de otra manera</strong>. La paz evangélica tiene que ver con una forma de estar, no solo con una <em>situación</em> externa.</p>
<p><strong>El 1 de enero, la paz como tarea confiada.</strong></p>
<p>No es casual, ni simplemente simbólico, que la Iglesia haya querido situar la Jornada Mundial de la Paz en el primer día del año. Comenzar así el calendario es una <strong>elección profundamente pedagógica y espiritual</strong>. Desde que san Pablo VI instituyó esta Jornada, la Iglesia quiso ofrecer un gesto sencillo y elocuente, colocar la paz en el umbral del tiempo que se abre, como horizonte al que estamos llamados a avanzar desde el primer día, y como criterio.  Celebrarla junto a la solemnidad de María, Madre de Dios, refuerza aún más su significado.</p>
<p>La paz no es solo don; es <strong>tarea confiada</strong>. Nos recuerda León XIV que <em>antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino. </em>Y todavía: <em>Si la paz no es una realidad experimentada, para custodiar y cultivar, la agresividad se difunde en la vida doméstica y en la vida pública.</em></p>
<p>La paz no es mera ausencia de guerra: <strong>es <em>shalom</em></strong><em> <a href="applewebdata://991CCE4E-40B6-45B8-83EB-B87AFC6CCAF7#_ftn3" name="_ftnref3"><strong>[3]</strong></a></em>, integridad, armonía, plenitud, una vida reconciliada consigo misma, con los demás y con Dios.</p>
<p>Si la Iglesia nos invita a abrir el año poniendo la paz en el centro, es bueno que nos preguntemos: ¿de qué modo nuestra vida, nuestro estilo educativo y nuestra presencia cotidiana pueden convertirse en <strong>un verdadero acto de reconciliación </strong>comunitaria y social, de transformación, capaz de abrir caminos de convivencia allí donde hoy hay fragmentación?</p>
<p>No hay paz sin justicia, porque toda convivencia herida acaba reclamando reparación y equidad. No hay paz sin cuidado del otro, porque allí donde el prójimo es ignorado o descartado, la violencia encuentra siempre un terreno fértil. No hay paz sin verdad, porque la mentira y la negación terminan erosionando cualquier intento de reconciliación. Toda paz social, comunitaria o institucional se vuelve frágil y se resiente cuando no se ancla en algo más hondo que la sostenga.</p>
<p><strong>La paz del corazón.</strong></p>
<p>Llegamos a un giro decisivo: <strong>de la paz que anhelamos <em>fuera</em> a la paz que estamos llamados a cuidar <em>dentro</em>.</strong> No se trata de oponerlas, sino de reconocer que toda paz visible se debilita cuando el corazón permanece agitado.</p>
<p>Vivimos tiempos marcados por el hacer eficiente (tan eficiente que nunca termina): agendas saturadas, listas de las listas de tareas, bandejas de entrada que jamás se vacían, compromisos y proyectos que se encadenan sin pausa.</p>
<p>Y entonces la pregunta se impone, no como reproche sino como interpelación honesta: <strong>¿cuánta paz habita hoy en nuestro corazón?</strong></p>
<p>Un joven me preguntó, con una claridad que no olvido: <strong><em>¿Cómo es posible que, siendo personas de oración, enraizados en comunidades y con procesos formativos cuidados, a veces dejemos entrever tan poca paz en el rostro y en la convivencia cotidiana?</em></strong> Ese interrogante me sigue acompañando todavía.</p>
<p>Si un corazón no está pacificado por dentro, ¿cómo podrá irradiar paz fuera? ¿Qué paz puede transmitirse quien la ha negociado por prisas y tensiones cotidianas?</p>
<p>Esto se nota no solo en las comunidades, sino también en las escuelas, en las casas de formación, e incluso en una simple reunión: ¿Quién no ha sentido cómo una expresión crispada desactiva la posibilidad de una buena escucha?  En los encuentros en línea, donde la comunicación se reduce casi por completo al rostro y a la voz, este efecto se vuelve todavía más evidente. Un gesto, una mirada, una tensión apenas disimulada pueden bloquear el diálogo o, por el contrario, abrir un espacio de confianza. No hablo de sonrisa fácil ni de alegría superficial. Hablo de <strong>paz interior</strong>, esa que no se finge, sino que brota cuando el corazón ha encontrado su equilibrio.<strong> </strong></p>
<p><strong>La paz según <em>Dilexit nos</em>: un corazón unificado.</strong></p>
<p>El Papa Francisco nos recuerda en <em>Dilexit nos</em> que un corazón unido al de Cristo transforma también nuestras relaciones. Como él escribe: <em>Nuestras comunidades solo desde el corazón lograrán unir sus inteligencias y voluntades diversas y pacificarlas para que el Espíritu nos guíe como red de hermanos, ya que pacificar también es tarea del corazón… y construir en este mundo el Reino de amor y de justicia</em>. <em>Nuestro corazón unido al de Cristo es capaz de este milagro social</em>.<a href="applewebdata://991CCE4E-40B6-45B8-83EB-B87AFC6CCAF7#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a></p>
<p>Un corazón pacificado no es un corazón anestesiado ni ajeno a la lucha interior. La paz no consiste en la ausencia de combate, sino en el camino hacia una reconciliación profunda, en un corazón que vuelve a su centro y se ancla en el amor de Jesús. Cuando esto sucede, la tempestad exterior no desaparece, pero deja de hundirnos. Solo cuando la paz habita el corazón puede comenzar a habitar el mundo.</p>
<p><strong>Resonancia mística: la guardia del corazón.</strong></p>
<p>La tradición de los Padres del Desierto, con su enseñanza sobre la guardia del corazón (<em>nepsis</em><a href="applewebdata://991CCE4E-40B6-45B8-83EB-B87AFC6CCAF7#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>), nos recuerda que la paz interior no es algo automático, sino algo que se cuida. No se trata de negar el propio mundo interior, sino de aprender a vigilar los movimientos del corazón: detener los pensamientos que inquietan y desordenan, y acoger aquellos que conducen a la verdad, al amor y a una mayor unificación interior.</p>
<p>San José Calasanz vivió en medio de pruebas prolongadas, incomprensiones y auténticas persecuciones sufridas por su propia Orden, y sin embargo su corazón permaneció sereno. No porque no hubiera conflicto (lo hubo, y muy duro), sino porque aprendió a custodiar su centro y a no dejar que la tempestad exterior le robara la paz interior.</p>
<p>Desde esa experiencia nacen palabras de una sorprendente actualidad pastoral y espiritual: <em>Le exhorto en cuanto sé y puedo a que por ningún acontecimiento por grave que sea, pierda V. S. la paz interior, sino que procure conservar siempre su corazón tranquilo y unido a Dios, recurriendo a la oración cuando más turbada esté, porque el Señor suele entonces aquietar la tempestad del mar.<a href="applewebdata://991CCE4E-40B6-45B8-83EB-B87AFC6CCAF7#_ftn6" name="_ftnref6"><strong>[6]</strong></a></em></p>
<p>Se trata de una paz que no elimina la prueba, pero que impide que la prueba desplace el corazón de su verdadero centro.</p>
<p>¿Estamos dispuestos a ser <em>centinelas</em> de nuestro propio corazón? ¿A qué pensamientos, silencios o temores les damos voz, y cuáles cerramos a la entrada?</p>
<p><strong>Una paz que se contagia.</strong></p>
<p>La paz no se proclama solo con palabras. Se transmite por presencia, estilo, mirada y acompañamiento. Se contagia cuando alguien sabe estar en paz consigo mismo y ofrece ese don con sencillez, no como algo propio, sino como regalo de Jesús. Esta paz no se improvisa, se aprende y se cuida en lo concreto de la vida compartida. Nuestras comunidades y equipos de trabajo están llamados a ser verdaderos lugares de aprendizaje de la paz, donde se ejercitan la escucha, el manejo de los conflictos, el respeto, y la reconciliación. Allí donde hay personas que aprenden a vivir así, la paz comienza a circular y a hacerse visible.</p>
<p>En este sentido, nuestras comunidades y espacios de convivencia pueden convertirse, con humildad y realismo, en auténticos talleres de paz, donde se cuidan los gestos, se crean oportunidades explícitas para expresar tensiones de manera respetuosa y se protege la verdad de los vínculos incluso en el desacuerdo.</p>
<p>Por eso quisiera abrir una invitación, ¿qué prácticas, dinámicas o experiencias nos ayudan de verdad a crecer en esta dimensión? ¿Qué talleres, propuestas o caminos sencillos podrían ayudarnos a hacer de nuestras Escuelas Pías un lugar donde la paz no solo se desea, sino que se aprende, se ensaya y se transmite?</p>
<p>Quisiera despedirme confiándoos a una de las palabras más antiguas y más bellas de la Escritura, proclamada precisamente en la liturgia del día 1 de enero, la <em>bendición de Aarón</em>. No es un deseo bienintencionado, es una palabra eficaz, pronunciada para ser recibida y acogida, capaz de situar la vida bajo la mirada de Dios. Su fuerza es inmensa, porque no promete la ausencia de dificultades, sino la presencia fiel del Señor en medio de ellas.</p>
<p><em>El Señor te bendiga y te proteja,</em><br />
<em>ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.</em><br />
<em>El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz</em><a href="applewebdata://991CCE4E-40B6-45B8-83EB-B87AFC6CCAF7#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</p>
<p>Amén.</p>
<p>Con afecto y en comunión,</p>
<p>P. Carles, Sch. P.</p>
<p>1 de enero de 2026, Solemnidad de María, Madre de Dios, LIX Jornada Mundial de la Paz, de camino hacia Bangalore, India.</p>
<p>Tomado de <a href="https://scolopi.org/la-paz-que-se-nos-confia/" target="_blank" rel="noopener">scolopi.org</a></p>
<hr />
<p><a href="applewebdata://991CCE4E-40B6-45B8-83EB-B87AFC6CCAF7#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Discurso del Papa Francisco al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el 14 de junio de 2023.<br />
<a href="applewebdata://991CCE4E-40B6-45B8-83EB-B87AFC6CCAF7#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Mensaje del Santo Padre León XIV para la 59ª Jornada Mundial de la Paz. https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2025/12/18/181225a0.html<br />
<a href="applewebdata://991CCE4E-40B6-45B8-83EB-B87AFC6CCAF7#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> El significado primigenio Shalom (שָׁלוֹם) es integridad, solidez: o restauración:<br />
<a href="applewebdata://991CCE4E-40B6-45B8-83EB-B87AFC6CCAF7#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Número 28, Santo Padre Francisco, carta encíclica <em>Dilexit nos, sobre el amor humano y divino del corazón de Jesucristo.</em><br />
<a href="applewebdata://991CCE4E-40B6-45B8-83EB-B87AFC6CCAF7#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Nepsis, del griego: νῆψις, designa la vigilancia interior y la sobriedad del corazón. Procede del mandato bíblico <em>sed sobrios y vigilantes</em> en 1 Pe 5,8, y expresa el arte espiritual de custodiar los pensamientos en la puerta del corazón.<br />
<a href="applewebdata://991CCE4E-40B6-45B8-83EB-B87AFC6CCAF7#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> José Calasanz, Opera Omnia 2, p. 324.<br />
<a href="applewebdata://991CCE4E-40B6-45B8-83EB-B87AFC6CCAF7#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Números 6, 24-26.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>CARTA A LOS HERMANOS DIC 2025</title>
		<link>https://www.escolapios.org.co/carta-a-los-hermanos-dic-2025/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[César Pinzon]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Dec 2025 17:24:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salutatio]]></category>
		<category><![CDATA[Casa Generalizia]]></category>
		<category><![CDATA[Colegios Calasanz]]></category>
		<category><![CDATA[Escuelas Pías]]></category>
		<category><![CDATA[Orden de las Escuelas Pías]]></category>
		<category><![CDATA[Padres Escolapios]]></category>
		<category><![CDATA[Pedagogía Calasancia]]></category>
		<category><![CDATA[Procesos Pastorales]]></category>
		<category><![CDATA[Provincia Nazaret]]></category>
		<category><![CDATA[Religiosos y Laicos]]></category>
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					<description><![CDATA[Tu Raíz Queridos hermanos y hermanas escolapios, Comenzamos este Adviento todavía llenos de la alegría que nos ha dejado la reciente celebración del patrocinio de san José Calasanz en nuestras [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h1 class="entry-title"><strong>Tu Raíz</strong></h1>
<p>Queridos hermanos y hermanas escolapios,</p>
<p>Comenzamos este Adviento todavía llenos de la alegría que nos ha dejado la reciente celebración del patrocinio de san José Calasanz en nuestras obras y comunidades. Ha sido una semana radiante, vivida junto a nuestros alumnos y también en el Movimiento Calasanz, que este año nos ofrece un lema tan sencillo como decisivo: <strong><em>Tu raíz</em>.</strong></p>
<p>Es una palabra sencilla pero decisiva, porque invita a mirar hacia dentro. Una palabra dirigida a los jóvenes, pero que toca la vida entera de la Orden. Una palabra simple, pero con una fuerza espiritual enorme.</p>
<p>Porque la raíz alimenta y sostiene. Y estas son también, para cada escolapio, para cada presencia, para cada Demarcación, las dos tareas que nunca podemos descuidar: <em>alimentar</em> lo que nos da vida y <em>sostener</em> lo que nos hace permanecer fieles.</p>
<p><strong>La raíz como lugar de verdad.</strong></p>
<p>A menudo vivimos en la superficie: actividades, urgencias, viajes, decisiones, tareas.<br />
La raíz nos invita a ir al fondo, a recuperar el sentido, las razones, las prioridades y las orientaciones. La vida espiritual funciona como un árbol. Crece hacia arriba solo si crece hacia abajo.</p>
<p>En la carta que escribí para el Movimiento Calasanz les compartí esta anécdota: visitando una de nuestras granjas escuela, en Karang (Senegal), aprendí algo que luego se convirtió para mí en una intuición espiritual. Un profesor me dijo: <em>No se riega un árbol pegado al tronco. Se riega bajo la corona exterior de la copa de ramas, donde realmente las raíces más nuevas absorben el agua. </em>Y pensé: ¡Cuántas veces intentamos nutrirnos donde no debemos! Regamos donde creemos… pero no donde hace falta.</p>
<p>La raíz es discreta, silenciosa e invisible; y, sin embargo, ahí sucede todo. Es el lugar donde Dios habla; donde la vocación (aquello que no cambia, incluso cuando todo cambia) se depura; y donde la misión que nos anima vuelve a encenderse.</p>
<p>Adviento es tiempo de sed. A veces atravesamos sequía interior, cansancio o dispersión. No es señal de distancia respecto a Dios; es, muchas veces, el reconocimiento humilde de que necesitamos volver a la fuente. La sed espiritual es un don, porque orienta el corazón hacia el agua viva. La raíz sabe siempre dónde está la fuente; la superficie, no. La tierra buena da a la raíz la hondura donde la Palabra encuentra espacio para germinar.</p>
<p>¿Qué parte de mi vida corre el riesgo de volverse superficial porque no la dejo tocar la tierra de lo esencial?</p>
<p><strong>La prioridad de lo invisible.</strong></p>
<p>En un mundo <em>fascinado</em> por lo visible, lo rápido, lo eficaz y lo espectacular, Dios trabaja siempre en lo invisible.</p>
<p>También Calasanz lo sabía. Su obra nació en lo desapercibido, en la discreción de una vida laboriosa, en la oración silenciosa y en una confianza radical en Dios. Quizás el ruido vino después, cuando sus alumnos y exalumnos comenzaron a <em>transformar la sociedad</em>, alterando el orden establecido: ese fue el verdadero fruto de la escuela calasancia.</p>
<p>Las Escuelas Pías nacieron de una raíz pobre y escondida… pero hondísima. Nuestra tentación hoy es crecer en volumen, presencia o actividad, y, sin darnos cuenta, encogernos en interioridad.</p>
<p>La vida escolapia solo se sostiene si la raíz sigue profundizando en la oración que nos despoja, en la fraternidad que nos humaniza, en la pobreza que nos dignifica, en la misión compartida que enriquece nuestro carisma, y en el contacto con los pequeños que nos evangeliza.</p>
<p>El Salmo 36<a href="applewebdata://4448E84B-3EFD-4B9C-978C-16BEAD575781#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> nos advierte con un lenguaje sorprendente y realista: <em>Los malvados serán desarraigados, pero quien espera en el Señor poseerá la tierra</em>. No habla de castigos, sino de realidades: quien pierde la raíz termina desapareciendo. Pierde contacto con la tierra, con la verdad, con los otros. Pierde consistencia. Los justos (los que viven arraigados en Dios, en la misericordia, en la justicia) <em>poseerán la tierra</em>. No una tierra geográfica, siempre vale la pena recordarlo en este mundo lleno de conflictos, sino la <strong>tierra del Reino</strong>, que es la <strong><em>Tierra-para-todos</em></strong>, donde reinan la paz, la fraternidad, la justicia para todos, humanidad reconciliada, y la alegría.</p>
<p>¿Qué decisión importante debo tomar desde la raíz y no desde la prisa, el cálculo o la presión?</p>
<p><strong>Frutos para otros.</strong></p>
<p>La raíz no existe para sí misma, existe para dar fruto, y los frutos nunca se los come el árbol, <strong>alimentan a otros</strong>.</p>
<p>Este es nuestro compromiso escolapio: dar fruto que sea oportunidad, consuelo, liberación y esperanza… cuando una escuela diseña nuevas estrategias de aprendizaje para los alumnos con mayores dificultades; cuando un proyecto de educación no formal ofrece entornos seguros y significativos para adolescentes en riesgo; cuando la acción social acompaña a familias vulnerables, a migrantes y a otros tantos colectivos sin horizonte; cuando el Movimiento Calasanz genera experiencias que fortalecen la fe, la comunidad (grupo) y el servicio; cuando nuestras redes (de parroquias, de educación no formal y acción social, de Alumni) colaboran para multiplicar la creatividad y llegar allí donde solos no llegaríamos; y cuando religiosos y laicos trabajan juntos con la misma pasión, compartiendo misión y carisma; cuando un antiguo alumno, formado en nuestras escuelas, lleva a su profesión la honestidad y la sensibilidad social que un día recibió. Cada uno de estos frutos tiene un nombre concreto, un rostro concreto, una historia concreta. Porque el verdadero fruto escolapio nunca es abstracto, <strong>siempre es alguien</strong>.</p>
<p>La raíz y los pobres siempre se buscan. Solo quien está bien arraigado puede inclinarse hacia los pequeños. Solo quien tiene fundamento puede ser casa para los vulnerables.</p>
<p>Cuando Muhammad Yunus habla de los <strong><em>hombres bonsái</em></strong><a href="applewebdata://4448E84B-3EFD-4B9C-978C-16BEAD575781#_ftn2" name="_ftnref2"><em><strong>[2]</strong></em></a>, no lo hace para elogiar su apariencia, sino para denunciar una injusticia: el pobre es como un bonsái porque alguien ha reducido artificialmente el espacio donde su raíz podía crecer. Si la tierra fuese suficiente, crecería tanto como cualquier otro. Esta imagen ilumina bien nuestra misión: las Escuelas Pías existen para crear un espacio educativo, espiritual y comunitario a quienes lo tienen restringido, para que sus raíces puedan profundizar y sus vidas desarrollarse con libertad.</p>
<p>Los niños y jóvenes pobres fueron la raíz elegida por Calasanz para entregar su vida.</p>
<p>Ahí encontró la tierra buena donde Dios le pedía plantar sus obras, las Escuelas Pías. Volver a los pobres es siempre volver a la raíz.</p>
<p>¿Qué pobreza real, personal, comunitaria o social, me está pidiendo abrir más espacio para que la raíz de la justicia pueda crecer en mí?</p>
<p><strong>Raíces que se entrelazan.</strong></p>
<p>Con permiso de los lectores aficionados a la botánica: no es solo una raíz la que sostiene al árbol, sino todo un entramado diverso. Eso es para nosotros la comunidad. La vida escolapia crece cuando estamos juntos, cuando compartimos la misma tierra, cuando atravesamos estrecheces y aun así permanecemos, cuando aceptamos las incomodidades propias de la convivencia, cuando la tarea es invisible y poco reconocida, pero seguimos en pie apuntalándola. La comunidad se fortalece así: cuando nos conocemos de verdad, cuando oramos unos por otros, cuando compartimos luces y sombras, cuando acompañamos la misión de los hermanos, cuando una generación sostiene a otra, cuando entendemos que nuestra misión empieza en la comunidad.</p>
<p>¿Qué rostros concretos están hoy ampliando mi raíz más de lo que yo mismo esperaba?</p>
<p><strong>La raíz como origen: Calasanz</strong></p>
<p>Quienes habéis visitado la Casa General de San Pantaleo seguramente habréis pasado por la habitación de nuestro querido José de la Madre de Dios. Quienes vivimos aquí tenemos la gracia de verla cada vez que rezamos en la capilla. Siempre me impresiona precisamente lo poco que llama la atención. Una cama sencilla, una mesa pequeña y unos pocos objetos más. Nada superfluo, nada que pretenda destacar. Calasanz no vivía desde la apariencia, sino desde el interior. No buscó visibilidad, sino fidelidad; no buscó primero la estructura, sino la confianza; no buscó seguridad, sino misión. Su raíz era nítida: Cristo, los niños y los pobres.</p>
<p>Si regresamos ahí, todo se regenera. Esa es también nuestra raíz común hoy: la fe, la vocación educativa, la preferencia por los pobres, la comunidad, la pastoral y la espiritualidad, y evangelizar educando. De esta raíz humilde y firme nació un árbol que hoy abraza al mundo.</p>
<p>Aprovecho para agradecer al Movimiento Calasanz no solo el lema que nos han regalado, sino todo el trabajo que realizan en tantas presencias escolapias: un trabajo tan discreto y a la vez con tan frutos bonitos que vemos cada semana en los encuentros de los grupos, y también en los grandes eventos, como el reciente Jubileo de los jóvenes. Que cada vez que contemplemos el lema y el logo <em>Tu raíz</em>, nos detengamos un instante a meditar sobre aquello que realmente nos alimenta y nos sostiene.</p>
<p>Que el Adviento nos recuerde que solo crece hacia fuera quien antes crece hacia dentro, y que no hay misión fecunda sin una interioridad bien enraizada.</p>
<p>Jesús,<br />
raíz viva de nuestra vocación,<br />
despierta en nosotros el amor primero,<br />
fortalece lo que está débil,<br />
alimenta lo que está sediento<br />
y haz que nuestras vidas den fruto abundante<br />
para tus pequeños.</p>
<p>Amén.</p>
<p>Con afecto y en comunión,</p>
<p><strong>P. Carles, Sch. P.<br />
Padre General de las Escuelas Pías.</strong></p>
<p>30 de noviembre de 2025, San Andrés, primer domingo de Adviento.</p>
<p>Tomado de: <a href="https://scolopi.org/tu-raiz/" target="_blank" rel="noopener">Scolopi.org</a></p>
<p><a href="applewebdata://4448E84B-3EFD-4B9C-978C-16BEAD575781#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> 37 (36), 9. La versión francesa dice <em>déracinés. Les méchants seront déracinés, mais qui espère le Seigneur possédera la terre.</em><br />
<a href="applewebdata://4448E84B-3EFD-4B9C-978C-16BEAD575781#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> <em>Los pobres son personas bonsái. No hay nada malo en sus semillas. Simplemente, la sociedad nunca les dio una base para crecer. Todo lo que se necesita para sacar a los pobres de la pobreza es que nosotros creemos un entorno propicio para ellos. Una vez que a los pobres se les permita liberar su energía y creatividad, la pobreza desaparecerá muy rápidamente.</em></p>
<p>Yunus, Muhammad. <em>Banker to the Poor: Micro-Lending and the Battle Against World Poverty.</em> Public Affairs, 1999.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>CARTA A LOS HERMANOS NOV 2025</title>
		<link>https://www.escolapios.org.co/carta-a-los-hermanos-nov-2025/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[César Pinzon]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Nov 2025 16:45:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[ACTUALIDAD]]></category>
		<category><![CDATA[Salutatio]]></category>
		<category><![CDATA[Colegios Calasanz]]></category>
		<category><![CDATA[Orden de las Escuelas Pías]]></category>
		<category><![CDATA[Padres Escolapios]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.escolapios.org.co/?p=26163</guid>

					<description><![CDATA[La verdad que cuida Sobre la salvaguarda de los menores y las personas vulnerables en las Escuelas Pías Queridos hermanos y hermanas en las Escuelas Pías, Un paso en Madrid. [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h1 class="entry-title"><strong>La verdad que cuida</strong></h1>
<p>Sobre la salvaguarda de los menores y las personas vulnerables en las Escuelas Pías<br />
Queridos hermanos y hermanas en las Escuelas Pías,</p>
<p><strong>Un paso en Madrid.</strong></p>
<p>Hace pocas semanas, <strong>nos hemos reunido en Madrid</strong> representantes de todas las Demarcaciones de la Orden, y muchos Provinciales, para abordar juntos el tema de la <em>Salvaguarda de los menores y de las personas vulnerables</em>. Ha sido un encuentro denso, honesto y necesario.</p>
<p>El lema escogido (<em>Escuchamos. Prevenimos. Cuidamos</em>) sintetiza bien el espíritu con que queremos caminar. Somos conscientes de que en una semana de trabajo no resolveremos un tema tan hondo y complejo; no es posible concluir algo que, por su naturaleza, permanecerá siempre abierto, <strong>pero sí podemos (y debemos) dar un paso de gigante</strong>.</p>
<p>Recuerdo, al terminar una de las sesiones, un silencio profundo en la sala. Era el silencio de un peso apabullante, pero también compartido. No era la conclusión de una jornada más, ni un encuentro al que uno asiste, escucha ponencias y vuelve a casa. <strong>Este encuentro nos ha conmovido y nos ha cambiado</strong>; ha abierto un proceso, un paso de conversión que pide continuidad, compromiso que ahora debemos hacer crecer en nuestras Demarcaciones, en nuestras presencias, y en cada obra escolapia.</p>
<p>Esta <em>Salutatio</em> quiere ser una palabra fraterna y humilde sobre este camino que aún debemos recorrer juntos.</p>
<p><strong>La herida y la verdad.</strong></p>
<p><strong>El abuso es la noche</strong>. Es el <em>demonio de mediodía<a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftn1" name="_ftnref1"><strong>[1]</strong></a></em>, el vacío interior, la desolación espiritual que quita toda alegría, aun en medio de la luz. Es devastador para las víctimas y sus familias, y deja heridas también en quienes convivieron o trabajaron cerca del victimario. Es una pérdida total, un sufrimiento que se propaga y alcanza a todos, también a la institución que lo sufre y lo lamenta. Sin embargo, solo acercándonos a esta realidad con justicia, compasión y humildad podremos iniciar la reparación y un cambio de cultura.</p>
<p><strong>Escuchar, acompañar, pedir perdón y reparar</strong> son los únicos verbos que restauran.</p>
<p>No esconder nada. Nada puede ocultarse.</p>
<p>Sabemos que, en algunos momentos de nuestra historia, también entre nosotros ha habido sufrimiento, dolor y errores graves. <strong>La verdad no destruye la Iglesia; la purifica</strong>. La transparencia no debilita nuestra misión, la fortalece. El silencio, el encubrimiento o la minimización nos envenenan y nos hacen perder credibilidad ante los pequeños, ante la sociedad y ante el mismo Evangelio. Como recordaba monseñor Jordi Bertomeu<a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>: <em>Para las víctimas, lo primero es la justicia. No puede haber misericordia sin justicia.</em></p>
<p>Hace más de 400 años, <strong>Calasanz nos mostró el camino<a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>: ponerse sin vacilaciones del lado de los pequeños</strong>, protegerlos y educarlos. Por eso fundó las Escuelas Pías, para que cada niño y joven encontrara un lugar seguro donde crecer, aprender y sentirse amado. La protección de las víctimas y la creación de entornos verdaderamente seguros no son una exigencia externa, sino una fidelidad absoluta a la misión calasancia<a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Nuestra reputación no depende de la imagen que proyectamos, sino de la confianza que generamos cuando protegemos y educamos apropiadamente.</p>
<p><strong>Una cultura del cuidado.</strong></p>
<p>El Evangelio nos ha recordado siempre que los pequeños son el centro del Reino. Cuidar, proteger y acompañar a los más frágiles no es una tarea añadida a nuestra misión: <strong>es el corazón mismo de la vocación escolapia</strong>. Por eso, cuando se ha herido a un niño, se ha herido también el alma de las Escuelas Pías.</p>
<p>La prevención no puede reducirse a normas. Los protocolos son necesarios, pero no bastan. La salvaguarda no es un apéndice jurídico: es una <strong>cultura que cuida</strong>, una manera de entender la vida escolapia.</p>
<p>Por eso, distinguimos tres dimensiones inseparables:</p>
<ul>
<li><strong>Promoción:</strong> generar una conciencia viva de respeto, responsabilidad y cuidado.</li>
<li><strong>Prevención:</strong> establecer equipos, estructuras, formación y procesos que reduzcan los riesgos.</li>
<li><strong>Intervención:</strong> actuar con prontitud y justicia ante cualquier señal de abuso, garantizando acompañamiento y reparación.</li>
</ul>
<p>Esta labor necesita una <strong>aproximación <em>científica</em></strong><a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftn5" name="_ftnref5"><em><strong>[5]</strong></em></a>, que nos ayude a identificar los factores de riesgo y las señales de alerta que pueden anticipar situaciones de abuso o de vulnerabilidad: el progresivo aislamiento, la falta de supervisión, la rigidez en las relaciones, la excesiva cercanía, la falta de límites adecuados, el abuso de autoridad o de confianza, y esa frase <em>eso no es asunto tuyo</em>, que pretende silenciar lo que pide ser dicho. Todos estos comportamientos, pequeños o grandes, son síntomas de un entorno que necesita vigilancia y acompañamiento. Todos somos responsables de todos. Debemos ser más atentos y asertivos en el cuidado mutuo.</p>
<p><strong>Una red: nosotros.</strong></p>
<p>Durante la semana en Madrid he vuelto a sentir que <strong>la Orden es una red viva</strong>, una comunión de comunidades, de personas y de obras que se sostienen mutuamente. Las Escuelas Pías no son una suma de Provincias; son un cuerpo, una trama de vínculos y responsabilidades, que solo cobra sentido cuando cada parte asume la responsabilidad del todo. La credibilidad de la Orden se juega en la coherencia de cada una de sus presencias.</p>
<p><strong>Si una parte sufre, todo el cuerpo sufre.</strong> Lo que se hace bien en una provincia fortalece a todas; lo que se omite en un rincón del mundo afecta a la reputación y a la credibilidad de la Orden entera. No podemos permitirnos ese lujo. Este compromiso no es optativo. Afecta a cada provincia, a cada comunidad, a cada obra escolapia. Debemos actuar como una sola comunidad global. <em>Nadie puede quedar atrás.</em><strong> </strong></p>
<p><strong>Humildad y verdad.</strong></p>
<p>Humildad es una palabra fundamental en este proceso. La humildad no es debilidad, sino el valor de mirarnos como somos. Hemos de aceptar que el <em>mal</em> también ha habitado entre nosotros. La imagen de la Última Cena, con Judas, lo explica bien. Judas encarna el mal, pero era parte de los Doce. En algunas representaciones se le ha llegado a borrar del cuadro, pero cuando el arte lo conserva, es una lección de humildad: <strong>ya con Jesús, el mal estaba presente entre los suyos.</strong>Negarlo no nos purifica; aceptarlo con humildad nos hace más creíbles y dignos de confianza.</p>
<p>El <strong>clericalismo</strong> (como señaló la <em>Royal Commission</em> <a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>australiana) ha sido una de las raíces más tóxicas de nuestras resistencias. Es la cultura de la distancia y del privilegio. Solo una comunidad humilde y fraterna puede curar esa herida.</p>
<p><strong>La esperanza, se vislumbra el alba.</strong></p>
<p>El abuso es la noche oscura y cerrada. Pero, como dice san Pablo, <em>La noche está avanzada, el día se acerca<a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftn7" name="_ftnref7"><strong>[7]</strong></a>.</em></p>
<p>No todo es oscuro. <strong>Al final de cada noche el alba despunta en el horizonte</strong>: es la esperanza. Esa esperanza no es ingenua, sino que nace del trabajo bien hecho, de la verdad asumida y del compromiso compartido.</p>
<p><strong>No tengamos miedo</strong>. Estamos caminando hacia un día donde cada niño, cada niña, cada persona vulnerable pueda sentirse segura, escuchada y amada. Ese día se acerca.</p>
<p><strong>Una llamada a la conversión.</strong></p>
<p>Este camino no es un asunto administrativo, es un <strong>proceso espiritual</strong>. No hablamos de estrategia, sino de conversión. De mirar hacia adelante con responsabilidad, sin negar lo que fuimos, pero sabiendo que el Espíritu sigue actuando en medio de nuestras fragilidades. <em>El perdón no cambia el pasado (…) pero puede cambiar el futuro<a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftn8" name="_ftnref8"><strong>[8]</strong></a></em>.</p>
<p>Las Escuelas Pías en su conjunto están llamadas a una conversión pastoral profunda para ser <strong>signo de esperanza</strong>.</p>
<p>Si somos fieles a la verdad que cuida, podremos decir que las Escuelas Pías han dado un paso de gigante, no solo hacia la seguridad institucional, sino <strong>hacia la casa donde todos puedan vivir bien, crecer y sentirse amparados</strong> y amados.</p>
<p>Quiero expresar con <strong>especial gratitud</strong> mi reconocimiento al trabajo<a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a> del <strong>Departamento General de Protección del Menor</strong>, de las <strong>Comisiones de las Demarcaciones</strong>, y a todas las personas que han trabajado sin tregua por la Salvaguarda en la Orden, de manera discreta, perseverante y decisiva. Sé que es una tarea delicada, exigente y, muchas veces, ingrata. Pero es una de las más evangélicas que podemos asumir hoy: cuidar a quien fue herido, proteger a quien puede serlo, y educar en el respeto auténtico. La tarea continúa, el camino está trazado, y no caminamos solos.</p>
<p>Que San José de Calasanz, maestro de los pequeños,<br />
nos enseñe a cuidar como él cuidó.<br />
Y que María, Madre de las Escuelas Pías,<br />
sostenga con su amor las heridas del pasado<br />
y fortalezca nuestra esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oremos juntos, como una gran comunidad escolapia,<br />
por todas las víctimas, por quienes sufrieron y siguen sufriendo,<br />
por quienes buscan justicia y consuelo,<br />
y por una Iglesia más humilde, más verdadera y más capaz de cuidar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con afecto fraterno,</p>
<p>P. Carles Sch.P.<br />
Padre General</p>
<p>Tomado de: <a href="https://scolopi.org/la-verdad-que-cuida/" target="_blank" rel="noopener">Scolopi.org</a></p>
<p><a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Ps 91, 6 (90), que rezamos en <em>completes</em> cada domingo.<br />
<a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Desde 2018 <em>investigador</em> del Vaticano, junto al arzobispo maltés Charles Scicluna.<br />
<a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> <em>Es propio del Instituto de las Escuelas Pías enseñar a los muchachos y particularmente a los pobres, muchos de los cuales por la pobreza o dejadez de sus padres no vienen a las escuelas ni aprenden oficio o ejercicio alguno, sino que van perdidos y ociosos y por tanto fácilmente se dan a diversos juegos, sobre todo a las cartas, y necesariamente cuando no tienen dinero para jugar han de robarlo primero en su casa y luego donde puedan, o bien lo encontrarán por otros pésimos modos. Para atajar desde el principio un mal tan pernicioso para la sociedad, los Padres de las Escuelas Pías se ofrecen a la fatigosa tarea de enseñarles.</em><br />
San José Calasanz, <em>Opera Omnia</em>, vol. 9, p. 313, en <em>Memorial en nombre del P. Dragonetti a favor de los niños pobres</em> (1626).<br />
<a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Para garantizar la seguridad de los niños y la integridad de su obra, Calasanz estableció normas muy estrictas y precisas para los maestros, especialmente para evitar cualquier indicio de mal ejemplo o de contacto inapropiado. Él mismo advertía que tales comportamientos serían una<em> ruina inequívoca para nuestras escuelas</em>.<br />
San José Calasanz, <em>Opera Omnia</em>, vol. 9, p. 79, <em>Declaraciones sobre nuestras Constituciones, Reglas y Ritos Comunes</em> (1637).<br />
<a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> En este sentido, <strong>es fundamental consultar a organismos especializados</strong><strong>,</strong> tanto eclesiales como civiles, que aportan conocimiento, comprensión y una lectura objetiva de los hechos. Resulta valioso el diálogo con <strong>asociaciones de víctimas</strong><strong>, entes gubernamentales sobre el tema, conferencias episcopales</strong> que han desarrollado marcos sólidos, y <strong>centros universitarios o de investigación</strong>.</p>
<p>Entre muchos otros aportes, pueden mencionarse:</p>
<p>– <em>Comisión independiente sobre los abusos sexuales en la Iglesia (CIASE). Les violences sexuelles dans l’Église catholique : France 1950-2020 — Rapport final.</em> París: CIASE, 5 de octubre de 2021.<br />
– <em>Hervieu-Léger, Danièle; Schlegel, Jean-Louis. </em><em>Vers l’implosion ? Entretiens sur le présent et l’avenir du catholicisme.</em> París: Éditions du Seuil, 2022.</p>
<p><a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Royal Commission into Institutional Responses to Child Sexual Abuse (creada por las instancias gubernamentales de Australia). Final Report. Volume 16. Religious Institutions. Book 2, Commonwealth of Australia 2017. <a href="https://www.childabuseroyalcommission.gov.au/final-report" target="_blank" rel="noopener">https://www.childabuseroyalcommission.gov.au/final-report</a><br />
<a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> <em>Nox praecessit, dies autem appropinquabit</em> (Rm 13, 12)<br />
<a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Papa Francisco, <em>Spes non confundit</em>, 23<br />
<a href="applewebdata://995363F1-7209-4C7A-9AA5-17F93CCFB6E9#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Que se puede consultar en la página web que el Departamento de Salvaguarda de la Orden ha puesto en línea <a href="https://scolopi.org/safeguarding" target="_blank" rel="noopener">https://scolopi.org/safeguarding</a>.</p>
<p>O escribir en cualquier momento a <a href="mailto:protezione@scolopi.net">protezione@scolopi.net</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>CARTA A LOS HERMANOS OCT 2025</title>
		<link>https://www.escolapios.org.co/carta-a-los-hermanos-oct-2025/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[César Pinzon]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Oct 2025 16:35:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[ACTUALIDAD]]></category>
		<category><![CDATA[Salutatio]]></category>
		<category><![CDATA[Colegios Calasanz]]></category>
		<category><![CDATA[Escuelas Pías]]></category>
		<category><![CDATA[Orden de las Escuelas Pías]]></category>
		<category><![CDATA[Padres Escolapios]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.escolapios.org.co/?p=26159</guid>

					<description><![CDATA[]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="et_pb_section et_pb_section_0 et_section_regular" >
				
				
				
				
				
				
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				<div class="et_pb_text_inner"><h1 class="entry-title"><strong>Tibi derelictus est pauper</strong></h1>
<p>&nbsp;</p>
<p>Queridos hermanos y hermanas escolapios,</p>
<p>Permitidme comenzar esta carta con un recuerdo personal. En el año 2006 viví en un suburbio de Dakar, Sam Sam, donde tenemos una comunidad y unas obras muy escolapias. Llegué en la estación de lluvias, y para entrar en casa debía atravesar un pequeño vertedero. El primer día lo crucé, escandalizado, saltando de piedra en piedra para no tocar aquella basura y evitar su hedor que todo lo envolvía. Dos meses más tarde, ya pasaba por el vertedero como cualquier vecino, sin darle importancia. Entonces saqué un par de lecciones: <strong>la invisibilidad de la pobreza</strong>, -quizás su mayor problema-: nadie se moviliza por lo que no ve, o no sabe ver; y <strong>la necesidad de personas que nos mantengan despiertos</strong>, para evitar <em>acostumbrarnos</em> a ella, como el rico que varias veces al día se cruzaba con Lázaro sin percibirle.</p>
<p>A lo largo de los años he podido constatar cómo la misión escolapia puede cambiar vidas, incluso salvarlas, o dicho de forma más personal, he tenido la suerte de presenciar cómo muchos escolapios, -hermanos y hermanas-, han sido determinantes <strong>para una vida más digna de muchas personas</strong> cuyo rostro y nombre conozco.</p>
<h2 id="por-que-ahora-hablar-de-la-pobreza"><strong>¿Por qué ahora hablar de la pobreza?</strong></h2>
<p>Porque es un tema que jamás podrá concluirse, por eso debemos revisarlo de forma recurrente en nuestras comunidades, obras y Provincias; <strong>interpelarnos</strong> sin miedo a las propias contradicciones, y <strong>animarnos</strong> siempre.</p>
<p><strong>Octubre</strong> nos invita a mirar a <strong>María</strong>; a recordar <strong>a San</strong> <strong>Francisco</strong> de Asís, modelo de pobreza evangélica, con su radicalidad, incomprensiones y persecuciones; a preparar la <strong>Jornada Mundial de los Pobres</strong><a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>, instituida por el papa Francisco; a alinearnos con la esperada primera exhortación apostólica del <strong>Papa León</strong> <strong>XIV</strong>, <strong><em>Dilexi te</em></strong><a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftn2" name="_ftnref2"><em><strong>[2]</strong></em></a><em>, </em>sobre el amor hacia los pobres; y a informarnos sobre, la situación actual de la pobreza a través del <strong>Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza</strong>, promovido cada 17 de octubre por Naciones Unidas, con el tema de este año centrado en las familias, para que <em>permanezcan unidas, prosperen y forjen su propio futuro<a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftn3" name="_ftnref3"><strong>[3]</strong></a></em>.</p>
<p>Quisiera enfocar este tema en <strong>tres dimensiones</strong>: la pobreza evangélica, la pobreza en clave escolapia, y la pobreza de quienes están atrapadas en ella.</p>
<h2 id="la-belleza-de-la-pobreza-evangelica"><strong>La belleza de la pobreza evangélica.</strong></h2>
<p>Jesús abre las bienaventuranzas proclamando: <em>Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos</em> (Mt 5, 3). A lo largo del Evangelio, la pobreza aparece constantemente: la viuda que da todo lo que tiene, Zaqueo que reparte sus bienes, el joven rico que se resiste, el rico indiferente al pobre Lázaro…</p>
<p>La <strong>pobreza evangélica</strong> no es miseria, ni renuncias forzadas, sino una vida con propósito, coherente con el Evangelio. Es vivir sin falsas seguridades, <strong>confiando plenamente en Dios</strong> y abriéndose al hermano. Es bella porque nos libera, nos humaniza y nos permite amar sin ataduras.</p>
<h2 id="pobres-de-la-madre-de-dios-pobres-como-la-madre-de-dios"><strong>Pobres de la Madre de Dios, pobres <em>como</em> la Madre de Dios.</strong></h2>
<p>Como sabemos, San José Calasanz nos llamaba <strong><em>pobres de la Madre de Dios</em></strong><a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>, ya en 1618<a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>, en lo que probablemente sea la primera mención documentada de esta expresión para los hermanos, en una carta donde la incluye incluso en su firma. En otra carta de 1620<a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a> no solo usa esta expresión, sino que explica su sentido teológico y espiritual:</p>
<p><em>Advierta que somos pobres de la Madre de Dios y no de los hombres, de modo que nuestra importunidad sea con Nuestra Madre y no con los hombres, pues ella no se cansa nunca de nuestras importunidades, pero los hombres sí.</em></p>
<p>Calasanz entendió que nuestra pobreza debía ser una <strong>confianza absoluta en la providencia divina a través de María</strong>, no dependencia de la caridad humana.<br />Por eso, podemos decir también que <strong>somos llamados a ser pobres <em>como</em> la Madre de Dios.</strong></p>
<p>María fue de los <em>anawim</em> de Israel (los pobres del Señor). Los pequeños que no tienen otra riqueza que su confianza en Dios. En su Magnificat proclama la grandeza de un Dios que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.</p>
<p>Su pobreza no fue miseria, sino <strong>plenitud en la fe y en el seguimiento. </strong>Ser <strong>pobres <em>de</em> María</strong> significa pertenecerle; ser <strong>pobres <em>como</em> María</strong> significa imitar su confianza y su entrega total. Ella es el modelo de quien no se aferra a nada para que Dios lo sea todo.</p>
<p><strong><em>Tibi derelictus est pauper. </em></strong></p>
<p><strong><em>A ti se te ha confiado el pobre</em></strong><strong>: </strong><em><strong>qué hermosa vocación.</strong></em></p>
<p>Qué hermosa vocación la nuestra: el pobre se abandona en las manos de Dios, pero también, misteriosamente, en las nuestras. <strong>Es a nosotros (a cada uno) a quienes se confía su vida frágil</strong>. Ese <strong><em>tibi</em></strong> del salmo es directo, impertinente e ineludible. Nos señala por nuestro nombre. No podemos mirar hacia otro lado. La confianza del pobre en Dios se convierte en una misión que se deposita en nuestras manos, <strong>estar allí donde el Señor escucha el grito de los pobres</strong>, compartir su destino, y sostener con ellos la esperanza que se abre paso en medio de la fragilidad.</p>
<p>La pobreza no es una estadística, ni una causa, tiene <strong>rostro, mirada y nombre</strong>, y nuestra vocación escolapia consiste en acoger esa vida confiada con ternura, inteligencia y compromiso. Porque en cada pobre que se nos confía, Dios nos está confiando algo de sí mismo.</p>
<p><strong>Nuestra misión entre los pobres.</strong></p>
<p>Las <strong>Escuelas Pías nacieron del</strong> <strong>encuentro de Calasanz con un niño pobre</strong>. No quiso aceptar la pobreza como destino, sino <strong>transformarla por medio de la educación</strong>. Por eso, nuestra misión no es hablar de los pobres, sino <strong>reducir efectivamente la pobreza en el mundo</strong>.</p>
<p>Esto exige tres actitudes:</p>
<p><strong>1.- Sentir la pobreza</strong>.</p>
<p>Desde que la palabra pobreza entró en mi vocabulario, nunca he dejado de preguntarme por su misterio. No se trata solo de comprenderla o analizarla, sino de sentirla, de dejar que nos toque, que nos interpele, que nos duela.</p>
<p>Necesitamos <strong><em>ptōchógogos</em></strong><a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>, personas que nos conduzcan hacia los pobres, que nos despierten del letargo y nos devuelvan la capacidad de mirar con compasión. Son quienes nos ayudan a desarrollar una sensibilidad que no se adormece ante el sufrimiento ni se acostumbra a la injusticia.</p>
<p>Os invito a <strong>hacer una pausa</strong>, a quienes leéis esta <em>Salutatio</em>, para recordar con gratitud a esas personas (quizás algunos escolapios) que nos han abierto los ojos y el corazón. Compartamos también las lecturas y testimonios que nos han acompañado en ese camino; entre las mías, una de las primeras fue la de Majid Rahnema, <em>Quand la misère chasse la pauvreté </em><a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. <strong>Me alegraría conocer también las vuestras</strong>, los nombres, las vivencias, o las lecturas que os han ayudado a mirar la pobreza con más hondura y esperanza.</p>
<p><strong>2.- Conocer la pobreza</strong>.</p>
<p>No basta con sentirla; hay que entenderla en toda su complejidad, sus causas multifactoriales: económicas, sociales, culturales, políticas, educativas, también espirituales. <strong>Si</strong> <strong>no las entendemos, corremos el riesgo de actuar de modo asistencialista o superficial</strong>, aliviando síntomas sin tocar las raíces.</p>
<p>Pero conocer la pobreza no es solo cuestión de ideas, sino de <strong>ubicación interior</strong>. Como suelo decir, <strong>tenemos la cabeza donde tenemos los pies</strong>: si nuestros pies están lejos de los pobres, también lo estará nuestra comprensión. El reto no es solo pensar o estudiar, sino pensar desde el lugar adecuado. Los entornos moldean nuestra mirada; y si nuestro entorno es cómodo y estable, sin darnos cuenta podemos aburguesarnos, incluso justificar nuestras distancias.</p>
<p><strong>3.- Vivir desde donde están los pobres</strong>.</p>
<p>Solo desde la realidad de los pobres nuestra misión es creíble. No basta con trabajar <em>para</em> ellos, ni siquiera <em>con</em> ellos; necesitamos también hacerlo<strong> <em>desde</em> ellos</strong>. Es decir, desde su manera de entender la vida y de resistir. Este <em>desde</em> nos resitúa no como benefactores, sino como hermanos.</p>
<p>Trabajar para, con y desde los pobres resitúa nuestra identidad. No somos simples prestadores de servicios, ni funcionarios de instituciones educativas o sociales; somos <strong>religiosos y laicos movidos por una vocación</strong>, que dan la vida <em>sin mirar atrás.</em></p>
<p>No es solo un compromiso social, sino una <strong>experiencia espiritual</strong>: <em>Cuando te haces cercano a un pobre, es Jesús quien se acerca a ti <a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftn9" name="_ftnref9"><strong>[9]</strong></a>. Quien más gracia recibe de la limosna es quien la da, porque se deja mirar por los ojos del Señor</em>. Y en esa cercanía sucede algo decisivo, quien más gracia recibe no es quien da, sino quien se deja mirar por los ojos del Señor a través del pobre.</p>
<p><strong>Mirada social y samaritana.</strong></p>
<p>Allí donde no podamos cambiar estructuralmente la realidad, por contexto o historia, estamos llamados al menos a tener una <strong>mirada social y samaritana</strong>, a vivir con conciencia de la injusticia y con deseo de repararla. Recordemos la parábola del <em>buen samaritano</em>: si no podemos cuidar <em>directamente</em> al herido, al menos debemos confiarlo al posadero<a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a> que nos ayude a hacerlo. Nuestras alianzas, redes y proyectos sociales son esos <em>posaderos</em> que nos permiten seguir cuidando la vida de los descartados.</p>
<p>También pienso en <strong>Don Antonio Brandini</strong>, párroco de Santa Dorotea en 1597. Su deseo de asistir le llevó a abrir unas sencillas dependencias junto a la parroquia, donde un par de maestros daban clases a los niños del barrio. Pero fue la llegada de san José Calasanz la que transformó aquella buena intención en una obra duradera. Con su ingenio y pasión, dio estructura y visión a lo que acabaría siendo la primera escuela popular gratuita de Europa. Este episodio nos recuerda que, a veces, estamos llamados a ser como Brandini, personas que ofrecen lo que tienen, espacios, tiempo o confianza, para que otros puedan dar forma a proyectos que cambian la vida de los jóvenes. La misión escolapia también nace así, <strong>de la colaboración humilde entre quienes sueñan y quienes hacen posible el sueño.</strong></p>
<p><strong>Una fidelidad que se revisa.</strong></p>
<p><strong>Quiero felicitar</strong> a tantos religiosos y laicos escolapios que, con su entrega cotidiana, ofrecen oportunidades reales de vida y de esperanza. Muchos no son conscientes del bien que hacen; otros sufren y se desgastan por la complejidad de los entornos donde trabajan. A todos ellos, mi gratitud y mi oración.</p>
<p>Pero también necesitamos un <strong>cuestionamiento</strong> <strong>constante</strong>. No una desconfianza hacia lo que somos, sino una <strong>actitud humilde de discernimiento</strong>. Las presencias escolapias y las Demarcaciones han de preguntarse, con sencillez y verdad, si seguimos respondiendo al carisma de Calasanz, a la intuición fundacional que dio origen a nuestra misión, al sentido profundo de nuestra vocación escolapia.</p>
<p>Y quizás valga la pena dejarnos interpelar por algunas preguntas:</p>
<p>¿Estamos realmente donde somos más <em>necesarios</em>?<br />¿Nuestras obras siguen siendo respuesta a los niños y jóvenes que más necesitan <em>oportunidades</em>?<br />¿Mantenemos viva la <em>pasión</em> educativa y evangelizadora que nos puso en camino?<br />¿Nuestra manera de vivir expresa todavía la <em>sobriedad</em> y la <em>esperanza</em> de los pobres del Evangelio?</p>
<p>Que el Señor, por intercesión de María,<br />nos conceda la gracia de vivir <strong>pobres de la Madre de Dios, </strong><br /><strong>y pobres como la Madre de Dios</strong>,<br />para que nuestra vida y nuestras obras<br />sean buena noticia para los pequeños.</p>
<p>Con afecto fraterno,</p>
<p>P. Carles, SchP.<br />Padre General</p>
<p>Tomado de: <a href="https://scolopi.org/tibi-derelictus-est-pauper/" target="_blank" rel="noopener">Scolopi.org</a></p>
<p><a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Os comparto la compilación de los ocho mensajes que el papa Francisco nos dirigió con ocasión de la <em>Jornada Mundial de los Pobres</em>, que él mismo instituyó el XXXIII Domingo. Os invito a leerlos: https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/poveri.html<br /><a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> La exhortación apostólica <em>Te he amado</em> tendrá como tema el amor a los pobres, según la prensa vaticana.<br /><a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> https://www.un.org/es/observances/day-for-eradicating-poverty<br /><a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> El 4 de abril, y firma como <em>Vice-Prefecto de los Pobres de la Madre de Dios</em>. <em>Opera Omnia</em>, vol. 1, p. 54.<br /><a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> El 19 de octubre dirige una carta <em>Al Cmo. hermano en Cristo Juan Pedro de la Virgen de los Ángeles, pobre de la Madre de Dios, en Frascati</em>. <em>Opera Omnia</em>, vol. 1, p. 63.<br /><a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> El 23 de diciembre. <em>Opera Omnia</em>, vol. 1, p. 105.<br /><a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> πτωχὸς + γωγoς pobre, en el relato de Lázaro (Lc 16, 20), y conducir o guiar.<br /><a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Rahnema, Majid <em>Quand la misère chasse la pauvreté (Cuando la miseria ahuyenta a la pobreza),</em>Essai. Actes Sud. (2003).<br /><a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Papa Francisco, Angelus del 27 de octubre de 2024.<br /><a href="applewebdata://6C09CF96-9888-4BC7-986E-B601DE7FCBAD#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Lc 10, 35.</p></div>
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		<title>CARTA A LOS HERMANOS SEP 2025</title>
		<link>https://www.escolapios.org.co/carta-a-los-hermanos-sep-2025/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[César Pinzon]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Sep 2025 18:37:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salutatio]]></category>
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					<description><![CDATA[La esperanza nos sostiene Queridos hermanos y hermanas, Permitidme comenzar esta Salutatio compartiendo un recuerdo que aún resuena con fuerza en el corazón. Hemos vivido recientemente el Jubileo de los [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2 id="la-esperanza-nos-sostiene"><strong>La esperanza nos sostiene</strong></h2>
<p>Queridos hermanos y hermanas,</p>
<p>Permitidme comenzar esta <em>Salutatio</em> compartiendo un recuerdo que aún resuena con fuerza en el corazón. Hemos vivido recientemente el <strong>Jubileo de los Jóvenes</strong> en Roma, y creo que somos muchos los que todavía sentimos la emoción de aquellos días: la ciudad eterna rejuvenecida por el entusiasmo de los peregrinos, y San Pantaleo desbordando vida, lleno de jóvenes de nuestros grupos que parecían revivir los tiempos de nuestro Santo Padre José Calasanz, cuando la Casa General era un colegio bullicioso, repleto de alumnos alegres y esperanzados.</p>
<p>Para nosotros, escolapios, fue conmovedor contemplar a tantos jóvenes conversando, cantando, compartiendo la fe con autenticidad y sencillez. El Día Escolapio, con la emotiva celebración en Sant’Andrea della Valle, nos ayudó a redescubrir el sentido auténtico de <strong>ser peregrinos, no turistas</strong>, caminantes en ruta hacia Dios, dejando comodidades, descubriendo no lugares, sino las maravillas de Dios en hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas, y la grandeza de ponerse a su servicio.</p>
<p>Quiero expresar mi más <strong>sincero agradecimiento</strong> a la Comisión del Jubileo escolapio. Su dedicación discreta y constante ha permitido que cada detalle estuviera cuidado y ha hecho posible que todos pudiéramos vivir estos <strong>días el don de la esperanza</strong>.</p>
<p>El Jubileo bíblico, instituido en el libro del Levítico, se celebra al llegar el año cincuenta, después de contar <em>siete semanas de años, siete veces siete años</em> (Lv 25,8). Pero no podemos reducir el Jubileo a una simple celebración por haber alcanzado un número redondo, como si se tratara de un aniversario simbólico, sino el fruto de un <strong>tiempo cumplido, colmado y rebosante</strong>, que se abre a un horizonte nuevo. El Jubileo es la señal de que el tiempo ha sido vivido, trabajado y cultivado con fidelidad; es la plenitud que nace de la perseverancia diaria.</p>
<p>En este año sagrado se pregona la libertad, se perdonan las deudas, se restablece la justicia y se restituye lo que se había perdido. <strong>El Jubileo es un tiempo de gracia</strong>, que no procede de la aritmética de los días, sino de la misericordia de Dios y del esfuerzo honesto de quienes han sabido sembrar. Es un signo, capaz de transformar la historia, restaurar la dignidad y abrir caminos de recomienzo. Por eso, cada Jubileo es también una llamada a preparar el corazón para una renovación profunda, personal y comunitaria.</p>
<p>Vivimos tiempos marcados por la incertidumbre, la injusticia, conflictos bélicos, crisis institucionales y la falta de sentido. También en nuestras comunidades sentimos el cansancio; la rutina desgasta y puede llegar a oscurecer la misión. Hay claustros fatigados, religiosos y laicos que se sienten sobrecargados por tareas inmensas, y no pocos enfrentan fragilidades emocionales o psicológicas. En este contexto, la <strong>pregunta por el propio destino</strong> emerge con fuerza en nuestros corazones. Es una pregunta grande, que nos excede, y sin embargo decisiva: <em>¿Qué será de mí mañana? </em>Su respuesta exige un discernimiento fino, lúcido y paciente, porque una respuesta equivocada puede arrastrarnos al fatalismo o a la desesperanza, o bien a una falsa seguridad que, en realidad, no nos sostiene.</p>
<p>Frente a esta inquietud, la esperanza no aparece como un lujo, sino como una necesidad vital. No es ingenuidad, ni simple optimismo, sino una fuerza real que sostiene e impulsa. Como virtud teologal, <strong>nos abre a la certeza de que Dios camina con nosotros</strong>, incluso en la noche más oscura.</p>
<p>Cuando surge en nosotros la pregunta que nace del desánimo, <em>¿dónde encuentro esperanza cuando mis fuerzas flaquean? </em>quizás podamos responder con otra pregunta igualmente decisiva <strong><em>¿Cuándo fue la última vez que experimenté una esperanza que me sostuvo de verdad?</em></strong>  Mirar hacia atrás y recordar los momentos en que la esperanza nos sostuvo, cuando parecía que no había salida, nos ayuda a reconocer que no se trata de una idea abstracta, sino una realidad que ya hemos vivido. En nuestra historia personal y comunitaria hay huellas concretas de esa esperanza: ocasiones en que recibimos apoyo inesperado, en que la oración nos devolvió paz, en que alguien nos tendió una mano, en que la fe nos dio refugio. <strong>Esta memoria agradecida es un antídoto contra la desesperanza</strong>. Nos enseña que, así como Dios nos sostuvo antes, lo hará de nuevo. La esperanza se alimenta de esa experiencia viva, la certeza nacida de la historia concreta de salvación que Dios escribe con nosotros.</p>
<p>Estas últimas Navidades, junto a algunos hermanos de San Pantaleo y Montemario acudimos a la plaza San Pedro para recibir la bendición <em>Urbi et Orbi</em>. En su mensaje<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftn1" name="_ftnref1"><em><strong>[1]</strong></em></a>, el Papa Francisco recordó a catorce países heridos por el dolor, siete de los cuales cuentan con presencia escolapia. Aquellas palabras me conmovieron profundamente y pensé en tantos escolapios que, en medio de contextos difíciles, siguen transmitiendo vida, enseñando, acompañando, evangelizando, siendo <strong>testigos silenciosos de esperanza</strong>. A todos vosotros, ¡gracias! Sois signo concreto y vivo de que la esperanza cristiana no se apoya en ilusiones, sino en la certeza de que Cristo resucitado nos precede y nos acompaña.</p>
<p>La esperanza, junto con la fe y la caridad<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, es <strong>virtud teologal que nos lleva a otro plano existencial</strong>. No es un sentimiento, ni optimismo, sino la confianza radical en las promesas de Dios incluso (especialmente) en medio de los ahogos. Cuánto más sólida es mi fe, cuánto más indiviso es mi corazón, cuando estoy convencido que Jesús es el Señor y puede salvarnos, tiene lugar la esperanza.</p>
<p>Para profundizar en el sentido de la esperanza, podemos dejarnos iluminar por algunos autores que han reflexionado sobre su fuerza transformadora desde distintas perspectivas. Cito a tres, Jürgen Moltmann<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, Erich Fromm<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> y el contemporáneo Byung-Chul Han<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Sorprende comprobar la actualidad y vigencia de sus reflexiones, que dialogan con los desafíos espirituales y culturales de nuestro tiempo y nos <strong>ofrecen claves para vivir orientación y profundidad</strong>. Si me lo permitís, recomiendo vivamente acercarse al tercero, <em>El espíritu de la esperanza</em>. Es un texto breve, casi como un sorbo, que ofrece una mirada profunda, realista e integradora sobre lo que significa esperar, y su lectura me resulta especialmente oportuna en este año jubilar.</p>
<p>El Magisterio de la Iglesia ha reflexionado ampliamente sobre la esperanza como don que sostiene y transforma la vida. Benedicto XVI, en <em>Spe Salvi</em>, nos asegura que la esperanza no es un consuelo frágil, sino una fuerza firme que hace soportable incluso lo más desafiante del presente, <strong>una certeza arraigada en Cristo resucitado</strong> que da consistencia al presente y abre caminos de futuro cuando <em>dice se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftn6" name="_ftnref6"><strong>[6]</strong></a>.</em></p>
<p>El Papa Francisco, en la bula <strong><em>Spes non confundit</em></strong> para el Jubileo 2025,  profundiza en esta visión recordando que <em>todos esperan. En el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana</em><a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a><em>. </em>Nos invita a reconocer que la esperanza es parte de la <strong>identidad más profunda del ser humano</strong>, una aspiración universal que el Jubileo quiere despertar, avivar y fortalecer. Es oportuno y bello que Francisco haya elegido para esta bula el título tomado de san Pablo <em>Spes non confundit</em><a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>, recordándonos que <em>la esperanza no defrauda</em> porque se apoya en la fidelidad de Dios. Este año santo se convierte así en una ocasión privilegiada para renovar el aliento de la esperanza y compartirlo con un mundo sediento de sentido y compasión.</p>
<p><em>Hagan oración y persistan en el trabajo con la esperanza segura en la ayuda divina, la cual no faltará a sus siervos en ningún tiempo</em><a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftn9" name="_ftnref9"><em><strong>[9]</strong></em></a>. Con estas palabras, escritas el 25 de enero 1647, Calasanz revela la clave de su vida espiritual: una esperanza firme, arraigada en la oración constante, la confianza absoluta en la Providencia y el trabajo fiel en el ministerio educativo y pastoral que Dios le había confiado. <strong>Orar, trabajar y esperar</strong>, este fue el eje de su vocación y de su legado.</p>
<p>En un tiempo de tensiones internas, dificultades económicas y oposición externa, Calasanz nunca se dejó vencer por el desánimo. Su visión, templada en la prueba, se sostenía en la certeza de que las Escuelas Pías eran obra de Dios y que Él no dejaría de acompañarlas, incluso en los momentos más difíciles. Para Calasanz, la esperanza no era evasión, sino una <strong>virtud activa y una decisión diaria</strong>: perseverar, orar y trabajar confiando en que Dios abriría el camino. Su ejemplo sigue inspirándonos, recordándonos que la fidelidad cotidiana, vivida con esperanza, transforma comunidades, sostiene la misión y da fruto en la vida de los niños, niñas y jóvenes a los que servimos.</p>
<p>La esperanza no es un adorno espiritual ni un optimismo miope incapaz de apasionarnos con lo que todavía no existe. Es un <strong>modo de vivir desde Dios</strong>. Nace de un presente que nos <strong>ofrece sentido y propósito</strong>, se <strong>orienta hacia un futuro</strong> que no controlamos pero que confiamos a Dios, y se manifiesta en una <strong>alegría serena</strong> <strong>que nadie puede arrebatarnos</strong><a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. Vivir con esperanza es aceptar la vida con sus luces y sombras, pero sin resignación; es creer que lo estéril puede florecer, que la semilla oculta dará fruto, que las lágrimas pueden convertirse en cosecha<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.</p>
<p>Fomentar la esperanza es más que un ideal, es el <strong>motor que impulsa nuestra misión educativa y evangelizadora</strong>, la fuerza que nos estira hacia adelante. La esperanza no se enseña ni se explica, se contagia con nuestro testimonio cuando soñamos sin ser ingenuos, trabajamos con pasión militante y vivimos desde la fe. En el corazón escolapio, esta esperanza se traduce en educar y evangelizar, convencidos de que <strong>cada niño y joven encierra una promesa de futuro</strong>.</p>
<p>Ser escolapio, religioso o laico, significa ser <strong><em>Elpíforo<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a></em></strong>, <strong>portador de esperanza</strong>. Esta tarea no es individual, sino comunitaria, el <strong>sujeto de la esperanza es un nosotros</strong>. Dios nos confía el don de su esperanza para que la compartamos y la contagiemos, para que nuestra presencia sea una luz que se expande. Por eso, te invito a dejar resonar una última pregunta <em>¿quién necesita hoy que seas para él o ella un portador de esperanza?</em> Si dejamos que esta pregunta nos guíe nuestra misión será más fecunda y sembrarán futuro allí donde otros solo ven incertidumbre.<strong> </strong></p>
<p>Hoy, en nuestra Orden, en nuestras comunidades y presencias escolapias, necesitamos <strong>revitalizar nuestra esperanza</strong>. No como evasión, sino como impulso. No como un futuro lejano, sino como <strong>una forma concreta de vivir el presente con sentido. </strong>Que este sea nuestro compromiso como familia escolapia.</p>
<p>Señor Jesús, fuente de nuestra esperanza,<br />
Renueva en nosotros la alegría de tu Evangelio,<br />
y haznos portadores de esperanza para todos los que caminan con nosotros.<br />
– Amén.</p>
<p>P. Carles, SchP.</p>
<p><em>Tomado de:</em> <a href="https://scolopi.org/la-esperanza-nos-sostiene/" target="_blank" rel="noopener">scolopi.org</a></p>
<p><a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/urbi/documents/20241225-urbi-et-orbi-natale.html<br />
<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> 1 Co 13, 13<br />
<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Moltmann, J. <em>Teología de la esperanza</em>, 1964.<br />
<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Fromm, E. <em>La revolución de la esperanza</em>, 1968.<br />
<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Han, B.-C. <em>El espíritu de la esperanza</em>, 2024.<br />
<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Benedicto XVI. <em>Spe Salvi. Carta Encíclica sobre la esperanza cristiana</em>, n. 1, Vaticano, 30 de noviembre de 2007.<br />
<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Francisco. <em>Spes non confundit</em>. Bolla de indicción del Jubileo Ordinario del Año 2025, n1 . Vaticano, 9 de mayo de 2024.<br />
<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> <em>La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo</em> (Rm 5, 5).<br />
<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> San José Calasanz, <em>Opera Omnia</em> vol. VIII, p. 358.<br />
<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Jn 16, 22.<br />
<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Sal 126, 5.<br />
<a href="applewebdata://41019962-144E-439C-BBF4-AE2E18C92DB3#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> ἐλπὶς, expresión usada en Rom 5, 5 para la <em>esperanza</em>, φόρος de φέρω, llevar, portar.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
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		<title>CARTA A LOS HERMANOS JULIO 2025</title>
		<link>https://www.escolapios.org.co/carta-a-los-hermanos-julio-2025/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[César Pinzon]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 Jul 2025 18:03:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[ACTUALIDAD]]></category>
		<category><![CDATA[Salutatio]]></category>
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					<description><![CDATA[Inspirados Queridos hermanos, Con inmenso respeto y corazón agradecido me dirijo a vosotros por primera vez como Padre General de nuestra amada Orden. Lo hago desde Bamè, en Benín (cerca [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h1><strong>Inspirados</strong></h1>
<p>Queridos hermanos,</p>
<p>Con inmenso respeto y corazón agradecido me dirijo a vosotros por primera vez como Padre General de nuestra amada Orden. Lo hago desde Bamè, en Benín (cerca de la presencia de la Provincia de las Escuelas Pías del África del Oeste) donde estamos viviendo la <strong>tercera edición del programa <em>Escuelas Pías en Salida</em></strong>. La elección de la ubicación no es casual. Desde aquí quiero comenzar esta relación epistolar con toda la Orden, porque aquí late con fuerza el Evangelio que es Buena Noticia para muchos, y el carisma calasancio en expansión. Aquí se encarna esa vocación misionera que nos impulsa a abrir caminos nuevos, y generar misión para la educación, la fe y la justicia.</p>
<p>Antes de todo, deseo expresar en esta <em>Salutatio</em>, dirigida a la gran comunidad escolapia, mi gratitud al P. Pedro por su entrega generosa, su afortunado atrevimiento y tesonera paciencia, y su amor profundo por las Escuelas Pías. Su magisterio ha trazado un surco fértil por el que ahora podemos seguir avanzando con confianza.</p>
<p>Inicio esta nueva misión con sencillez y espíritu de servicio, consciente del contexto de la transición, y también profundamente confiado en la fuerza del carisma que compartimos. Sé que no camino solo. La comunión con todos vosotros y con el Señor que nos ha llamado será mi sostén cotidiano.</p>
<p>Quisiera que esta carta (y las que seguirán cada mes) pueda cumplir con la <strong>humilde y preciosa misión que tuvo la correspondencia de nuestro Santo Padre, José Calasanz</strong>, y que continuó Pedro con fidelidad: ser un cauce de comunión, una invitación a la reflexión compartida, una ventana abierta a lo que el Espíritu va suscitando entre nosotros, y, sobre todo, <strong>una fuente de inspiración</strong>.</p>
<p>La inspiración es una actitud decisiva en la vida religiosa, en el ministerio educativo, en nuestra presencia evangelizadora. En un mundo cada vez más ahogado por la gestión administrativa, desnortado con la lógica del rendimiento, que amenaza con secar el alma de nuestras misiones, necesitamos espacios donde nos vuelva a brillar la mirada. <strong>Necesitamos recuperar el asombro, el ardor, la pasión fundante</strong>. Estamos necesitados de inspiración, porque sin ella, todo se apaga.</p>
<p><em>Inspirar es nacer </em></p>
<p>Inspirar no es una palabra trivial. Viene del latín <em>inspirare</em>, insuflar, soplar hacia dentro. Es el aliento vital. La primera acción que hacemos al nacer es inspirar. Y es la inspiración lo que sostiene la vida: sin aire, sin aliento, sin espíritu, nada florece. En hebreo, la palabra <em>ruaj</em> significa al mismo tiempo viento, soplo, espíritu. La inspiración es, en definitiva, <strong>la presencia del Espíritu de Dios en nosotros</strong>, que recorre la historia de la salvación desde el Génesis hasta Pentecostés. Como nos recuerda Karl Rahner, <em>el cristiano del futuro será un místico, o no será<a href="applewebdata://A4444AD2-396D-4DC6-A7AB-C9A97A8A2936#_ftn1" name="_ftnref1"><strong>[1]</strong></a></em>. La mística comienza con una inspiración, cuando dejamos que Otro nos aliente dentro de nosotros.</p>
<p><em>Escolapios inspirados </em></p>
<p>Por eso hemos querido que <strong>nuestra Orden se oriente y se anime precisamente con las <em>claves de vida y de inspiración</em></strong>(autenticidad-identidad, sinodalidad, sostenibilidad y en salida). Porque no queremos vivir por inercia, ni servir por costumbre. <strong>Queremos vivir inspirados, y ser capaces de inspirar a otros</strong>. Inspirados por el Evangelio, por Calasanz, por los niños y niñas que acompañamos, por la vida de nuestras comunidades. Como los discípulos de Emaús, que no reconocieron a Jesús en el camino, mientras les explicaba las Escrituras, sino después, cuando compartió mesa con ellos, y sólo entonces comprendieron que su corazón ardía, por el fuego interior que encendió su encuentro con Él<a href="applewebdata://A4444AD2-396D-4DC6-A7AB-C9A97A8A2936#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</p>
<p>Vivir las claves de vida y de inspiración no es vivir desde un eslogan, ni un lema afortunado, sino que es un <strong>modo de estar en el mundo</strong>. Es permitir que nos atraviesen, que nos transformen. Vivir en clave de inspiración es dejarse tocar, conmover, sacudir. Es hacer espacio dentro de nosotros para que el Espíritu sople.</p>
<p><em>La inspiración es una gracia y una tarea </em></p>
<p>Pero todos sabemos que <strong>no es fácil vivir <em>inspirados</em></strong>. La inspiración es como una chispa que a veces irrumpe sin previo aviso y otras se oculta durante días, más de los que quisiéramos. Por eso necesitamos aprender a reconocerla cuando asoma, a acogerla con gratitud, a desarrollarla con paciencia, a compartirla con humildad y a custodiarla con esmero. La inspiración es un don del Espíritu, pero también una tarea que nos implica. <strong>Requiere discernimiento, constancia y cuidado</strong>. No basta con recibirla: hemos de hacernos responsables de ella. Porque toda inspiración auténtica reclama continuidad, pide ser traducida en gestos, en decisiones, en caminos abiertos. <strong>Nos compromete a transformarla en algo concreto</strong>, fecundo, compartible. Ser fieles a la inspiración recibida es parte esencial de nuestra vocación.</p>
<p><em>Jesús una fuente de inspiración para todos los que se cruzaban con él.</em></p>
<p>En este punto, no puedo dejar de pensar en Jesús. En sus gestos, en su manera de mirar, de tocar, de detenerse. Jesús no era un gestor de lo religioso, en cada página del Evangelio vemos que era <strong>una fuente de inspiración para todos los que se cruzaban con él</strong>. Y lo sigue siendo. No se trata de imitarle exteriormente, sino de dejarnos alcanzar por su manera de ser. Admirar, contemplar, dejar que su inspiración nos transforme. Jesús mismo es nuestro primer referente ¡Cuánto podemos aprender de su forma de inspirar!</p>
<p>La inspiración nos puede llegar también a través de <strong>una persona con su testimonio discreto, una conversación cuidada, una lectura que nos toca </strong>en lo más hondo. Deberíamos prestar más atención a lo que nos inspira. Necesitamos referentes, no solo para admirarlos, sino para imitarlos, que nos interpelen y nos impulsen a la virtud.</p>
<p>Una forma concreta de crecer en inspiración es compartir lo que nos ilumina (permitidme una pequeña confidencia personal: este compartir es una de las bondades de la comunidad de San Pantaleo). Qué bueno es recomendarnos lecturas, regalar fragmentos, abrir preguntas entre nosotros: ¿Qué te está inspirando estos días? ¿Qué pasaje del Evangelio te acompaña últimamente? ¿Qué carta de Calasanz te conmueve de verdad? A mí, una de las que más me inspira es la 4342<a href="applewebdata://A4444AD2-396D-4DC6-A7AB-C9A97A8A2936#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. Os invito a buscar la carta, un poco de “<em>clickbait</em> calasancio” nunca va mal para acercarnos a la <em>Opera Omnia</em>.</p>
<p>A menudo, la palabra <em>inspiración</em> evoca imágenes de figuras colosales que transformaron el mundo, ellos son faros, guías luminosas. Sin embargo, en la cotidianidad de nuestras vidas, en la trama más íntima de nuestras relaciones, se esconde <strong>una verdad poderosa, todos estamos llamados a ser fuentes de inspiración</strong>. Seguramente, sin grandes tribunas, ni hazañas épicas. Pero para encender la <em>chispa</em> en el corazón de otro, basta con la autenticidad. Basta con ser fieles a nosotros mismos y a nuestros principios. Vivir con verdad en cada acto y cada palabra, una mirada cargada de ternura, una escucha atenta son gestos que resuenan en el alma.</p>
<p><em>Salir es vivir </em></p>
<p>Hoy, desde esta formación de <em>Escuelas Pías en Salida</em>, esta inspiración a través de las claves de la Orden se hace especialmente visible.</p>
<p>La escena es esta: <strong>21 jóvenes escolapios de diferentes países y demarcaciones</strong>, Anselmo, Dániel, Edison, Esteban, Francis Gerysan, Gildas, Isaac, Jaffarson, Karuna, Louis A., Alfredo, Louis Y., Martín, Noël, József, Juan Pablo, Stefano, Alex y un servidor, reunidos en una modesta casa de retiros en Benín durante un par de semanas.</p>
<p>Reflexionan, rezan, trabajan, sueñan, preguntan, se forman… para vivir su vocación no como un refugio sino como una salida misionera, educativa y pastoral. Este programa nació hace algunos años con el deseo de formar religiosos capaces de <strong>habitar las periferias, de emprender con coraje nuevas presencias, de ser hermanos para los últimos</strong>.</p>
<p>Es una manera de entendernos como Iglesia, como Escuelas Pías: <em>Hoy, en este «id» de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva «salida» misionera. Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio<a href="applewebdata://A4444AD2-396D-4DC6-A7AB-C9A97A8A2936#_ftn4" name="_ftnref4"><strong>[4]</strong></a>.</em></p>
<p>Vivir en salida es signo de una Orden que no <em>envejece</em>, porque se atreve a ser misionera. Porque seguimos creyendo que el carisma de <strong>Calasanz es fecundo allí donde el Evangelio es más necesario</strong>. Salir no es algo añadido, es el latido mismo del corazón del carisma que anima las Escuelas Pías.</p>
<p>Vale la pena repetirlo, vivir en salida no significa necesariamente cambiar de país o cambiar de Demarcación. Significa, sobre todo, <strong>una manera de estar en el mundo y de entender nuestra vocación escolapia</strong>, con disponibilidad interior, con sentido de envío, con pasión por la misión, también en nuestra propia realidad local, como los apóstoles en el Pentecostés, misma realidad, con nueva mirada.</p>
<p><strong>Necesitamos vivir la experiencia de emprender</strong>, de fundar, de dar forma a respuestas nuevas ante los desafíos del mundo. La fidelidad a nuestra vocación no se expresa en la mera gestión de lo que ya existe, sino en la valentía de abrir caminos, porque los escolapios no estamos llamados a ser simples administradores.</p>
<p>Eso es precisamente lo que veo en los padres Augustin Moro, Soïne Gandaho (quien, por cierto, ha preparado una acogida excelente y atenta para todos los participantes de esta edición de Escuelas Pías en salida) y Alex Adandé. Juntos están dando forma con determinación calasancia a la presencia escolapia en Benín, desde su fundación en agosto de 2022. Poco a poco y con paso firme, están haciendo realidad una escuela que crece, un internado soñado, y una comunidad parroquial viva y sencilla. Celebran la Eucaristía bajo una estructura de palmas. No tienen aún un templo de ladrillo, pero ya son Iglesia. La comunidad existe antes que el edificio, eso es lo que sostiene todo lo demás. Lo esencial está ya entre ellos, lo visible llegará a su tiempo.</p>
<p>Conservar es morir. Mantener es envejecer. Salir es vivir. ¡Salgamos, vivamos… y hagamos vivir!</p>
<p>Padre Bueno,<br />
Inspíranos con tu Espíritu para que vivamos con el corazón encendido.<br />
Haznos salir de nosotros mismos, para ir al encuentro de los niños, los jóvenes y las periferias que nos esperan.<br />
Que San José Calasanz, maestro y servidor de los pequeños, interceda por nosotros.</p>
<p>Amén.</p>
<p><strong>P. Carles, Sch.P.</strong><br />
Padre General</p>
<p>Tomado de: <a href="https://scolopi.org/inspirados/" target="_blank" rel="noopener">Scolopi.org</a></p>
<p><a href="applewebdata://A4444AD2-396D-4DC6-A7AB-C9A97A8A2936#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Karl Rahner, <em>Escritos de Teología</em>, 1968.<br />
<a href="applewebdata://A4444AD2-396D-4DC6-A7AB-C9A97A8A2936#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Lc 24, 32<br />
<a href="applewebdata://A4444AD2-396D-4DC6-A7AB-C9A97A8A2936#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> De 17 marzo de 1646, en la Opera Omnia.<br />
<a href="applewebdata://A4444AD2-396D-4DC6-A7AB-C9A97A8A2936#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Papa Francisco, <em>Evangelii Gaudium</em> 20.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>CARTA A LOS HERMANOS JUNIO 2025</title>
		<link>https://www.escolapios.org.co/carta-a-los-hermanos-junio-2025/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[César Pinzon]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 01 Jun 2025 18:29:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salutatio]]></category>
		<category><![CDATA[Casa Generalizia]]></category>
		<category><![CDATA[Colegios Calasanz]]></category>
		<category><![CDATA[Escuelas Pías]]></category>
		<category><![CDATA[Orden de las Escuelas Pías]]></category>
		<category><![CDATA[Padres Escolapios]]></category>
		<category><![CDATA[Pedagogía Calasancia]]></category>
		<category><![CDATA[Provincia Nazaret]]></category>
		<category><![CDATA[Religiosos y Laicos]]></category>
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					<description><![CDATA[Nuestro Santo Padre Queridos hermanos: Esta es la última salutatio que escribo como Padre General de la Orden, y he pensado dedicarla, como no podría ser de otro modo, a [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3 id="nuestro-santo-padre"><strong>Nuestro Santo Padre</strong></h3>
<p>Queridos hermanos:</p>
<p>Esta es la última <em>salutatio</em> que escribo como Padre General de la Orden, y he pensado dedicarla, como no podría ser de otro modo, a Nuestro Santo Padre, San José de Calasanz. Durante dieciséis años he tenido el inmerecido honor -y reto- de acompañar las Escuelas Pías, y siempre he sabido que mi tarea y servicio a la Orden tenía un modelo claro: nuestro santo fundador. Por eso quiero dedicarle esta última carta fraterna, proponiéndoos cinco aspectos de la vida de Calasanz que nos pueden ayudar a encarnar su vocación de manera más auténtica. Estos son los que he elegido: sacerdote, educador, religioso, fundador y santo. Son cinco facetas de Calasanz sobre las que es bueno que pensemos un poco.</p>
<p><strong>SACERDOTE</strong>. Me gustaría tratar de acercarme -humildemente- al pensamiento de nuestro fundador sobre el sacerdocio basándome en la carta que escribe a uno de sus hijos escolapios. Tengo especial cariño a la carta 4.572, dirigida a un joven sacerdote escolapio, y escrita el día 30 de julio de 1648. Es decir, Calasanz escribió esta carta siendo muy anciano, ya a las puertas de su muerte. Es una carta breve, pero extraordinaria.</p>
<p>Dice así: <em>“Agradezco a V. R. el piadoso afecto que muestra en su carta hacia mí y hacia nuestro Instituto. Que el Señor le recompense con bienes espirituales y le dé la gracia de conocer la dignidad sacerdotal y le dé la humildad y reverencia que merece tan alto ministerio y sacramento. Y alabo mucho la prontitud que manifiesta en servir a Dios bendito en nuestro Instituto, donde será llamado por el mismo Dios, el cual bendiga a todos y dé la abundancia de su gracia<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftn1" name="_ftnref1"><strong>[1]</strong></a>”. </em>Me quiero fijar especialmente en tres acentos propuestos por Calasanz que nos pueden ayudar para comprender su visión del sacerdocio.</p>
<p>En primer lugar, el <strong>momento en el que está escrita</strong>. Calasanz sabe que está a punto de terminar su peregrinación terrena, y sabe que la Orden ha sido reducida por mandato papal. Pero está convencido de su sueño, de su proyecto, y del amor de Dios por los niños y jóvenes, sobre todo los más pobres. En este momento de su vida, Calasanz no va a escribir una carta sobre temas sin importancia. Muy al contrario, yo veo en esta carta un pequeño <em>testamento</em> de Calasanz sobre el sacerdocio escolapio,</p>
<p>En segundo lugar, me parece extraordinaria la propuesta que hace a este joven para que pueda vivir con <strong>autenticidad</strong> el sacerdocio. Le desea que el Señor le dé la gracia de conocer (en el lenguaje de Calasanz significa experimentar) la dignidad sacerdotal. Y le indica el camino: la reverencia y la humildad. Son dos pistas formidables: la reverencia, es decir, el “temor de Dios”, la experiencia de que Dios es “siempre mayor”, la profunda experiencia de saberse en sus manos, pequeño ante el misterio de Dios; y la humildad (en el lenguaje de Calasanz el abajamiento) para reconocer la propia limitación junto a la misericordia recibida de Dios, que le concede el inmerecido don del sacerdocio.</p>
<p>En tercer lugar, le desea “<strong>prontitud en servir a Dios en nuestro Instituto</strong>”. La dedicación a nuestro Instituto es la educación de los niños y jóvenes, sobre todo los pobres. Calasanz asocia inseparablemente el “servir a Dios” con “la entrega a la educación de los pequeños”. ¡Es un maravilloso testamento! Calasanz no concibe el ministerio escolapio desvinculando el ejercicio sacerdotal y la educación de los pobres. Muy al contrario, el sacerdote escolapio es un hombre que trata de vivir en presencia de Dios al que sirve con reverencia en los misterios sacramentales y al que se abaja en contacto con los pequeños y los pobres.</p>
<p><strong>EDUCADOR. </strong>Calasanz convirtió la educación en un cuarto voto que propuso a todos los escolapios. Es importante tratar de descubrir por qué lo hizo así. Yo creo que esta opción tiene mucho que ver con su lectura espiritual de la afirmación del Señor sobre los niños: <em>“El que recibe a uno de estos, los más pequeños, en mi nombre, a Mí me recibe<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftn2" name="_ftnref2"><strong>[2]</strong></a>”.</em> Esta es la clave de la vocación educativa de Calasanz, que es propuesta por el fundador a todos los educadores escolapios.</p>
<p>Nos podemos acercar a la visión que Calasanz tenía de nuestro ministerio insustituible desde diversos puntos de vista. Yo quiero elegir dos para esta carta fraterna, porque creo que son dos claves esenciales que hoy se nos plantean como propuesta y desafío.</p>
<p>La primera es el “<strong>abajamiento</strong>”. Es una preciosa convicción de Calasanz, expresada en una de sus cartas más conocidas. Dice así: “<em>“La strada o vía más breve y más fácil para ser exaltado al propio conocimiento y desde él a los atributos de la misericordia, prudencia e infinita paciencia y bondad de Dios es el abajarse a dar luz a los niños, y en particular a los que son como desamparados de todos.<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftn3" name="_ftnref3"><strong>[3]</strong></a>”. </em>Hay muchos subrayados calasancios en esta carta, de la que he citado solo un párrafo, pero yo quiero destacar solamente uno: saber estar cerca de los niños y de los jóvenes, a su altura, para caminar con ellos y poder ser así el educador que ellos necesitan. Este es el camino del escolapio.</p>
<p>La segunda nota que quiero destacar es clara en Calasanz: los <strong>pobres</strong>. A lo largo de nuestros cuatro siglos de historia hemos dedicado nuestra misión a niños y jóvenes de muy diversa condición, pero nunca hemos dejado de tener como referencia a los pobres. Sin embargo, es seguro que los desafíos de los pobres siguen, y seguirán, llamando a nuestra puerta y a nuestra conciencia de hijos de Calasanz. Estamos ante un reto que nos desafía más profundamente.</p>
<p>La Escuela Escolapia no puede olvidar nunca que nace preferencialmente para los pobres, y que debe trabajar para que todos crezcamos en una convicción: hay que educar para crear otra sociedad y promover otro modo de entender el ser humano en el que prime la fraternidad. La Escuela Escolapia nace de un hombre que supo mirar a los niños como Dios los mira.  Educamos para contribuir a construir un mundo más justo y fraterno, que se acerque a los valores del Reino de Dios anunciado por Jesucristo. Por eso tratamos de que nuestro proyecto educativo (integral, inclusivo, configurado desde el Evangelio y abierto a todos), encarnado por instituciones y personas identificadas y convencidas, crezca y se desarrolle entre los pobres, también entre las periferias crecientemente abundantes de nuestras diversas e interculturales sociedades.  Estamos ante un camino que debemos seguir recorriendo.</p>
<p><strong>RELIGIOSO. </strong>Hay una frase de Calasanz que la he visto escrita en las paredes de varios de nuestros colegios y que pienso que expresa muy bien su experiencia de religioso consagrado y las claves desde las que decidió trabajar tanto -luchar, diría yo- para que sus Escuelas Pías fueran configuradas como una Orden religiosa. Dice así Calasanz: “<em>Nada le has dado a Cristo si no le has dado todo tu corazón”<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftn4" name="_ftnref4"><strong>[4]</strong></a>.</em></p>
<p>Calasanz nos propone una vida consagrada portadora de humilde plenitud, en la que el centro es Cristo, y en Él y en su seguimiento ponemos todos nuestros afanes, deseos y amor, así como nuestra libertad. El religioso sabe que es llamado a darlo todo, y sabe también que es incapaz de hacerlo, y por eso comprende su vida como un humilde y sincero intento. Siempre me llamó la atención cómo presenta la Vida Consagrada el Concilio Vaticano II: “<em>Siempre ha habido hombres y mujeres que han intentado seguir con mayor libertad a Cristo e imitarlo con mayor precisión</em><a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>”. La Vida Consagrada es “<em>un intento de algo más</em>”.</p>
<p>Quisiera ofrecer tres pequeñas sugerencias que son hoy especialmente importantes en este nuestro “intento”: pasión, comunidad y novedad.</p>
<p>Nuestra Vida Consagrada necesita <strong>pasión</strong>. Pasión por Cristo, pasión por la misión, pasión por la autenticidad vocacional. Sólo desde la pasión se puede comprender la perseverancia como un horizonte posible, y sólo desde la pasión se puede vivir la rutina de cada día haciendo “ruta”. Sólo desde la pasión se pueden vivir con creciente equilibrio las diversas dimensiones de nuestra vocación, y sólo desde la pasión se puede vivir la vida toda deseoso de acompañar la vocación de aquellos que van llegando a las Escuelas Pías. Sólo desde la pasión se puede vencer el miedo al profetismo y se puede resistir a la acomodación. Calasanz era un apasionado por la educación, por los pobres, por la oración, por la comunidad. “<em>Todo tu corazón</em>”.</p>
<p>Nuestra <strong>vida comunitaria</strong>. No nos reunimos en comunidad por lazos de carne o de sangre, ni por razones de eficacia en la misión, aunque es evidente que la comunidad ayuda. Vivimos en comunidad porque somos hermanos, convocados a compartir la misma experiencia vocacional y carismática. Personas de diferentes edades, culturas, sensibilidades y modos de pensar nos reunimos para caminar juntos según la vocación recibida. Por eso es absolutamente necesario volver a entender hoy, de modo nuevo, algo que hemos escuchado desde los comienzos de nuestro camino vocacional: la vida comunitaria es a la vez don y tarea. La recibimos como regalo, y la construimos día a día. Calasanz ya experimentó que no es un don fácil de encarnar.</p>
<p>Me gustaría expresar mi tercera sugerencia con la palabra “<strong>novedad</strong>”. La misión central de la Vida Consagrada es recordar a la Iglesia que lo realmente importante es Cristo. Esta es la misión: testimoniar a Cristo. Por eso, la Vida Consagrada tiene siempre algo de contracultural, de riesgo, de novedad, incluso de incomodidad. Calasanz comprendió bien lo difícil que era para la Iglesia entender su proyecto y su forma de vida. Pero siguió adelante porque no puso su horizonte en la búsqueda de una fácil adaptación, sino en la fidelidad a un carisma que, por definición, siempre es más grande que la institución. Por eso, cuando la institución entró en crisis, la respuesta de Calasanz fue el carisma: “<em>sigan trabajando por los niños, confíen en Dios, manténganse unidos y no pierdan la alegría<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftn6" name="_ftnref6"><strong>[6]</strong></a>”.</em></p>
<p><strong>FUNDADOR. </strong>Calasanz es el fundador de las Escuelas Pías, pero no sólo en pasado, “el que fundó”, sino en presente, “el que las sigue fundando”. Me gusta leer desde esta perspectiva al punto inicial de nuestras Constituciones, en el que definimos nuestra familia religiosa: “<em>“La familia religiosa escolapia, con actitud humildemente agradecida, se reconoce como obra de Dios y del afortunado atrevimiento y tesonera paciencia de San José de Calasanz. Porque él, bajo el soplo del Espíritu, se entregó en cuerpo y alma a la educación cristiana de los niños, especialmente a los pobres, en espíritu de inteligencia y piedad”<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftn7" name="_ftnref7"><strong>[7]</strong></a></em></p>
<p>Creo que esta es la clave desde la que afirmó que “<em>no hay que dar el hábito más que a personas que tengan alma de fundador</em><a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>”. Y desde esta clave podemos comprender bien qué significa la espiritualidad de la construcción de las Escuelas Pías. Los escolapios, todos, debemos ser constructores de Escuelas Pías, es decir, fundadores. Por eso es importante desentrañar, con mirada certera, las claves de ese número inicial de nuestras Constituciones. Así podremos sentirnos convocados a seguir construyendo.</p>
<ol>
<li>El <strong>humilde agradecimiento a Dios</strong>, nuestro Padre, reconociéndonos pequeños y pobres, pero deseosos de dar la vida por su Reino.</li>
<li><strong>Somos obra de Dios</strong>. La vida de la Orden no procede esencialmente de nuestro trabajo, sino del favor de Dios. Por eso es necesario orar incesantemente por las Escuelas Pías.</li>
<li><strong>Audacia y Paciencia</strong> La inteligente combinación de estas dos actitudes está en el fondo de lo que somos y de lo que somos llamados a hacer. La primera sin la segunda son fuegos artificiales; la segunda sin la primera son respuestas innecesarias.</li>
<li><strong>Abiertos al Espíritu</strong>. Nunca olvidemos esta afirmación de Calasanz: <em>“la voz de Dios es voz de espíritu que va y viene, toca el corazón y pasa; no se sabe de dónde venga o cuándo sople; de donde importa mucho estar siempre vigilante para que no venga improvisamente y pase sin fruto<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftn9" name="_ftnref9"><strong>[9]</strong></a>”.</em></li>
<li><strong>Entrega en cuerpo y alma</strong>. Sólo hay un modo de ser escolapio: a fondo, en plenitud. Cada día, cada alumno, cada trabajo, cada servicio, cada Eucaristía, cada oración. No somos llamados a una vida de rutina, sino a una vida de creación.</li>
<li><strong>La educación integral</strong>, el ministerio compendio de todos los demás; un ministerio insustituible.</li>
<li><strong>Especialmente a los pobres</strong>, a aquellos que tienen menos posibilidades, aquellos que son los preferidos de Calasanz porque son los preferidos de Dios.</li>
<li>En <strong>espíritu de inteligencia y piedad</strong>. Es decir, confiando en Dios y haciendo las cosas bien. Recordemos al fundador: <em>“Si nuestra Obra se lleva a cabo con el esmero debido, es indudable que continuarán las insistentes peticiones de fundación en numerosos estados, ciudades y pueblos, como se ha venido comprobando hasta el presente<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftn10" name="_ftnref10"><strong>[10]</strong></a>”</em>.</li>
</ol>
<p><strong>SANTO. </strong>Esta es la quinta y última clave desde la que quiero acercarme a Calasanz: su santidad. Ciertamente, cuando contemplamos a Calasanz, en su vida y en su obra, vemos la presencia de Dios en él, vemos a un hombre que trató de vivir buscando el querer de Dios. Y esto es la santidad, algo a lo que todos somos llamados: “<em>la voluntad de Dios es que seamos santos</em><a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>”.</p>
<p>Recuerdo que el Papa Francisco nos dice que <em>“todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftn12" name="_ftnref12"><strong>[12]</strong></a>”</em>. Tal vez una de las mayores enseñanzas que podemos recibir de Calasanz es contemplar cómo supo vivir desde la centralidad de Jesús en su vida, integrando de modo precioso el cuidado de la vida de oración, el esfuerzo por construir comunidad, la entrega generosa -sin descanso- a los niños, el amor por la Orden, el cuidado de la vida cotidiana, el propio proceso personal, su amor por la Iglesia… Calasanz es, sin duda, un bello ejemplo de que es posible vivir la vida desde un <strong>apasionado equilibrio vocacional</strong>.</p>
<p>El pueblo de Dios tiene un olfato certero para reconocer en algunas personas su testimonio de que sólo Dios basta. Los santos y santas canonizados son preciosas ayudas que la Iglesia nos da para descubrir pistas que nos acerquen a Dios en nuestra vida cotidiana. Pero la santidad es un horizonte para todos y es un don ofrecido a todos. Por eso, cuando oramos en la memoria de Calasanz, decimos así: “<em>Señor Dios nuestro que has enriquecido a San José de Calasanz con la caridad y la paciencia para que pudiera entregarse sin descanso a la formación humana de los niños, concédenos, te rogamos, imitar en su servicio a la verdad al que veneramos como maestro de sabiduría”.</em> Calasanz es nuestra inspiración, y por eso pedimos a Dios que nos conceda el don de imitarle, para poder ser, con toda humildad, un nuevo Calasanz.</p>
<p>Termino con esta carta mi servicio a la Orden como Padre General. A todos, gracias y, con todos, seguiremos caminando.</p>
<p>Recibid un abrazo fraterno.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>P. Pedro Aguado Sch.P.</strong><br />
Padre General</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tomado de: <a href="https://scolopi.org/nuestro-santo-padre/" target="_blank" rel="noopener">Scolopi.org</a><br />
<a href="https://www.escolapios.org.co/wp-content/uploads/2025/06/SALUTATIO-2025-05-JUNIO.pdf">&gt;&gt;&gt;Descargar carta</a></p>
<p><a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> San José de Calasanz. Opera Omnia vol. VIII, página 481.<br />
<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Mc 9, 37<br />
<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> San José de Calasanz. Opera Omnia, vol. III, página 235<br />
<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> San José de Calasanz. Opera Omnia, vol X, página 394.<br />
<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Concilio Vaticano II. Decreto “Perfectae Caritatis”, n. 1<br />
<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> San José de Calasanz. Opera Omnia vol. VIII, página 273.<br />
<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Constituciones de la Orden de las Escuelas Pías, n.1<br />
<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> San José de Calasanz. Opera Omnia, vol. VIII, página 39.<br />
<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> San José de Calasanz. OPERA OMNIA. Capítulo 1, página 169. Carta de 23 de noviembre de 1622.<br />
<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> San José de Calasanz. Constituciones de la Congregación Paulina, 175.<br />
<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> IITes 4, 3<br />
<a href="applewebdata://F61E7EA2-C871-4FE2-B8A1-EDB4F05E52AD#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> FRANCISCO. “Gaudete et exultate” n. 14, 19 de marzo de 2018</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>CARTA A LOS HERMANOS MAYO 2025</title>
		<link>https://www.escolapios.org.co/carta-a-los-hermanos-mayo-2025/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[César Pinzon]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 01 May 2025 13:19:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salutatio]]></category>
		<category><![CDATA[Colegios Calasanz]]></category>
		<category><![CDATA[Escuelas Pías]]></category>
		<category><![CDATA[Orden de las Escuelas Pías]]></category>
		<category><![CDATA[Padres Escolapios]]></category>
		<category><![CDATA[Religiosos y Laicos]]></category>
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					<description><![CDATA[Ampliar y propagar Estos son los verbos que utiliza Calasanz cuando habla de la construcción de las Escuelas Pías. Se refiere a ellos en la conclusión del Memorial al cardenal [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h1 class="entry-title"><strong>Ampliar y propagar</strong></h1>
<p>Estos son los verbos que utiliza Calasanz cuando habla de la construcción de las Escuelas Pías. Se refiere a ellos en la conclusión del Memorial al cardenal Tonti<a href="applewebdata://1676C3A0-096E-4DC2-9C7F-FB8A84B870CD#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. Es claro que, en su mentalidad, el trabajo por construir unas Escuelas Pías portadoras del tesoro que él había descubierto es un reto prioritario, es el horizonte de su vida. Desde nuestro último Capítulo General, la Orden ha asumido la “<em>construcción de las Escuelas Pías</em>” como uno de los núcleos referenciales de todas y cada una de las Provincias y del conjunto de las Escuelas Pías. Es bueno, por lo tanto, tratar de acercarnos a este reto desde perspectivas diferentes, para tratar de comprenderlo en su globalidad.</p>
<p>No es mi objetivo desarrollar este tema en el corto espacio de una carta fraterna, pero sí el de invitaros a pensar en algunas de las dimensiones de esta apasionante tarea. Me voy a centrar en una de las dimensiones centrales del esfuerzo por “seguir construyendo” Escuelas Pías: la transformación de nuestra “cultura escolapia”, para tratar de acercarnos más fielmente a lo que somos llamados a ser.</p>
<p><strong>La “cultura de la Orden</strong>” es la encarnación consolidada de nuestra identidad y de nuestro carisma. ¿Podemos renovar la cultura escolapia? Esta es una de las preguntas clave que nos podemos hacer. A lo largo de los años (o de los siglos) se van consolidando formas de vivir, de actuar, de reaccionar, de orar, de decidir, que configuran la “cultura institucional”.</p>
<p>Cuando hablamos de “cultura escolapia” hablamos de nuestro modo de organizarnos, de vivir, de trabajar, de decidir o de afrontar los desafíos. Existe una cultura de la Orden, sin duda. Existe una cultura organizacional. Y esto va a ser clave en el reto del que estamos hablando. Por eso lo estamos trabajando en todas las “jornadas continentales” que hemos convocado, bajo esta pregunta: ¿qué Escuelas Pías queremos en nuestro continente?</p>
<p>Todas las instituciones tienen una cultura, que se refiere a los valores y prácticas que dan sentido al quehacer de cada una de ellas. Estamos hablando del conjunto de creencias y valores compartidos, en mayor o menor medida, por los miembros de un grupo. Estos valores y convicciones se consolidan y se transmiten a los nuevos miembros de la institución, y provocan la necesaria coherencia institucional. Pero ningún grupo puede comprender su cultura como algo inamovible, permanente y ajeno a las nuevas situaciones en las que el grupo vive.</p>
<p>Nuestra cultura es como un iceberg. Hay una cultura visible (<em>la forma en que decimos que hacemos las cosas</em>), y otra sumergida <em>(la forma en la que realmente hacemos las cosas</em>). La primera está formada por la visión, las estrategias, los valores compartidos, los objetivos, las políticas, las estructuras, los procedimientos, etc. Solemos plasmarlas en Constituciones, Reglas, Directorios y Documentos.</p>
<p>Pero hay una cultura invisible, sumergida. Ahí están las creencias, las suposiciones compartidas, las percepciones, la tradición, las normas, los valores que nos mueven, las reglas no escritas, las historias, los sentimientos, etc. Sólo si entendemos el iceberg podemos abrirnos a un nuevo momento. Pero para hacerlo, necesitamos una dosis formidable de honestidad institucional.</p>
<p><strong>Los vectores del “cambio de cultura institucional</strong>”. El cambio cultural, el proceso de renovación, necesita de tres claves: los valores en los que creemos y que queremos desarrollar, las opciones desde las que los queremos llevar adelante y los modos desde los que queremos poner en marcha estas opciones. Y aquí entra de lleno un concepto clave: los “vectores de cambio”.</p>
<p>Forma parte del liderazgo de una institución discernir cuáles son los “<em>vectores de cambio cultural</em>”, las opciones que nos pueden ayudar en el camino de abrirnos hacia un nuevo momento. Yo lo he visto con claridad en algunas de nuestras Provincias, que en su momento definieron los “vectores de cambio” y, con el tiempo, van recibiendo los frutos. Y también he visto lo contrario, demarcaciones que nunca pensaron en que necesitan cambiar, y el horizonte se va diluyendo poco a poco. Lo mismo podemos decir de la Orden en su conjunto.</p>
<p>Estamos hablando de los dinamismos que pueden impulsar cambios, maduración, procesos y crecimiento. Son opciones que nos pueden ayudar a renovar nuestros procedimientos y formas de actuar y de situarnos en la misión, nuestros estilos de vida, nuestra comprensión del mundo en el que vivimos, nuestros procesos de discernimiento, etc.</p>
<p>En este momento no voy a profundizar en ellos ni a explicarlos pormenorizadamente. Me contentaré con algunos ejemplos que nos puedan ayudar a comprender de lo que estamos hablando. Citaré algunos <em>vectores de cambio que he visto en la Orden</em> y que, efectivamente, nos cambian.  Y terminaré con una propuesta conclusiva relativa al reto que nos ocupa.</p>
<p><strong>1-Decidir que la Pastoral Vocacional no es sólo un “trabajo del responsable”, sino de todos, y que depende mucho de la presencia real de los escolapios entre los niños y jóvenes. </strong>Mientras no nos convenzamos de esta afirmación y saquemos las consecuencias; mientras sigamos pensando que la Pastoral Vocacional es tarea de unos pocos y no de todos; mientras los escolapios no nos convenzamos de que hay que “meter horas” con los alumnos y con los jóvenes, acompañando de cerca, a todo nivel, su proceso y su camino, no será posible el deseado cambio de tendencia y seguiremos “sorprendiéndonos” de que la mayor parte de los jóvenes que entran a la Orden vienen de fuera de nuestras Obras. Este cambio es posible y real, y es un vector de cambio fundamental para nuestra “cultura de Orden”.</p>
<p><strong>2-Creer realmente en las comunidades y en los equipos</strong>. Necesitamos generar corresponsabilidad. La comunidad religiosa, o la comunidad educativa, está formada por personas adultas, capaces de entender y asumir las tareas necesarias para el buen funcionamiento del grupo y de la misión.  Cuando la comunidad o el equipo o el secretariado aprueba un ideario, un plan, unos objetivos, unas tareas, unos proyectos… lo está asumiendo cada una de las personas del grupo. Si el proyecto es compartido, cada una de las personas lo siente suyo. La corresponsabilidad y la disponibilidad son actitudes que van parejas, como la corresponsabilidad y el envío. Y esto nos puede cambiar profundamente.</p>
<p><strong>3-No dejar nunca de construir identidad</strong>. Es una tarea eterna. Las personas se renuevan, los contextos cambian, los retos nos sorprenden. Necesitamos una “antena abierta y conectada” para comprender lo que en cada momento hay que destacar para impulsar nuestra identidad. Hay espacios y opciones que son especialmente significativos en el impulso de una identidad sostenible. Me refiero, sobre todo, a los siguientes: la comunidad religiosa inserta en la misión y con vocación de compartir y convocar; la comunidad cristiana escolapia que asume el reto de ser alma de la misión; los ministerios escolapios asumidos como lo que son: expresión de aspectos nucleares de nuestra identidad; los equipos de misión compartida, los procesos formativos, la relación con los laicos y, especialmente, la capacidad de convocar a jóvenes a asumir vocacionalmente la vida y la misión escolapias.</p>
<p><strong>4-Devolver a la reunión de comunidad el espacio central </strong>que le atribuyen nuestras Constituciones, y no conformarnos con hacer cuantas menos reuniones mejor.  Siempre me han llamado la atención los objetivos que nuestras Constituciones<a href="applewebdata://1676C3A0-096E-4DC2-9C7F-FB8A84B870CD#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> asocian a la reunión de comunidad. Ni más ni menos que estos: construir comunidades auténticas; el discernimiento de las grandes cuestiones; el desarrollo de la corresponsabilidad y de la acción común; nuestra capacidad de revisar lo que vivimos y de mejorarlo. Dicho de otro modo, no es posible una vida comunitaria escolapia digna de este nombre sin la reunión de comunidad adecuadamente preparada y sistemáticamente celebrada. Y esto “hace cultura” y construye Orden, sin ninguna duda.</p>
<p><strong>5-Impulsar el acompañamiento. </strong>Este es, sin duda, un importante vector de cambio cultural en nuestra Orden. Vivir acompañados es esencial para nuestra fidelidad vocacional. Y no me refiero sólo al acompañamiento espiritual personal, que buscamos en personas sabias a las que les reconocemos su capacidad de escucha y consejo. Me refiero a la capacidad de acompañar que tiene la comunidad, al papel del superior o al acompañamiento que recibimos de tantas personas con las que compartimos la vida y la misión. Tal vez estemos ante una de las claves más importantes que van emergiendo en la visita que estoy haciendo a los religiosos adultos jóvenes: necesitamos y queremos vivir acompañados. <strong> </strong></p>
<p><strong>6-Apostar verdaderamente por un Movimiento Calasanz</strong> que provoque procesos serios de vida de fe y de identidad escolapia, y que suponga, progresivamente, el compromiso de numerosos jóvenes en la común tarea de construir unas Escuelas Pías más convocantes y misioneras. Percibo que el Movimiento Calasanz es un fuerte “vector de cambio” si le damos la posibilidad de serlo, si lo conectamos con el desarrollo de procesos comunitarios estables como el de la Fraternidad y si favorecemos en su seno una seria y consistente propuesta vocacional.</p>
<p><strong>7-Saber detectar nuevos retos y dar respuestas adecuadas</strong>. La riqueza carismática de un grupo no tiene que ver sólo con la historia o con las claves que aportó el fundador, ya que los carismas de los institutos religiosos se constituyen de modo encarnado y ofrecen, en su encarnación, pistas de cómo han de ser entendidos. Necesitamos saber vivir nuestro carisma con tanta fidelidad como capacidad de respuesta a las circunstancias de hoy. Un carisma continúa siendo fructífero cuando es capaz de dar nuevas respuestas a situaciones nuevas que se van presentando. El carisma, por definición, se incultura. Y ahora, por opción, se interculturaliza. Necesitamos impulsar un “discernimiento de prospectiva”, capaz de profundizar en la dirección en la que va nuestra realidad y la de la sociedad a la que servimos, para poder prepararnos para dar respuestas adecuadas, muchas veces contraculturales. Se trata de discernir lo esencial, y entender el contexto en el que lo tenemos que desarrollar.  Apasionante reto.</p>
<p><strong>8-Valorar profundamente la comunidad</strong>. La comunidad es el espacio desde el que podemos crear y vivir nuestro camino de renovación. Veo una enorme nostalgia de vida comunitaria fraterna entre nosotros. Y veo las grandes líneas desde la que soñamos esa vida comunitaria: la celebración diaria de la Eucaristía comunitaria; la Palabra compartida desde una lectio divina comunitaria; el discernimiento comunitario sobre las cuestiones realmente importantes que nos afectan y que necesitan nuestra respuesta; la puesta en común de vida, desde la que compartimos lo que vivimos; la formación, tan necesaria entre nosotros, y que nos ayuda a estar siempre “atentos” a la realidad y sus desafíos; el acompañamiento de la misión; la colaboración en la presencia escolapia de la que formamos parte; la fiesta y la alegría compartida; la conexión de la comunidad con la vida de la Provincia y de la Orden; la elaboración, el desarrollo y la  vida desde un proyecto comunitario, etc. Veo un gran deseo de pensar la renovación de nuestras comunidades.</p>
<p><strong>9-La pasión por la misión, el celo apostólico</strong>. Los escolapios tenemos un amor especial por una frase atribuida a Calasanz que todos nos sabemos de memoria: “<em>he descubierto en Roma la manera definitiva de servir a Dios haciendo el bien a los pequeños y no la abandonaré por nada del mundo</em>”. Esta es la mejor definición de “pasión por la misión”.</p>
<p>Hoy, la vida de muchas personas, inundada por mil ofertas y posibilidades, acontece de forma fragmentada, sin ejes configuradores que preserven la identidad y ofrezcan una dirección bien definida al proceso de crecimiento personal. Calasanz, en la madurez de sus 44 años, llega a una definición unificada de su vocación, teniendo un centro en torno del cual va a girar su vida, dejando de lado las cosas que considera, para siempre, secundarias, como decía Pablo<a href="applewebdata://1676C3A0-096E-4DC2-9C7F-FB8A84B870CD#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. A partir de su encuentro personal con Dios, define su vocación como entrega total y para siempre. Encuentra lo que da sentido y unidad a su vida, la fuente de su paz interior, que nunca perderá. Sólo una cosa aparece como definitiva: <strong>vivir desde Dios en la entrega total a la educación de los niños pobres.</strong>Sólo esta opción radical puede satisfacer su corazón.</p>
<p>Debemos saber cuestionarnos ciertos estilos de vida en los que se pierde el celo apostólico y el espíritu de trabajo, ciertas opciones vitales que, en el fondo, buscan comodidad y adolecen de entrega. Mientras esto no cambie, nada cambiará. La “pasión por la misión” transforma la Orden, la comunidad y la persona. Pero sólo es pasión – y sólo es sostenible como tal- si está inspirada y sostenida por la experiencia de Dios. Por eso hay que trabajar desde este dinamismo aparentemente contradictorio: ser tan espirituales como entregados a la misión. Este es también un secreto clave del nuevo paradigma hacia el que queremos caminar.</p>
<p><strong>10-Una Formación Inicial que pueda transformar lo que vivimos</strong>. Termino con una alusión a la Formación Inicial. En su seno tratamos de impulsar autenticidad de vida comunitaria, acompañamiento, transparencia de vida, espíritu de servicio, oración compartida. Pero, con demasiada frecuencia, cuando los jóvenes terminan su formación inicial, se les pide adaptarse a estilos de vida ya hechos en los que estas cosas no se cuidan y, todavía más serio, se les dice que esas dinámicas son propias de las casas de formación, no de la vida adulta. Debemos trabajar para impulsar una formación inicial capaz de renovar nuestra vida escolapia, y esto requiere que todos creamos en aquellas opciones que aprobamos en nuestros Capítulos.</p>
<p>Concluyo esta carta citando un párrafo aprobado por nuestro 48º Capítulo General, en el que se hace referencia a uno de los núcleos capitulares: la construcción de las Escuelas Pías. Dice así el Capítulo: “Nuestra Orden y el conjunto de las Escuelas Pías vive y camina en un contexto de profundos cambios y transformaciones que nos obligan a un fino y atento discernimiento de los signos de los tiempos. La construcción de las Escuelas Pías pide de nosotros una atención especial a los cambios que se van dando en nuestra “cultura escolapia”, en nuestros procesos y en nuestro caminar. Para ello, será bueno discernir los principales procesos de transformación que estamos viviendo. Será importante tenerlos en cuenta, si queremos contribuir, en verdad, a un dinamismo de construcción de Escuelas Pías fiel al carisma y a la realidad<a href="applewebdata://1676C3A0-096E-4DC2-9C7F-FB8A84B870CD#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>”. Tal vez este sea otro interesante “vector de cambio”: hacer caso a lo que aprobamos en los capítulos.</p>
<p>Recibid un abrazo fraterno.</p>
<p>P. Pedro Aguado Sch.P.<br />
Padre General</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tomado de: <a href="https://scolopi.org/ampliar-y-propagar/" target="_blank" rel="noopener">Scolopi.org</a><br />
<a href="applewebdata://1676C3A0-096E-4DC2-9C7F-FB8A84B870CD#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> San José de Calasanz. Memorial al Cardenal Tonti. Opera Omnia, tomo IX, página 305-306<br />
<a href="applewebdata://1676C3A0-096E-4DC2-9C7F-FB8A84B870CD#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Constituciones de las Escuelas Pías números 32, 134, 165 y 167<br />
<a href="applewebdata://1676C3A0-096E-4DC2-9C7F-FB8A84B870CD#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Flp 3, 8<br />
<a href="applewebdata://1676C3A0-096E-4DC2-9C7F-FB8A84B870CD#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> 48º Capítulo General de la Orden de las Escuelas Pías. Núcleo 2, página 27. Colección “CUADERNOS” 65. Publicaciones ICCE. Madrid 2022.</p>
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